domingo, 18 de enero de 2009

Angola: La revolución negra en marcha (1977)

(Tomado de Editorial Pluma, Bogotá, 1977)

Nahuel Moreno

Angola: la revolución negra en marcha


Índice

Sobre los autores

Angola: la revolución negra en marcha

Introducción

Capitulo primero el SWP no defiende ni al MPLA ni a Angola del ataque racista sudafricano

La marcha de la guerra civil según las informaciones del propio SWP

Capitulo segundo Una falsa caracterización de la guerra

El MPLA “no podía ganar la guerra”, pero… ¡la ganó!

Vaticinios escalofriantes que ayudan al racismo blanco

Una pregunta sin respuesta: ¿por qué triunfó el MPLA?

“Objetividad” de notario

Un grave error: el apoyo al MPLA durante la ocupación portuguesa

Capitulo tercero ¿Guerra fratricida o colonial?

Un vuelco decisivo: la invasión militar sudafricana-yanqui

La guerra “fratricida” se transforma en “colonial”

El imperialismo se evapora como un fantasma

¿No quería EE.UU. la victoria del FNLA-UNITA?

Las “manos negras” de Sudáfrica sobre la balanza

Trotsky nos había enseñado cómo tomar partido

Capitulo cuarto Ni consigna ni lucha antiimperialista

El sectarismo “enceguece” a Thomas

Programa democrático para Portugal y Estados Unidos; “clasista y socialista” para Angola

¡Por fin! Thomas recuerda la lucha antiimperialista

Para colmo, no hay con quién

En pie de guerra contra la invasión sudafricano-yanqui

Capitulo quinto Una suma que resta o una suma que multiplica: una política mundial contra el imperialismo

Vietnam fue un buen ejemplo

Capitulo sexto ¿Se oponía el SWP a la ayuda cubana?

Capitulo séptimo Un convidado de piedra: el movimiento negro internacional

El SWP no convoca el apoyo de los negros norteamericanos a sus hermanos de raza del MPLA

Por la Federación de Repúblicas Negras del Sur de África

Ni una palabra para los negros sometidos por Vorster

Capitulo octavo La doble cara del nacionalismo desenmascara el sectarismo

¿Qué hubiera dicho Trotsky?

Los tres mosqueteros del nacionalismo

Como jueces supremos

Los movimientos nacionalistas y el imperialismo yanqu

El FNLA y la UNITA

Pasado y presente del MPLA

Sectarismo y oportunismo: dos caras de la misma moneda

Capitulo noveno El derecho a la autodeterminación nacional

El problema tribal

El derecho a la “autodeterminación nacional-tribal”

Falsos pronósticos de profetas sombríos

En espera de los consejos del SWP

En la altamar de la confusión

Las inconsecuencias del sectarismo

Angola: las mascaras caen por c. Gabriel

Una coexistencia imposible

Las máscaras caen

El papel del ejército portugués

La dirección del MPLA y el movimiento de masas

Nuestra solidaridad

Independencia y guerra civil

La guerra civil en Angola

Declaración del Secretariado Unificado de la IV Internacional, aprobada el 25/11/75

Guerra civil: análisis de clase o descripción periodística

¡Viva la república popular!

Los protagonistas de la guerra civil angoleña

El enemigo fundamental

Angola: el paralelo con Vietnam

Detrás de la guerra civil en Angola

“¿Otro Vietnam?”

¿Qué buscan los imperialistas?

El gobierno de transición

La cuestión nacional

Divisiones étnicas

Campaña contra las huelgas

La Gulf Oil y el MPLA

La intervención de Moscú

La intervención cubana

La intervención sudafricana

La guerra civil se profundiza

¿Cuál debe ser la posición de los revolucionarios?

La responsabilidad de los socialistas norteamericanos

¡EE.UU. fuera de Angola!

Declaración del CN del SWP aprobada el 4/1/76 junto con el informe de Tony Thomas

Resumen de la nacional de la discusión del Comité Nacional del Socialist Workers Party

Nos oponemos a exigir el retiro soviético

Resolución sobre Angola

Aprobado por la mayoría del CEI, en febrero de 1976

Tras la mascara socialista del MPLA

“Poder popular”

Cuidado “traidores”

Se fortalece el puño de hierro

El nuevo peligro de dominación Imperialista

Washington aprieta las tuercas

La carrera por las ganancias

Cambian las reglas del juego

¿Un “estado socialista modelo”?

La lucha por la liberación en ascenso

Informe de Tony Thomas a la convención del SWP

La independencia de las colonias portuguesas

Angola

La intervención sudafricana

Zimbabwe

La estrategia de la “distensión”

Se rompen las negociaciones

Lucha renovada

Sudáfrica

El crecimiento de la clase obrera

La revolución permanente

Programa y partido

Nuestras tareas

Proyecto de resolución sobre Angola

Anexos

1: Dos resoluciones y una sola política

Una misma política que ignora las luchas del pueblo negro del mundo entero

Las tareas democráticas y la república negra de Sudáfrica

2: Una resolución vergonzante, la de la FLT sobre Angola

El SWP tiene una manía: el comentario y la política etérea.

Tres líneas frente a la guerra civil

La posición de la mayoría del SU

El SWP vota en contra de una campaña internacional de apoyo material al MPLA

Una tercera posición: la del PST

Una vez más: ¿Había que apoyar o no materialmente al MPLA contra el FNLA y UNITA al final de la guerra civil?

Una falsa caracterización de los movimientos nacionalistas

Una vez más sobre la ayuda cubana

3: El trotskismo y las posiciones del SWP sobre Angola

Sobre el rol de los negros norteamericanos y sobre la lucha del movimiento negro mundial.

Sobre el derecho a la autodeterminación nacional y el peligro a la “balcanización”

Sobre la consigna de “república negra”

Y bien, he aquí

Nosotros

Los negros Niggers

Los sucios negros

No lo aceptamos más

Es simple

Terminado

Estar en África

En América

Vuestros negros

Vuestros Niggers

Vuestros sucios negros…

No lo aceptamos más

Eso os asombra

Decir: si señó

Limpiando vuestro calzado

Sí mi pa

A los misioneros blancos

Sí amo

Recolectando para vosotros

La caña de azúcar

El café

El algodón

El cacahuete

En África

En América

Buenos negros

Pobres negros

Que éramos

Que no seremos más…

Jacques Roumain

Introducción

El movimiento de izquierda de todo el mundo se dividió frente a la guerra civil angoleña. Por un lado, la URSS, Cuba, los partidos comunistas oficiales, muchos grupos ultraizquierdistas y centristas europeos apoyaron militar y políticamente al MPLA; en sentido opuesto, los partidos maoístas dieron su respaldo, en un principio, al FNLA, y luego se retractaron con el argumento de que debían mantenerse al margen de una guerra entre agentes del imperialismo que no conducía a nada positivo.

El movimiento trotskista no fue una excepción, se dividió alrededor del mismo problema y de las mismas salidas políticas que, a groso modo, surgieron dentro del movimiento de izquierda. El SWP, viejo partido trotskista de los Estados Unidos, estuvo en contra de apoyar militarmente al MPLA. Sin embargo, la mayoría de la dirección de la IV Internacional estuvo a favor, desde los inicios de la guerra civil, de ese apoyo. Por último, varias organizaciones y dirigentes trotskistas —entre los cuales nos incluimos— criticamos el apoyo a cualquiera de los bandos participantes en la guerra civil mientras el ocupante, el ejército portugués, no abandonara sus posiciones, puesto que los tres movimientos nacionalistas se oponían a esa actitud colonialista. Posteriormente, cuando el ejército sudafricano aliado al FNLA-UNITA, invadió militarmente a Angola, de inmediato y de manera radical, variamos nuestra posición y convocamos al apoyo militar incondicional al MPLA, con el propósito de combatir al “bloque” militar Sudáfrica-FNLA-UNITA.

El acuerdo surgido entre algunas de las tendencias trotskistas con el frente encabezado por el stalinismo, en favor del MPLA (o la otra posición acaudillada por los maoístas en oposición a la “guerra fraticida” al final de esta) no significó en ningún momento que las diferentes tendencias de la Cuarta Internacional hayan capitulado a esas direcciones o concepciones, abandonando los principios trotskistas.

Debemos reconocer que el SWP mantuvo una actitud digna al oponerse totalmente a la intervención respaldada por el propio gobierno norteamericano y por su aliado sudafricano en Angola. Desde siempre a nosotros nos caracterizó una política intransigente en relación al MPLA, a pesar del apoyo militar entregado en los últimos meses del año de 1975 y los primeros de 1976. Es preciso no confundir el apoyo militar con el respaldo político dado a una corriente como el MPLA, movimiento de claras características neocoloniales y reformistas. Es evidente e innegable la profunda diferencia que existe entre el SWP y nosotros, diferencia que adquiere, además, un carácter extremadamente grave. Tan grave que, de haber existido militantes trotskistas de ambas posiciones en Angola, hubieran estado en lugares diametralmente opuestos durante la guerra civil: los del SWP en actitud de espectadores y comentaristas, mientras que los nuestros, en el frente de la columna del MPLA y los cubanos, enfrentados a la “columna” de los sudafricanos-FNLA-UNITA.

Nunca hubiéramos sospechado que el partido de Cannon, Farrel, Dobbs, Tom Kerry, Joe Hansen y George Novack habría de caer tan bajo, defendiendo no sólo una política diametralmente opuesta a la de Trotsky, sino olvidando su mismo pasado, que tantas enseñanzas brindó a generaciones de revolucionarios, incluidos nosotros. Por esta razón, el presente trabajo establece una polémica abierta con la dirección del SWP, pero también desea encontrar, por parte de este, una respuesta positiva, propia de tan glorioso partido.

Capitulo primero

El SWP no defiende ni al MPLA ni a Angola del ataque racista sudafricano

El 4 de enero de 1976 es una fecha que pasará a la historia de la IV Internacional y del movimiento trotskista. Ese día, en Nueva York, terminó la reunión del Comité Nacional del Socialist Workers Party (Partido Socialista Obrero) de los Estados Unidos con la aprobación del informe titulado Detrás de la guerra civil en Angola (incluido en este volumen; véase páginas 123-145), en el cual se analizaba el conflicto y se entregaba una política para el mismo. En una actitud insólita, el Comité Nacional del SWP resolvió que los trotskistas no debían apoyar a ningún bando en el conflicto de Angola, pues se trataba, según ellos, de una guerra “fratricida “ y “fraccional”. En el informe aprobado se afirma que “nuestra actitud es de oposición a la guerra fraccional “.[1] Para entender la gravedad de esta resolución, veamos cuál era la situación concreta de la guerra en Angola.

La marcha de la guerra civil según las informaciones del propio SWP

Todo el movimiento revolucionario mundial conoce la intima vinculación existente entre el Intercontinental Press y la dirección del SWP (Joe Hansen, el principal teórico del SWP, es el director del IP). Pues bien, esta publicación entregó una serie de informaciones de sus comentaristas y corresponsales relativas a la guerra, que detallaremos a continuación. A fines de noviembre Harsch afirmaba que “hay varios informes sobre la intervención activa de las tropas sudafricanas en la guerra angoleña” (24/11/75). El 1° de diciembre, el mismo Harsch informó: “La columna militar [sudafricana] ocupó cientos de millas a través de Angola, tomando en rápida sucesión las ciudades de Sá da Bandeira, Mocámedes, Benguela, Lobito, Novo Redondo y Porto Amboim. La columna, según los informes, se dividió entonces en dos partes, una que se dirigió hacia Dondo, donde se encuentra la planta que abastece de electricidad a Luanda, y la otra hacia Malange, otra ciudad de importancia aún bajo control del MPLA. “ Quince días después, el corresponsal del IP en Angola, Tony Hodges, relató: “Una columna conjunta de tropas sudafricanas, del FNLA y de UNITA se apoderó el 5 de noviembre de Benguela y Lobito, el puerto más grande, a 20 millas al norte de Benguela. […] La columna sudafricana-UNITA-FNLA, bien equipada, según los informes, con autos blindados, se ha apoderado ahora también de Novo Redondo”. Y agregó: “están también descargando toneladas de armas pesadas en el aeropuerto de Benguela, aparentemente el principal centro de abastecimientos de las fuerzas de Sudáfrica-FNLA-UNITA” (15/12/75). El IP del 22 de diciembre publicaba dos artículos de Harsch que certificaban ampliamente la participación de las “fuerzas sudafricanas en la lucha conjunta con dos de los grupos nacionalistas angoleños contra el MPLA”. Citando a Die Burger, el órgano oficioso del partido gubernamental de la República de Sudáfrica, Harsch informaba que éste “admitió que las tropas sudafricanas están efectivamente ‘ocupando’ parte de Angola”, y un poco más adelante decía que “las incursiones sudafricanas en el sur de Angola van también dirigidas contra la población civil”. E insiste: “la intervención de tropas sudafricanas en la guerra civil”; “muchos de los conductores de los tanques de la columna militar que lucha contra el MPLA en Angola central eran miembros del ejército sudafricano”. Y terminemos con esta última afirmación del incansable Harsch: “Los servicios de inteligencia de EE.UU., citados por Binder [periodista del New York Times] estiman más o menos en mil soldados sudafricanos la presencia militar en Angola. Sin embargo, el periodista del Washington Post, David Dottawai, afirma en la edición del 30 de noviembre: ‘fuentes en Lusaka establecen entre 2. 500 y 5. 000 la cantidad de tropa y oficiales que están luchando simultáneamente contra el MPLA y las fuerzas independientistas de Namibia, localizadas en el sur de Angola”.

Pero no solo IP proveía cuidadosa información. El ponente ante la reunión del Comité Nacional realizada entre el 2 y el 4 de enero fue un destacado dirigente negro del SWP, el compañero Tony Thomas. En su informe reconoce, textualmente, que uno de los “campos de operaciones [ fields of operations]” del ejército sudafricano lo constituyen las “agresiones militares contra el MPLA [military thrusts against the MPLA]” y la conformación de un “bloque militar de los sudafricanos con UNITA y FNLA”, dando a entender que la invasión de Angola, entre otras razones, se realiza para “inclinar la balanza de la guerra civil a favor de la UNITA y el FNLA” y para “facilitar los planes contrarrevolucionarios del Departamento de Estado”.

Los informes del IP y el informe oficial de Tony Thomas planteaban una serie de preguntas nunca explicadas por el Comité Nacional del Socialist Workers Party: ¿De qué lado combatimos nosotros, los trotskistas? ¿Defendemos militarmente al MPLA negro de las “agresiones militares” racistas? ¿Respaldamos militarmente al MPLA del ataque de “las fuerzas de Sudáfrica-FNLA-UNITA que avanzan por la costa”, de la “columna conjunta de tropas sudafricanas, del FNLA y de UNITA”, las cuales se apoderaron “el 5 de noviembre de Benguela y Lobito”, y de la “columna sudafricana de UNITA-FNLA, bien equipada, según los informes, con autos blindados” que “se ha apoderado ahora también de Novo Redondo”?

¡Como trotskistas y viejos discípulos del SWP se nos cae la cara de vergüenza! Ni The Militant, ni Intercontinental Press, ni Tony Thomas, ni el CN del SWP, ni —que nosotros sepamos— ningún dirigente negro, chicano o portorriqueño de ese partido, se acordó de levantar la bandera y el programa trotskista más elemental: cuando los racistas atacan a un movimiento negro, aunque tengan como aliados a otros movimientos negros, nosotros, los trotskistas, estamos incondicionalmente por la defensa de aquél contra el resto, sea cual fuera la dirección y el programa del movimiento negro atacado. Además, los hechos tienen más agravantes: tanto la batalla por Lobito, como el “ataque militar” sudafricano, citado por Tony Thomas, formaban parte de un suceso político repudiable: Sudáfrica había invadido a Angola. Se adentraron 900 kilómetros en su territorio y el FNLA-UNITA colaboraba con la invasión. Mientras tanto, el MPLA, con ayuda cubana y soviética, luchaba militarmente contra ella.

El SWP desvirtuó todos los hechos citados bajo un lago de tinta, con el propósito de justificar su negativa de apoyar militarmente al MPLA. Recordó la colaboración de este movimiento con el ejército portugués y sus contratos con la Gulf Oil. Desenterró documentos de la Cuarta Internacional, con más de diez años de antigüedad, en los que Livio Maitán ponderaba al FNLA, otorgándole un carácter de movimiento de masas opuesto al imperialismo portugués. Se ocupó de investigar qué tribus constituían la base territorial y étnica de cada grupo y finalmente coronó su argumentación con una sentencia suprema: histórica y programáticamente los tres movimientos eran iguales y tenían la misma política frente al imperialismo. Por supuesto, tras esa oscura mancha de tinta pretendió ocultar lo fundamental: el 4 de enero de 1976, en el mismo día que el CN del SWP aprobaba de modo solemne el informe, el MPLA combatía militarmente contra la invasión sudafricana-yanki, mientras que el FNLA-UNITA colaboraba con ella. Esto es, obviamente, lo determinante. Y todo revolucionario, ni hablar de un trotskista, debía fundamentar su política en ese hecho. El SWP, precisamente, no lo hizo.

Es necesario llamar a cuentas. Los movimientos negros y los militantes de la Cuarta Internacional están en la obligación de exigir a Tony Thomas y al SWP una explicación cierta de por qué el dirigente negro renegó de su raza y, en segundo lugar, olvido por completo el trotskismo, al negarse a defender al MPLA negro de las “agresiones militares” del ejército racista.

Capitulo segundo

Una falsa caracterización de la guerra

Todo error político tiene, generalmente, una razón teórica. Por esto mismo, el desacierto cometido por el SWP no es una excepción a la regla. Su falsa línea surge de una equivocada caracterización de la guerra como “fratricida” y “fraccional”.

En la mencionada reunión del Comité Nacional del SWP, se aprobó también la declaración ¡Estados Unidos fuera de Angola! (incluida en este volumen; véase pp. 147-151). Aunque con limitaciones obvias, allí se denuncia la intervención del imperialismo yanqui y se llama a formar, dentro de Estados Unidos, un gran movimiento de masas similar al que enfrentó la guerra vietnamita. Este llamamiento, en forma curiosa, da una definición opuesta a la presentada por Tony Thomas. En efecto, la declaración afirma que “Ford está involucrando a Estados Unidos en una nueva guerra colonial”, parecida a la del Vietnam. Es lamentable que la dirección del SWP no se haya preocupado por analizar y desarrollar esta caracterización del conflicto angoleño. Si la guerra era colonial, como afirmaba, tenía que existir, por un lado, un ejército colonizador y, por el otro, uno anticolonial que lo enfrentara. ¿Entonces, en la “nueva guerra colonial” de Angola, ¿cuál era el ejército colonizador y cuál el anticolonialista? La pregunta saltaba a la vista, pero el SWP no la vio, y la dejó sin respuesta. Sería inútil negar que es posible encontrar una estrecha vinculación entre una guerra colonial y una fratricida. Pero, para lograr una caracterización que nos permita luego formular una política correcta, es necesario señalar con absoluta claridad el carácter de la vinculación y cuál es su rasgo dominante (¿fratricida o colonial?). Nada de esto hizo el CN del SWP. Su política para Angola se fundamentó en la caracterización dada en el informe (se daba por hecho su carácter “fratricida”), y se dejó a un lado, sin tenerlo en cuenta, su elemento predominante, el “colonial”.

El MPLA “no podía ganar la guerra”, pero… ¡la ganó!

Tony Thomas, convencido de su capacidad de análisis y al mismo tiempo de la sabiduría de la dirección de su partido, en su fatídico informe, aseguró: “En realidad, no creo que ninguno de los grupos pueda ‘ganar’ la guerra… “ Unas pocas semanas después, el MPLA “ganaba” totalmente la guerra. Pero, tratando de guardarse las espaldas lo mejor posible, Thomas “abrió el paraguas” con el propósito de evitar sorpresas y, en consecuencia, dijo: “Si alguno lograra una victoria decisiva sobre los otros… el verdadero ganador sería el imperialismo”. Pues bien, ya que el MPLA “logró una victoria decisiva” contra los demás movimientos nacionalistas, ¿sigue creyendo el SWP que esa “victoria decisiva” del MPLA significó que el “verdadero ganador fuera el imperialismo”? Formulemos la misma pregunta de otras maneras para que los militantes del SWP nos entiendan: Después del triunfo del MPLA, el ejército sudafricano, que había logrado invadir casi la mitad del territorio angoleño, tuvo que retirarse. ¿Cuál es la causa de la derrota militar racista-imperialista? ¿Quiere decir esto que durante la guerra civil “el verdadero ganador” fue “el imperialismo”? ¿O, por el contrario, que éste también sufrió un traspiés a consecuencia del triunfo del MPLA?

En su otra resolución, como ya hemos visto, el SWP denunció que la guerra era colonial. Tal afirmación nos lleva de inmediato a otra pregunta clave: ¿El triunfo del MPLA significó una victoria de las fuerzas coloniales, como vaticinó el SWP, o del anticolonialismo, como dijimos y decimos nosotros? Los comentaristas del SWP están tratando de eludir la respuesta a esta simple pregunta con el acertado argumento de que, tras su victoria, el MPLA ha continuado vendiendo económicamente el país al imperialismo, según la costumbre de todo movimiento reformista. No podemos aceptar una confusión de tiempos. No se trata de la actual o futura entrega económica al imperialismo, sino de la guerra colonial que se llevaba a efecto en enero de este año, cuando el SWP se pronunció sobre dicho enfrentamiento. Por eso insistimos: ¿Quién ganó la guerra angoleña de enero de este año? ¿Sudáfrica y sus aliados militares, o Angola?

En vista de sus errores, el SWP adoptó una política curiosa. Ya vimos cómo habían vaticinado que si el triunfo correspondía al MPLA, “el verdadero ganador sería el imperialismo”; pero, después del resonante éxito de este movimiento, que para ellos habría significado el triunfo de la contrarrevolución, no levantan consignas para defender a una Angola acabada de colonizar, sino consignas ofensivas como si hubiese ganado el movimiento de masas y no la contrarrevolución, que denuncian las capitulaciones del MPLA y contra la colonización económica.

Una de dos, o el SWP se equivocó en su vaticinio, o tiene una política de no enfrentamiento y denuncia del triunfo contrarrevolucionario. Por supuesto, estamos convencidos de su error y de que, tal como es propio de toda nueva dirección surgida del campo estudiantil, la del SWP está celosa de su prestigio y ha resuelto defenderlo, echando un manto de olvido sobre sus propios vaticinios. Sin embargo, la realidad es dura y siempre se impone; debido a esto, el SWP ha resuelto aceptarla en silencio, sin una autocrítica. En cambio, dándose un programa acorde con ella, señala la derrota militar del imperialismo y la necesidad de seguir impulsando la revolución triunfante en todo el sur de África, para evitar que los reformistas del MPLA la desvíen y la entreguen nuevamente al imperialismo.

Vaticinios escalofriantes que ayudan al racismo blanco

La dirección del SWP no se dio tregua en su afán por desacreditar al MPLA que libraba una justa guerra contra el ejército sudafricano y sus aliados militares del FNLA-UNITA. En la famosa resolución, tantas veces citada, Detrás de la guerra civil en Angola, pronunciaron un escalofriante vaticinio sobre el futuro de las tribus que apoyaban al FNLA-UNITA si por alguna razón el MPLA triunfaba: “Tenemos que vaticinar que la victoria de cualquier bando en esta guerra civil podría significar pogromos con decenas de miles de victimas. Ya los dirigentes del MPLA han discutido convertir en ‘otra Biafraa las zonas bakongo en manos del FNLA. En África, la palabra ‘Biafra’ es sinónimo de la guerra civil de Nigeria y de la tremenda matanza realizada en torno al llamado problema tribal. Una perspectiva similar se da en Angola”.

El triunfo del MPLA ya es una realidad, sin embargo, The Militant e Intercontinental Press no están embarcados en una campaña mundial para evitar el exterminio de los bakongos a manos del MPLA. Ni siquiera lo denuncia. ¿Amnesia? ¿Ceguera? ¿O será tal vez que esas “decenas de miles de víctimas” no han existido más que en la imaginación de la dirección del SWP?

Los tres vaticinios del SWP no sólo resultaron absolutamente equivocados, sino que, además, tuvieron una unidad malsana, en cuanto sirvieron al imperialismo y al racismo. Si, como lo hechos lo han demostrado en forma concluyente, el triunfo militar del MPLA ha significado un colosal triunfo anticolonial, antiimperialista y principalmente antirracista, ha llegado el momento de preguntarnos: ¿Qué papel jugaron los vaticinios del SWP en esa guerra anticolonial? Como marxistas debemos saber que en una guerra colonial o social, las consignas, análisis y pronósticos forman parte de ella y le sirven a uno u otro bando. ¿Qué más le podía pedir el racista Vorster, que ocupaba Angola, al glorioso SWP? Por supuesto, no que respaldaran públicamente a Vorster. Eso no les hubiera servido. Todos hubieran afirmado que el SWP se había ubicado en el bando enemigo. Sin embargo, la mejor forma de ayudar a Vorster y al imperialismo yanqui era decir lo que desde la izquierda dijo el SWP: el MPLA no puede triunfar, si triunfa quien verdaderamente gana es el imperialismo y si derrota a los otros movimientos nacionalistas, masacrará a toda la población negra anti-MPLA, de absoluta mayoría en Angola. Por eso, el papel jugado por el SWP servía a los intereses del imperialismo y, al mismo tiempo, desmoralizaba al MPLA, que se había erigido como su único opositor en la guerra colonial. Creemos que los vaticinios del SWP surgieron inconscientemente, como consecuencia de fuertes presiones pequeñoburguesas, pero indudablemente sirvieron al enemigo, repercutiendo como factor desmoralizador e infundiéndole entusiasmo a los otros dos movimientos nacionalistas, que al servicio y en complicidad con los racistas, trataban de colonizar Angola. Es decir, hubo una inconsciente división de tareas: por una parte, Vorster y el imperialismo denunciaban la intervención rusa y cubana; por la otra, el SWP denigraba la justa guerra anticolonial del MPLA con toda clase de análisis y pronósticos derrotistas y pesimistas si éste ganaba la guerra.

Una pregunta sin respuesta: ¿por qué triunfó el MPLA?

La dirección del SWP, al pretender “olvidar” sus vaticinios, evita responder a dos preguntas inquietantes: ¿por qué triunfó el MPLA? ¿Cuál fue la razón para lanzar un pronóstico tan equivocado, asegurando, ocho semanas antes de su victoria total, que no podría lograrla?

Plantearse estas preguntas nos ahorra llegar a falsas conclusiones, tales como pensar que el triunfo puede ser atribuido a las armas soviéticas o a la falta de ayuda norteamericana al FNLA-UNITA, puesto que según el informe de Tony Thomas, ninguna de las dos potencias deseaba un resultado benéfico para alguno de los dos bandos. Por otra parte, el mismo informante, con lujo de detalles, nos demostró que el MPLA tenía mucho menos apoyo en la población angoleña que sus adversarios (alrededor de un millón y medio contra tres millones). A pesar de todo, el MPLA se impuso sin atenuantes.

¿Cómo se produjo esta victoria? De manera diciente, la explicación dada por el SWP concuerda con los argumentos del imperialismo, o sea, que el triunfo tiene su razón de ser en la superioridad militar del MPLA y en la ayuda cubana. Nuestro punto de vista difiere en alto grado. No participamos de la concepción que le da prioridad, en una guerra civil, a las razones militares, ya sea por la ayuda recibida en armamentos o soldados, sino que nos decidimos por las razones políticas y morales. Para nosotros, la explicación última de tan fulminante triunfo reside en dos razones que se complementaron: los combatientes negros del FNLA-UNITA se desmoralizaron al tener que luchar junto a los mercenarios pagados por la CIA y a los soldados racistas de Vorster, que ayudaban al imperialismo en la colonización de Angola, debiendo derrotar para ello a un movimiento negro como el MPLA (esto es lo que han dicho, justamente, los más lúcidos comentaristas del imperialismo). Por otro lado, a nuestra manera de ver, ocurrió lo opuesto: el desigual enfrentamiento con el imperialismo y los soldados racistas que trataban de invadir sus ciudades y territorios, elevó considerablemente la moral victoriosa de los luchadores del MPLA, asimismo, la colaboración de los cubanos fortalecía la posibilidad del triunfo. Así como en toda victoria revolucionaria, el secreto del triunfo estuvo en la desmoralización del ejército contrarrevolucionario y en el entusiasmo arrollador del frente revolucionario.

“Objetividad” de notario

A partir del triunfo resonante del MPLA, los análisis y la política del SWP vienen acompañados de un extraño sabor agrio, que no les permite reconocer la victoria y desnuda un claro resentimiento que se convierte, parcamente, en comentarios “objetivos” de tipo periodístico. Veamos el tono de sus artículos: “… después del fracaso de la intervención de EE.UU. y Sudáfrica en la guerra civil en Angola… “ “Aunque el fracaso de la intervención directa de Estados Unidos en Angola fue un retroceso para Washington… “ (IP, 1/3/76.) “… el fracaso de la intervención de Estados Unidos y Sudáfrica en la guerra civil en Angola… “, “El impacto del retroceso en Angola… “, “El fracaso de la intervención imperialista en Angola… “, “… el fracaso de Washington en Angola… “ (IP, 8/3/76). Nada más. Con la misma frialdad de un periodista a sueldo en la prensa burguesa.

Un revolucionario, no un notario, hubiera exclamado: ¡Viva el triunfo del MPLA! ¡Viva el “fracaso de la intervención imperialista en Angola” a causa de la heroica lucha del MPLA y sus aliados, los cubanos!

Un grave error: el apoyo al MPLA durante la ocupación portuguesa

Nuestra crítica al SWP por no haber defendido militarmente al MPLA del ataque sudafricano-imperialista no significa que siempre debimos haber apoyado militarmente a esta organización nacionalista. Por el contrario, creemos que algunos dirigentes y grupos de la TMI (Tendencia Mayoritaria Internacional) que lo apoyaron desde el principio de la guerra civil y bajo la ocupación portuguesa, cometieron un grave error.

Para quienes le dieron su apoyo, el MPLA reflejaba los intereses de las masas trabajadoras en ascenso, mientras que el FNLA-UNITA eran correa de trasmisión de la burguesía y el imperialismo. Estimaban que en Angola había dos campos claramente delimitados: el contrarrevolucionario del FNLA-UNITA y el progresista, incluso revolucionario para algunos, del MPLA, pese a su dirección reformista. Era la misma división que trazaban para Portugal: de un lado, Costa Gomes, el Partido Socialista y los partidos burgueses; del otro, los militares “progresistas” del MFA, el Partido Comunista y la ultraizquierda.

Según ellos, el aspecto fundamental era la guerra civil, alrededor de la cual hacían girar toda su política, apoyando a un bando y sin plantearse cómo continuar la guerra anticolonial. Así, por ejemplo, el compañero Gabriel, importante vocero de la TMI, no aceptaba el frente unido propuesto en ese momento por el FNLA-UNITA contra los colonialistas; por el contrario, exigía el retiro inmediato de las tropas portuguesas y que éstas dejen “todas las armas y el material al MPLA y a las milicias” (véase: Angola: las máscaras caen, p. 102). Pues bien, si en realidad consideraban que el MPLA tenía fuerza suficiente para expulsar a los portugueses de Angola, esto era, precisamente, lo que había que hacer y plantearlo de una vez, diciendo: “Por la victoria del MPLA sobre el ejército portugués, que lo expulse de Angola y se posesione de sus armas”.

No debemos engañarnos: el planteamiento del compañero Gabriel esconde, en forma solapada, un llamado al frente “progresista” portugués MFA-PC-ultraizquierda para que apoye indirectamente al MPLA, dejándole las armas. Esta posición del compañero Gabriel era proimperialista y profundamente antidemocrática. Proimperialista, porque no tenía como eje esencial de su política la lucha contra el ocupante portugués y el llamado a un frente antiimperialista a los otros movimientos nacionalistas. Antidemocrática, porque en lugar de plantear que el pueblo angoleño resolviera democráticamente mediante una Asamblea Constituyente cómo y quién lo debía gobernar, tomaba partido por una de las fracciones nacionalistas: el MPLA.

La obsesión política del compañero Gabriel no radicaba en la expulsión del ejército portugués, con todas sus “alas, sino ayudar a la victoria del MPLA sobre los otros dos movimientos nacionalistas en la guerra civil. Prefería aliarse al ala “progresista” del ejército portugués y no a los movimientos nacionalistas opuestos al MPLA.

El SWP y la FLT (Fracción Leninista Trotskista), que nosotros aún integrábamos, nos pronunciamos categóricamente contra la política de apoyo militar, en aquel momento, al MPLA. En ese momento, Portugal mantenía aún el dominio y ocupación de Angola. Mientras ello sucediese, el imperialismo portugués —pese a su debilidad creciente— continuaba siendo el principal enemigo de las masas angoleñas. Todas las fracciones del imperialismo y su gobierno del MFA, y todas sus tendencias, desde Pinheiro de Azevedo y Ramalho Eanes hasta Rosa Coutinho y Saraiva de Carvalho, eran colonialistas. Por eso, el orientarse a apoyar a un movimiento nacionalista contra los otros, como hacía el compañero Gabriel, buscando el apoyo de un sector del gobierno portugués del MFA, como del PC y la ultraizquierda, sólo servía para distraer la atención del enemigo principal, y abandonar las grandes consignas antiimperialistas: ¡Por un frente único de todos los movimientos nacionalistas para expulsar al ejército portugués de Angola! ¡Abajo la guerra fratricida entre los nacionalismos angoleños que nos dividen frente al imperialismo portugués!

Capítulo tercero

¿Guerra fratricida o colonial?

El SWP acuñó la feliz expresión de “guerra fratricida” en el contexto de la polémica contra la ultraizquierda portuguesa y mundial y también contra la TMI. Se precisaba así el carácter nacionalista de masas, aunque reformista, del FNLA-UNITA; se destacaba cómo estas organizaciones seguían luchando contra el ocupante portugués; se subrayaba que entre ellos y el MPLA no existían diferencias de fondo que justificaran darle el apoyo. Por el contrario, el MPLA tenía una clara tendencia colaboracionista con el ocupante y además trataba de volcar al ejército portugués a su favor contra las otras dos organizaciones, y en varias oportunidades, entró en tratos y negociaciones.

¿Por qué, en esos momentos, se justificaba ampliamente la caracterización de “guerra fratricida”, guerra entre hermanos? Tratemos de aclararlo. Toda relación tiene un contenido preciso. Así, somos hermanos carnales cuando tenemos padres comunes; hermanos de clase, cuando pertenecemos a la misma clase social; de lucha, si peleamos contra el mismo enemigo y por objetivos comunes. Con esto último se identificaban los tres movimientos nacionalistas: desde hacía más de una década estaban hermanados en la lucha contra el imperialismo portugués, por la independencia de Angola. Todos, en mayor o menor medida, con mayor o menor consecuencia, habían participado —y participaban— en la lucha contra el viejo imperialismo lusitano. Tal era el contenido de su “hermandad”.

La espantosa guerra civil desatada en los meses previos a la derrota lusitana, sirvió solamente para fortalecer a los portugueses y demorar su retirada, poniendo en peligro la posibilidad de la independencia. El imperialismo portugués apeló a la vieja fórmula de “dividir para reinar”, azuzando la guerra civil fratricida. Incluso, pareció, en algún momento, que estaba decidido a pactar con el MPLA, con el propósito de aplastar a los otros dos movimientos. Esto no se hizo realidad debido a la extrema debilidad portuguesa, y no así a una presunta negativa por parte de la dirección del MPLA (que vio con buenos ojos esta perspectiva). Asediado por el movimiento obrero de Portugal, enfrentando la rebeldía de las tropas a embarcarse para África, rodeado por los movimientos nacionalistas, por los estados negros que circundan a Angola, y, finalmente, por las otras potencias imperialistas, el colonialismo portugués debió retirarse. De modo que Angola logró su independencia en medio de la “guerra fratricida” entre los movimientos nacionalistas.

Un vuelco decisivo: la invasión militar sudafricana-yanqui

A medida que el imperialismo portugués se debilitaba, ocurría otro hecho de gran trascendencia: la invasión sudafricana con respaldo yanki. Obviamente, para el pueblo angoleño cambiaba el enemigo principal, pues la independencia que se estaba logrando frente a Portugal debía ser defendida contra los nuevos colonizadores, que ya no sólo entraban a reforzar, sino a remplazar el viejo imperialismo a punto de morir.

El propio Tony Thomas corrobora nuestras afirmaciones. “Las primeras incursiones” —dice en su informe, en el subtítulo correspondiente a “La intervención sudafricana”— “empezaron en junio o julio. Su objetivo inmediato era perseguir a los guerrilleros del SWAPO (Organización Popular de África del Sudoeste), quienes habían pasado a Angola desde Namibia. [] En agosto, la persecución a los guerrilleros del SWAPO fue seguida por la toma de la represa del Cu-nene y la ocupación militar de la zona”. E inmediatamente dice: “Es importante señalar que el FNLA y la UNITA no sirvieron de títeres sudafricanos en esta invasión imperialista. En cambio UNITA y FNLA estuvieron a la cabeza de los combates contra Sudáfrica en junio, julio y agosto, junto con el MPLA.”

A partir de octubre se opera un vuelco total en la situación: FNLA-UNITA dejan de combatir la invasión sudafricana para convertirse en sus aliados militares. Tony Thomas, consecuente hasta el fin con él mismo, señala el hecho sin percatarse de sus enormes implicaciones políticas: “En octubre aparecieron los primeros informes de que había tropas sudafricanas participando en un avance de las fuerzas de FNLA y UNITA por la costa desde el sur”. Como ya hemos citado, el informante reconoce, además, que los sudafricanos están empeñados en “atacar militarmente al MPLA” y, para tal efecto, han formado un “bloque militar con UNITA y el FNLA”, decidiéndose también a invadir Angola, entre otras razones, para “inclinar la balanza de la guerra civil a favor” de sus nuevos aliados y “facilitar los planes contrarrevolucionarios del Departamento de Estado”.

La guerra “fratricida” se transforma en “colonial”

Mucha más información tenemos recopilada, publicada en la prensa internacional, pero los hechos enumerados anteriormente nos parecen suficientes. Sin embargo, a pesar de estos informes y de sus propios comentarios, el CN del SWP no llegó a las simples y tajantes conclusiones que imponían hechos tan significativos y dicientes.

Por el contrario, después de publicar el cúmulo de datos que hemos mencionado y señalar muchos de ellos en el informe al CN, es curioso y sorprendente observar la indiferencia, inclusive el silencio del SWP ante el apoyo militar yanki-sudafricano al FNLA-UNITA. Por ejemplo, la declaración ¡Estados Unidos fuera de Angola! no alude a él y nos ubica la intervención yanki en la estratósfera, puesto que no se precisa cómo se corporiza. Omitir que la presencia de Sudáfrica y de Estados Unidos favorece directamente al FNLA-UNITA, no especificar con claridad a favor y en contra de quién participa el imperialismo es un silencio cómplice que el SWP rompe esporádicamente para comentar los hechos. Por otro lado, estos comentarios se manipulan abiertamente con el propósito de mantener su caracterización de la guerra civil como “fratricida” e impidiendo que se les venga a tierra. Ante los nuevos sucesos, no transforman su posición sino que tratan, en un intento desesperado, de forzarlos dentro del viejo esquema de la guerra fraccional.

El SWP se metió en este callejón sin salida por negarse a reconocer que poco antes de la retirada de los portugueses ya no era posible seguir definiendo la guerra como fratricida. El imperialismo, gracias a su colosal poderío y riqueza, al ganarse a uno de los bandos como aliado, cambiaba las reglas del juego, rompiendo la hermandad de los tres grupos frente al nuevo colonizador. Precisamente esto ocurrió: en enero de 1976, cuando el SWP aprobó el informe citado, el MPLA, FNLA y UNITA habían dejado de ser hermanos que peleaban entre sí; los dos últimos se aliaron con el invasor, mientras que el MPLA se opuso a dicha invasión con las armas en la mano. Esta actitud antiimperialista del MPLA fue un hecho contundente, independientemente de cual haya sido el contenido de su programa o las intenciones últimas de su dirección.

Los términos ya no eran los mismos. La guerra fratricida entre tres movimientos que luchaban por la independencia, se transformó en una contienda entre dos movimientos nacionalistas de masas aliados a la nueva colonización y otro que la obstaculizaba al combatirla militarmente. Ahora bien, el aspecto fundamental era, indiscutiblemente éste, a pesar de que el MPLA hubiera tenido mil capitulaciones ante el “ala izquierda” del ejército portugués o hubiera firmado diez mil acuerdos con la Gulf Oil. Tampoco cambiará, como es lógico, porque en un futuro, próximo o lejano, el MPLA reformista entregue económicamente el país al imperialismo de nuevo, ya que no es mucho lo que podemos esperar de un movimiento colaboracionista. Sin embargo, la situación había cambiado radicalmente debido a la invasión sudafricana-yanki, fenómeno que el SWP se negó a aceptar y por lo tanto no asumió una defensa consciente del MPLA negro del ataque racista. La nueva dirección del SWP se olvidó de la vieja enseñanza de Novack: toda verdad que traspasa sus limites se transforma en una falsedad; por lo tanto, la definición de guerra fratricida había sido correcta hasta la ocupación portuguesa, de ahí en adelante, a partir de la invasión sudafricana, dejó de serlo.

Hansen refleja bien esta contradicción en su artículo Angola, el paralelo con Vietnam (incluido en este volumen; véase pp. 117-122). Con lucidez, reconoce que el enemigo principal ha pasado a ser el imperialismo yanki y, al mismo tiempo, aconseja no inmiscuirse en las luchas fracciónales de los tres movimientos nacionalistas. En ocasiones pasadas, siempre se tenía en cuenta esta vieja recomendación. Pero, ¿acaso el “ataque militar” del ejército sudafricano —aliado al FNLA-UNITA— contra el MPLA constituye un hecho fraccional, interno al conjunto del movimiento nacionalista negro? ¿O tal vez lo será el hecho que el MPLA combatía a los racistas y sus aliados angoleños? En fin, ¿podemos acaso oponernos al imperialismo sin defendernos de sus aliados militares o atacar a los soldados sudafricanos, enrolados en las filas de UNITA, sin atacar a los de éste último? He aquí una serie de cuestiones que deben ser analizadas a fondo.

El imperialismo se evapora como un fantasma

Para la dirección del SWP, la guerra “involucra fundamentalmente a tres fracciones nacionalistas sin principios… “ ¿Qué papel juegan, entonces, Estados Unidos y Sudáfrica? ¿Es un papel esencial o, por el contrario, su intervención es otro elemento más, o sea, secundario? Tony Thomas responde lo segundo: “Otro elemento más en la situación” —dice— “es el apoyo imperialista que reciben FNLA y UNITA, que incluye el uso de tropas sudafricanas”.

A tal punto el imperialismo yanki y sudafricano son, para Thomas, elementos accesorios y externos a la guerra (un “elemento más”), cuya política hacia cada uno de los bandos es, en el fondo, idéntica, que al final del informe, al “resumir” en tres puntos la “posición respecto de la guerra civil”, ni se molesta en mencionar a EE.UU. y Sudáfrica. ¡Increíble, pero cierto! En ninguno de ellos menciona, ni de pasada, sus intentos, por esos días, de ocupar y recolonizar Angola. En el único momento que se habla del imperialismo, es sólo para insistir en la relación igualitaria que tienen ante él todos los movimientos (“los tres grupos —dice— están a favor de colaborar con el imperialismo”).

En suma, el enfrentamiento no estaba dado entre dos bloques militares, uno al servicio de la colonización imperialista y otro que se le oponía, sino entre tres movimientos nacionalistas que, para EE.UU., eran esencialmente iguales. La invasión sudafricana es un hecho “ominoso” y Estados Unidos desde afuera, simultánea o alternativamente, apoya a los tres bandos, sin interés especial por la victoria de uno de ellos, sino con el propósito de hacerlos igualmente débiles.

En su afán por demostrar que la guerra seguía siendo “fratricida”, se vieron en la obligación de hacer desaparecer, como un verdadero fantasma, al imperialismo yanki y a Sudáfrica como factor de primera magnitud. ¡Este despropósito fue el aprobado por el CN del SWP el 4 de enero, dos meses después que el ejército sudafricano ocupara Lobito y avanzara 900 kilómetros dentro del territorio angoleño!

¿No quería EE.UU. la victoria del FNLA-UNITA?

Tony Thomas no se UNITA a colocar en un segundo plano al imperialismo con el objeto de demostrar el carácter “fratricida” de la guerra, sino que, como malabarista de circo, nos trata de hacer una nueva pirueta teórica: lanza la hipótesis de un imperialismo sin interés en el triunfo del FNLA-UNITA y en la derrota del MPLA (“Es posible que la principal estrategia del Departamento de Estado en este conflicto no sea la de inclinar la balanza decisivamente a favor de ninguno de los dos bandos […] En realidad, al igual que Washington, Moscú no parece buscar una victoria total de su bando.”).

Afirmar que los imperialistas y racistas no deseaban la derrota del MPLA, ni el triunfo de FNLA-UNITA, es lo mismo que afirmar que no querían su propio triunfo. Una afirmación tan descabellada y paradójica debería fundamentarse en una demostración exhaustiva. Thomas no se molesta en dárnosla, sino que se limita a asegurarnos que la prueba de semejante hipótesis es la siguiente: si el imperialismo se hubiese interesado por el triunfo del FNLA-UNITA, lo podría haber logrado “fácilmente enviando mayor ayuda a UNITA y al FNLA, o provocando una mayor intervención de las tropas sudafricanas”. No es necesario que aquí el lector se refriegue los ojos, porque si ha leído bien: para Tony Thomas y el SWP, el imperialismo podía hacer en el conflicto angoleño lo que le viniera en gana, inclinar la balanza a un lado u otro, o dejarla en equilibrio. ¿Qué hacer, entonces, con el movimiento de masas? ¿La lucha de clases nacional y mundial no tenían nada que ver con el conflicto angoleño? Como en una fábula infantil, según el SWP, el imperialismo tenía el poder de resolverlo todo como quisiera y “fácilmente”, desarrollando sobre la política angoleña un monólogo, ya que no tenía como polemista al movimiento de masas.

Nos parece increíble que tal afirmación provenga del SWP, que tiene a su haber un extraordinario papel jugado en las movilizaciones efectuadas contra la guerra de Vietnam. Nosotros creemos, justamente, todo lo contrario. Si el imperialismo yanki y sudafricano no se volcaron con su gran poder en apoyo de sus aliados militares nacionalistas para obtener el triunfo, se debió al temor de un gigantesco movimiento de masas en el mundo entero, desde Estados Unidos hasta África. El imperialismo yanki no intervino de lleno, como era su intención, porque hace poco las masas indochinas, ayudadas por las americanas y mundiales, le acababan de propinar la más colosal paliza de su historia. Esto había dejado a Washington bastante maltrecho, de ahí su actitud cautelosa frente al riesgo de embarcarse en “nuevas guerras coloniales”; su prevención era lógica, no podía exponerse a una nueva derrota por parte de las masas, tanto de su propio país como de las que estaban sometidas a la imposición colonial.

Las “manos negras” de Sudáfrica sobre la balanza

A diferencia de la mayoría de los sectarios, el compañero Thomas y el SWP tienen la buena costumbre de señalar escrupulosamente los hechos y, en ocasiones, de hacer algunos comentarios pertinentes. Es así como sus caracterizaciones suelen entrar en contradicción directa con los hechos que enumeran y comentan. A veces, incluso, se producen situaciones bastante cómicas.

Como ya hemos visto, en una parte del informe-resolución se dice: “Es posible que la principal estrategia del Departamento de Estado en este conflicto no sea la de inclinar la balanza decisivamente a favor de ninguno de los dos bandos… “ Contradictoriamente, un poco más abajo, comenta: “Los sudafricanos han intervenido por cuatro razones obvias… “ La tercera es: “inclinar la balanza de la guerra civil a favor de la UNITA y el FNLA… “, y la cuarta: “facilitar los planes contrarrevolucionarios del Departamento de Estado”. Es curioso que Sudáfrica quiera “facilitar” los planes “del Departamento de Estado”, haciendo exactamente algo que va en contra de “la principal estrategia” de éste. Pero tal absurdo no es lo más importante. El aspecto central es aquel que desvirtúa todos los sofismas que construyó Tony Thomas para seguir sosteniendo que la guerra civil era fratricida, entre ellos, el que se refiere a los verdaderos planes del imperialismo.

Es “obvio”, dice Tony Thomas, que el objetivo de la intervención sudafricana es “facilitar los planes contrarrevolucionarios del Departamento de Estado”, tratando de “inclinar la balanza de la guerra civil a favor de la UNITA y el FNLA”.

Efectivamente, compañero Thomas, era “obvio” que el imperialismo yanki y Sudáfrica intervenían, empleando la máxima capacidad que les dejaba el movimiento de masas mundial, para que triunfaran sus aliados y fuera derrotado su enemigo, el MPLA, que, con tropas cubanas y armas soviéticas, se oponían militarmente a “facilitar” sus planes contrarrevolucionarios. También era “obvio” que nosotros teníamos que luchar militarmente en el “bando” del MPLA para evitar, junto con él, el triunfo del imperialismo y Sudáfrica. Pero, justamente, esta fue la “obvia” conclusión que el SWP se negó a deducir.

Trotsky nos había enseñado cómo tomar partido

Para ilustrar mejor la crítica que venimos haciéndole al SWP, ante éste y en especial ante nuestros lectores latinoamericanos, nos permitiremos utilizar un método usado a veces por Trotsky (como por ejemplo, cuando planteaba cuál sería nuestra posición si Inglaterra “democrática” le hiciera la guerra al Brasil “totalitario”). Es decir, el método de dar un ejemplo hipotético.

Imaginemos, entonces, que Canadá invade al Perú: el ejército canadiense (apoyado por EE.UU. mediante armas, mercenarios, dólares, un puente aéreo con centro en Panamá, etcétera), en pocas semanas llega a ocupar casi la mitad del territorio de ese país latinoamericano. Supongamos que lo hace aprovechando una situación previa de guerra civil, “fratricida”, entre los quechuas y los aymarás. Los canadienses que entran en Perú lo hacen para apoyar a los aymarás con asiento en Lima y para derrotar a los quechuas, con asiento en el Cuzco.

Al hacer una extrapolación de su documento sobre Angola, encontraríamos que el SWP probablemente calificaría este hecho como “muy ominoso”, pero que dedicaría la mayor parte de su análisis a recordar la política traidora de todas las direcciones burguesas o pequeño burguesas que dirigen a aymarás y quechuas, sin hacer girar su análisis en torno al hecho primordial: la invasión canadiense.

Si el informe sobre el caso peruano se le hubiera encargado al famoso antropólogo Johnny Jonas, éste nos daría una clase magistral sobre etnografía peruana, cultura, lenguas, etcétera. Sabríamos que mientras los aymaras, con su respectiva federación campesina, apoyan a los militares “peruanistas”, los del Cuzco hacen lo mismo respecto al APRA-Belaúnde. Y no podríamos olvidar que estos líos vienen de lejos, de la época de Huáscar y Atahualpa. Además, el informante encontraría que tanto el APRA como los militares “peruanistas” son verdaderos movimientos nacionales con fuerza en las masas. No sólo los indios están divididos, sino también los sindicatos; la CGT apoya al APRA-Belaúnde y la CGTP, a los militares.

Por supuesto, más adelante se llegará a la sabia conclusión de no apoyar militarmente al APRA-Belaúnde apoyado en los quechuas ni a los militares apoyados en los aymarás, porque indiscutiblemente ambos grupos han perseguido al movimiento obrero y campesino (Belaúnde encarceló a Hugo Blanco, los militares lo deportaron), y han hecho toda clase de negociados con el imperialismo. Además, Johnny Jonas ha examinado al microscopio los programas de ambos bloques y ha comprobado que son iguales: ninguno de ellos plantea el socialismo, ambos están a favor de las inversiones extranjeras y contra el movimiento obrero. Por lo tanto, los dos bloques son iguales frente al imperialismo.

Sus conclusiones políticas serían “correctas” generalidades tales como “estamos a favor del programa socialista.. “, “nos oponemos al programa y las prácticas de cada uno de los frentes nacionales. “, “estamos en pro de una política clasista para las masas”, etcétera, etcétera. Pero, aunque “correctas”, estas vaguedades serían un verdadero crimen político. Mediante una montaña de “datos” históricos y generalidades programáticas, se disolvería el hecho político decisivo y fundamental: Canadá invadió militarmente a Perú. Y, desde ese momento, la política, los frentes burgueses, los partidos, los sindicatos, los indios, los estudiantes, las centrales obreras, como todo lo que haya en el Perú, deben dividirse en dos campos: los que están con la invasión canadiense-yanki, y los que pelean contra ella. Naturalmente, la política correcta es una sola: fortificar el campo que lucha contra la invasión militar.

Nos hemos extendido en este ejemplo hipotético, pero vale la pena, porque la resolución del SWP sobre Angola no hace más que repetir el error del antropólogo Jonas sobre Perú.

Capítulo cuarto

Ni consigna ni lucha antiimperialista

Aunque parezca insólito, Tony Thomas no dio una sola consigna o tarea antiimperialista concreta para movilizar las masas angoleñas en su informe. No obstante, debemos reconocerle cierta coherencia. Dentro de su razonamiento, el imperialismo jugaba un papel de secundaria importancia, la guerra tenía un carácter fratricida y no colonial y, por supuesto, era innecesario confundir nuestra política levantando consignas contra un enemigo que, en ese momento, no era el principal. Es muy posible que la nueva dirección del SWP trate de cubrirse con argucias polémicas. A lo mejor nos dicen que impulsaron dos consignas antiimperialistas para ser llevadas a cabo por los trabajadores de Angola: “¡EE.UU. fuera de Angola!” y “¡Fuera Sudáfrica de Angola! “Nada más falso. Rogamos al lector que repase el informe una y otra vez, como lo hicimos nosotros, para tratar de descubrir, aunque sea con lupa, una sola consigna antiimperialista precisa planteada a las masas angoleñas.

Veamos: el informe consta de cuatro partes políticas en las que se formulan consignas y tareas referentes a distintos países y regiones, así:

— La segunda y la cuarta aluden a las tareas en Angola, sin mencionar la lucha antiimperialista;

— La primera y la tercera se refieren a Estados Unidos y a Sudáfrica, respectivamente, y allí se plantean las dos consignas citadas, llamando a las masas de Norteamérica, en un caso, y de Sudáfrica, en el otro; en ambos, sin tener en cuenta a las masas angoleñas. Tanto es así que las consignas están separadas en toda la resolución; en la parte inicial se señalan las tareas para llevar a efecto en EE.UU. y en la conclusión, las que tienen que ver con Sudáfrica. Esto demuestra que el informante no consideraba la colonización de Sudáfrica y la norteamericana como un mismo fenómeno y peligro, el cual tenía que ser repelido por las masas angoleñas.

En la primera parte, al comienzo del informe, nos hablan acerca de la táctica a seguir por el SWP en EE. UU: “Proponemos una respuesta igual a la que se dio durante la guerra de Indochina: una amplia campaña de movilización y propaganda centrada en la consigna ¡EE.UU. fuera de Angola! (subrayado en el original).

En la tercera parte, al final de la resolución, bajo el subtítulo “La guerra civil se profundiza” se exponen las acciones que deben desplegar los trotskistas contra el gobierno racista de Vorster en Sudáfrica. En ese párrafo, encontramos un paralelo con EE.UU. y el gobierno de Ford en los siguientes términos: “En cuanto al gobierno de Vorster en Sudáfrica, debe ser duramente censurado, junto con el gobierno de Ford, por intervenir en la guerra civil angoleña. Vorster utiliza tropas sudafricanas para allanar el camino para la intervención de tropas de otras potencias imperialistas. “ No podemos dejar de señalar que el SWP ha caído en el propagandismo y el pacifismo. Se trata de una invasión militar y nos dicen que el gobierno de Vorster debe ser “duramente censurado”. ¿Desde cuando es una política trotskista repeler una invasión militar racista con “duras censuras”? Y, por último, ¿quiénes debían hacer esa “dura censura”? Un verdadero misterio que no se resuelve, como en ciertas novelas policíacas.

Supongamos, también, que nos equivocamos y que esta última consigna no se refería a los trabajadores sudafricanos, sino a los angoleños. ¿Por qué entonces no llamaron a los movimientos nacionalistas para que se unieran en la lucha contra los sudafricanos? Ni siquiera hicieron un llamamiento para que el pueblo angoleño enfrentara unido esta tarea. ¿Por qué? Por más que le demos vueltas, la conclusión es una sola. El SWP no levantó, durante la guerra civil, ninguna consigna unitaria antiimperialista concreta, para la acción de las masas angoleñas. Nada lo demuestra mejor que el programa concreto que dan para Angola en la parte segunda y cuarta del informe.

El sectarismo “enceguece” a Thomas

Bajo el subtítulo “Derecho a la autodeterminación”, en la segunda parte de su informe, Thomas nos proponía, como tarea para Angola, apoyar el derecho a la autodeterminación, que incluye el derecho a la autonomía y aun a la secesión para las tribus-nacionalidades. Curiosamente, este derecho a la autodeterminación de las tribus se olvida en la síntesis política final. En esta última parte resumieron la política para Angola y EE.UU. bajo el subtítulo “¿Cuál debe ser la posición de los revolucionarios?” Veamos, entonces, según el CN del SWP, qué debía hacer y plantear un revolucionario en Angola en enero de 1976. Es decir, en plena guerra y con más de la mitad del país ocupado por tropas sudafricanas y mercenarios europeos y yanquis pagados por la CIA, que combatían bajo las banderas del FNLA-UNITA.

“Opinamos que no hay que dar apoyo político a ninguno de los tres grupos. La victoria de cualquiera de los tres no ofrece ninguna garantía de que las masas angoleñas avancen hacia el socialismo. Imponer el dominio de una nacionalidad sobre las otras dos no ofrecería una solución estable para los problemas de Angola y sólo facilitaría los planes del imperialismo para el país. “ Y, más adelante, concluyen: “Nuestra actitud es de oposición a la guerra fraccional. Estamos a favor del programa socialista: por las luchas de los obreros, de la juventud y los campesinos que apunten a una sociedad socialista. Nos oponemos al programa y la práctica de cada uno de los grupos nacionalistas. Estamos a favor de una política clasista para las masas”.

Con esta formulación, al SWP se le quedó en el tintero nada menos que la lucha trotskista por la liberación de los países coloniales y semicoloniales del imperialismo, como también el movimiento de las mujeres por su emancipación. Los primeros constituyen las tres cuartas partes del mundo capitalista, las segundas, la mitad de la humanidad.

Afirmar que “nos oponemos al programa y la práctica de cada uno de los grupos nacionalistas” es una parcialidad exagerada. Todas estas aseveraciones son parte —la clasista y socialista— de nuestra “política y programa” para los países coloniales y semicoloniales, las cuales no se reducen a eso, sino que son combinadas, transicionales, puesto que contienen una parte antiimperialista y otra agraria, tanto o más importante como programa, que la referente a la “clasista socialista”, porque se adecúa a la estructura del país.

Es completamente falso, por ejemplo, que nosotros sólo estemos “con las luchas de los obreros, la juventud y los campesinos que apunten a una sociedad socialista”. Empezamos por colocarnos al lado de las luchas del campesino pequeñoburgués, que no “apuntan” para nada al socialismo, cuando combate al gran terrateniente y al imperialismo. Continuamos apoyando cualquier movimiento juvenil que levante reivindicaciones democráticas, aunque no “apunten” a la instauración de “una sociedad socialista”. Nosotros no luchamos tan solo por la liberación de los “obreros, la juventud y los campesinos” del yugo capitalista, sino que también por la liberación de los países atrasados del dominio imperialista. No vemos contradicción alguna entre ambas luchas, aunque tampoco creemos que sean idénticas. Esa es la razón por la cual apoyamos incondicionalmente la lucha del pueblo angoleño por su independencia nacional, aunque ello no signifique que las masas, directamente en ese momento, “apunten al socialismo”. La dinámica de la lucha de clases y nuestra intervención nos irán aproximando a la revolución socialista, pero esto será así a condición de seguir defendiendo la independencia nacional. Reflexionemos sobre la situación de Angola en concreto. ¿Acaso las futuras luchas que “apunten” hacia la instauración de “una sociedad socialista”, se verían facilitadas por la ocupación sudafricana o ésta iba a ser un colosal obstáculo adicional? ¿El espíritu de lucha de las masas (“de los obreros, la juventud y los campesinos”) que nos menciona Tony Thomas, ese espíritu de lucha sin el cual no se puede lograr la revolución socialista, podría haberse fortalecido si la independencia nacional recién conquistada a los portugueses se perdía a manos del ejército sudafricano?

En la combinación de tareas que enfrentaban las masas angoleñas, tal como sucede con los países coloniales, semicoloniales y atrasados, la importancia programática fundamental recae sobre las tareas democráticas burguesas, antiimperialistas y agrarias, no en las socialistas. Así ocurrió en Rusia, con la revolución agraria o la lucha por la república y el derrocamiento del zarismo. También en China, la independencia, la unidad nacional y el problema agrario fueron las tareas centrales. Igualmente esto sucedió en Vietnam y en Cuba, así como en todos los países coloniales y semicoloniales. Otra cosa es la dinámica de clase. Sólo la clase obrera es capaz de llegar al fin en el cumplimiento de estas tareas democráticas burguesas y de imponer las tareas socialistas que le corresponde exigir.

Hasta el informe del SWP sobre Angola, esto era el abc para un trotskista. Ahora parece que ya no es así. El programa de Tony Thomas para Angola es exclusivamente “socialista y clasista”. En cambio, hasta hace poco tiempo, la importancia fundamental para el SWP y la FLT en países como Angola radicaba en el programa democrático burgués de liberación nacional y revolución agraria. Pero se ha volatizado y sólo pertenece al pasado.

Programa democrático para Portugal y Estados Unidos; “clasista y socialista” para Angola

Hay que tener en cuenta la asombrosa contradicción existente en la política del SWP, puesto que ellos, para Portugal, país colonialista, planteaban un programa fundamentalmente democrático; en cambio, para Angola, exigen un programa “clasista y socialista”.

Por otra parte, para Estados Unidos, el otro gran teórico del SWP, George Novack, sostiene, apoyado aparentemente por todo su partido, que “el programa revolucionario” para lograr “la más decidida ofensiva de masas para el poder obrero y el socialismo” “como la mejor defensa de la democracia” debe tener como “pivote” “la confianza de las masas trabajadoras en sus propias organizaciones y movilizaciones independientes para proteger los derechos democráticos y extenderlos” (Democracy and Revolution, Pathfinder, 1971, p. 271).

¡Por fin! Thomas recuerda la lucha antiimperialista

Después del informe del compañero Thomas, como se acostumbra, el CN realizó una discusión sobre el tema. No se hizo conocer, pero al resumir, el informante parece que notó la profunda laguna de su documento, no sabemos si en reacción a ciertas críticas o por otra razón, y, por primera y única vez, mencionó, aunque de pasada, la necesidad de la lucha antiimperialista en Angola. Sin embargo, es preciso insistir y dejar en claro que la variación sólo apareció en el resumen (incluido en pp. 153-158 de este volumen) y no así en el informe oficial. “¿Qué pensamos que habría que hacer en Angola?”, se preguntaba. “Primero, llamar a la unidad de acción antiimperialista de las tres organizaciones nacionalistas junto con cualquier otra organización que exista en Angola. Las llamamos a unirse contra las distintas potencias imperialistas que han intervenido […] Proponemos lo mismo con respecto a Sudáfrica o a cualquier otra potencia imperialista que trate de intervenir.”

¿Cómo es esto? ¿No nos oponíamos en el informe a la “práctica de cada uno de los grupos nacionalistas”? ¿Cómo puede entenderse entonces una acción práctica conjunta con estos grupos en torno de una tarea política principal? ¿No quiere decir también que existe la posibilidad de una “práctica” común antiimperialista?

Sin embargo, no vamos a ser exagerados, dejemos a Thomas tranquilo. Nos parece suficiente que mediante el agregado incluido a última hora anule por completo todo el informe previo, puesto que en éste no figuraba por ningún lado, ni en primero ni en segundo ni en último lugar, el llamamiento “a la unidad de acción antiimperialista”. Por el contrario, se hacía especial énfasis en la lucha “clasista y socialista”, exclusivamente, y en oposición total a los movimientos nacionalistas. Por supuesto, comprendemos el enorme esfuerzo que Thomas ha hecho para recordar la lucha antiimperialista; sería injusto pasarlo por alto.

Para colmo, no hay con quién

Desafortunadamente, su nuevo llamado, aunque correcto, resulta peligrosamente ultrageneral y abstracto. Da la impresión que fue hecho por compromiso. Al fin y al cabo, ya sabemos que fue a último momento, después de afrontar la discusión de un día entero y para salvar la ropa antes de que se le incendiase. De todas maneras, convocar a las organizaciones nacionalistas a “unirse contra las distintas potencias imperialistas que han intervenido” y contra Sudáfrica, deja muchas cuestiones en el aire. ¿A quién hay que enfrentar y con quién hay que hacerlo? Es curioso ver, por ejemplo, como Thomas se niega sistemáticamente a precisar como enemigo principal al imperialismo yanqui.

Para colmo de males, Thomas y el SWP son indefinidamente abstractos en referencia a con quién enfrentar a Sudáfrica. Volatilizan este con quién en la invocación a “las tres organizaciones nacionalistas o de cualquier otra organización que exista”. No sabemos cómo en el llamamiento a la “unidad de acción” contra Sudáfrica, el SWP pudo guardar silencio ante la colaboración militar prestada por el FNLA-UNITA con la invasión sudafricana, mientras el MPLA la combatía. ¿Por qué esa negativa a ver y hablar claro? ¿Por qué ese afán de disolver en abstracciones el mérito y la “práctica” positiva del MPLA y la “traición” del FNLA-UNITA?

En pie de guerra contra la invasión sudafricano-yanqui

Para nosotros, orgullosos “arqueotrotskistas”, a partir del momento de la invasión, la presencia sudafricana-yanqui pasó a ser el principal enemigo del pueblo angoleño y el elemento fundamental para levantar nuestro programa, la política y las consignas a seguir. En este sentido, la consigna categórica era una sola: ¡Todos a la guerra contra el invasor sudafricano-yanqui hasta expulsarlo de Angola!

El SWP hubiera bajado a tierra, poniendo fin a sus incoherencias, al aceptar la prioridad de esta consigna en dos direcciones básicas:

• Primero, al señalar contra quién se debía llamar a la “unidad de acción”, precisando el nombre y apellido de las potencias que intervenían en enero de 1976, es decir, proclamando la “unidad de acción” antisudafricana y antiyanqui.

• Segundo, concretando con quiénes hacer la unidad antisudafricana. De esta manera se hubiera convocado a la “unidad de acción” con las organizaciones opuestas a la ocupación racista y no así con los traidores que la apoyaban. Era obligatorio, entonces, integrarse al ejército del MPLA, por ser el único que enfrentaba la invasión sudafricana, e igualmente afrontar la lucha contra el FNLA-UNITA (aliado de los racistas), haciendo un llamamiento a sus soldados con el propósito de provocar su deserción y su incorporación a la lucha antisudafricana.

Capítulo quinto

Una suma que resta o una suma que multiplica: una política mundial contra el imperialismo

La Cuarta Internacional, nuestro Partido Mundial para la Revolución Socialista, no podía conformarse con una política meramente angoleña frente a la guerra civil. Por el contrario, era indispensable procurarse una política mundial, internacionalista y proletaria.

Sin embargo, para nuestra sorpresa, el SWP no lo hace. Por eso no es casual la estructura del informe-resolución. En cuatro partes, totalmente separadas, nos presentaba consignas nacionales y tribales. La primera, para EE.UU.; la segunda, para los bakongos, mbumdus y ovimbundus; la tercera, para Sudáfrica; la cuarta y final, para Angola y Estados Unidos. En ninguna parte se planteó la política mundial, internacionalista, de movilización de las masas en todo el mundo, desde las europeas hasta las chinas, desde las latinoamericanas hasta las árabes y asiáticas, para enfrentar y derrotar al imperialismo en Angola.

La omisión es realmente grave si consideramos que el SWP es el líder de la FLT, una fracción mundial que abarca a militantes ingleses, españoles, colombianos, canadienses, australianos, etcétera. ¿No había una sola tarea común para ser llevada a cabo por todos estos militantes? Si existía, ¿cuál era y por qué el SWP no la propuso? Nosotros creemos que la Cuarta siempre tiene tareas mundiales para enfrentar las situaciones críticas del proceso revolucionario y esa es la razón de ser de su existencia.

En la primera guerra imperialista, si no recordamos mal, Lenin formuló dos consignas meridianas para el proletariado mundial: “el mal menor es la derrota del propio país imperialista” y “transformar la guerra imperialista en guerra civil”. Aunque no formulada con la misma precisión, pensamos que la política leninista-trotskista para una guerra entre un país imperialista y uno colonial, o semicolonial, puede sintetizarse en la consigna: “el bien mayor es la derrota del país imperialista y el triunfo del país o movimiento colonial atacado por el imperialismo”. De esta consigna estratégica mundial surgen las tácticas y consignas nacionales, adecuadas al nivel de la lucha de clases y la conciencia de las masas de cada país. En el imperialista opresor, por ejemplo, esas consignas pueden ir desde una exigencia para el regreso de las tropas imperialistas, hasta la ayuda económica directa al país colonial, y unidas a ciertos actos de sabotaje que nos ayuden a derrotar al imperialismo, según el grado de conciencia de las masas, para lograr “el bien mayor, la derrota de nuestro propio país imperialista”. En el colonial, nuestra intervención directa, como soldados de vanguardia, en la guerra anticolonial, manteniendo nuestra política independiente de la dirección burguesa o pequeñoburguesa que, inevitablemente, negociará o traicionará la guerra o su resultado.

Es cierto, el SWP exigió el retiro de las armas y de los mercenarios yanquis, como de las tropas sudafricanas de Angola. Eso estuvo muy bien, pero teniendo en cuenta nuestra conciencia internacionalista, la proyección política no podía detenerse allí. En cambio, nuestra política, y no así nuestras consignas para el país metropolitano, se concretaba en el llamamiento a la lucha por la “derrota de EE.UU.-Sudáfrica y el triunfo del MPLA y la República Popular de Angola en la nueva guerra colonial imperialista”. ¿Dónde lo dice el SWP? En ningún lado. Pero no le exijamos tanto. Pidámosle que solamente nos diga ¿en qué parte ha planteado una política de conjunto, mundial, para “expulsar a los EE.UU. y Sudáfrica de Angola”? Era importante, entonces, que las masas del mundo entero ayudaran al MPLA con el propósito de derrotar al ejército racista de Vorster? Indudablemente y entonces, ¿por qué el silencio? ¿Por qué no lo plantearon? Y si no, ¿por qué no explicaron sus razonamientos para lanzar esta consigna: “Contra la ayuda del movimiento de masas mundial, de Cuba, la URSS, de la izquierda, al MPLA que trata de derrotar militarmente al bloque FNLA-UNITA-EE.UU.-Sudáfrica?

Por más vueltas que le demos, siempre llegaremos al mismo punto: el SWP se ha limitado solamente a darnos una suma de tácticas y consignas nacionales y tribales, respecto al conflicto angoleño, jamás una política mundial para derrotar militarmente al imperialismo yanqui y sudafricano en Angola.

Vietnam fue un buen ejemplo

Para nosotros es doloroso confesar una vieja admiración por el SWP, especialmente por la política desarrollada para la guerra del Vietnam. Hemos vuelto a releer su prensa y sus resoluciones con el propósito de comprobar la certeza de lo que hemos aseverado. Las pésimas condiciones de legalidad en nuestro país nos impidieron terminar esa relectura, pero, hasta donde supimos, la política del SWP no correspondía con los lineamientos que hemos enumerado. Por esa razón nos limitaremos a presentar nuestra posición sobre cuál debió ser nuestra política en la guerra vietnamita.

Para movilizar al movimiento obrero y de masas de EE.UU. contra la guerra colonial era necesario comprender su atraso político. Por esta razón, en el caso de la guerra de Vietnam, el SWP formuló sabiamente sus consignas, “Fuera de Vietnam, ahora” y “Que vuelvan los soldados a casa, ahora”. Por supuesto, la justeza de estos planteamientos movilizaron a millones de personas.

Sin embargo, una consigna nacional, por justa que sea, no puede remplazar una política y estrategia mundiales. Por ejemplo, las dos famosas consignas del SWP eran correctas, siempre que se enmarcaran en una política global verdaderamente internacionalista y trotskista. De esta manera, debían constituir la adaptación táctica y de agitación, al nivel de conciencia de las masas norteamericanas, de la consigna mundial y estratégica: “Por la derrota de EE.UU. Por el triunfo total del FNL vietnamita”.

Si el nivel de conciencia de las masas norteamericanas hubiera sido más elevado, las consignas apropiadas para su movilización habrían sido otras, tales como sabotajes, deserciones en masa, negativa de los soldados a embarcarse, apoyo a la victoria del FNL, ayuda económica y militar al FNL en lucha contra nuestro país imperialista, etcétera.

Algunos compañeros de la TMI criticaron duramente al SWP por no levantar en EE.UU. la consigna “Victoria del FNL”. Estaban en un error porque identificaron la política internacional con la táctica y las consignas nacionales. No comprendieron que, dado el nivel de la conciencia de las masas norteamericanas, la expresión “que vuelvan los soldados” era la mejor consigna para encontrar su respaldo contra la guerra colonial y ayudar así al triunfo del FNL. Se argumentó que prioritariamente la consigna estaba dirigida a la vanguardia y no a las amplias masas. Obviamente, le falta peso y razón, porque las consignas se lanzan a los movimientos de masas. Así como la de “Victoria del MPLA, derrota de EE.UU.-Sudáfrica”, la consigna mundial y estratégica “Victoria del FNL, derrota de EE.UU. “ es de masas, porque abarca en su conjunto las masas vietnamitas, las decisivas y fundamentales, hasta las coloniales y de los países obreros, incluyendo las metropolitanas. A escala mundial no es vanguardista, sino de carácter masivo, aunque no se pueda aplicar, de modo directo, como movilizadora de masas en algunos países imperialistas, principalmente en EE.UU., por el atraso de sus trabajadores.

Es decir, la consigna para EE.UU., “que vuelvan los soldados a casa, ahora”, correspondía a una acertada táctica nacional porque tenía en cuenta el nivel de conciencia, como parte de la estrategia y consigna de nuestro partido mundial: “por la victoria del FNL, por la derrota de EE.UU. en la guerra vietnamita”. El SWP, como partido trotskista integrante de un partido mundial, o por lo menos como organización simpatizante, dadas las leyes reaccionarias de ese país, tenía que dejar bien claro que su consigna nacional era una táctica que formaba parte de la política de la Cuarta Internacional de apoyo militar y material al FNL para que derrote al imperialismo yanqui. Si no se actúa así, se corre el peligro de caer en el pacifismo: denunciar al propio imperialismo y estar contra la guerra, cuando en realidad nosotros debemos estar a favor de la guerra del FNL y por la derrota del propio imperialismo. Como diría Trotsky, si pudiéramos lucharíamos con las armas en la mano contra nuestro propio imperialismo y a favor del pueblo colonial.

Capitulo sexto

¿Se oponía el SWP a la ayuda cubana?

Es difícil entender, sin tener una visión internacionalista y proletaria, la importancia de la ayuda militar cubana al MPLA. Un país pequeño, ubicado en pleno Caribe, frente al monstruo imperialista, lleva sus tropas hasta un lejano país de otro continente. De nuevo, el SWP cometió una grave equivocación, precisamente por su incapacidad para definir una política mundial. Esto explica su lamentable silencio en torno al envío de las tropas cubanas que participaron en la liberación de Angola.

¿La presencia sorprendente de Cuba fue positiva o negativa para el avance de la revolución negra en Angola y África? ¿Este hecho histórico no tiene para el SWP ninguna trascendencia? ¿Es un problema ajeno a sus preocupaciones? Miles de combatientes cubanos se jugaron la vida en un país desconocido y lejano, en apoyo al MPLA. Sin embargo, pareciera que para el SWP esto no tuvo ninguna importancia, ya que apenas lo comentó o hizo ligeras referencias. Tal vez sea necesario rendir homenaje a la “personalidad” de la nueva dirección del SWP, puesto que ha sido la única organización de izquierda en el mundo entero que no se ha pronunciado categóricamente sobre este acontecimiento que conmovió la política mundial. En compensación, el informe-resolución del SWP sobre Angola dedica un breve subcapítulo a la “Intervención cubana”.

En el subcapítulo que hemos mencionado, en realidad se dice muy poco de Cuba y fundamentalmente gira en torno a la URSS. “La intervención de Cuba, que según los informes tiene alrededor de cinco mil soldados en Angola, es subsidiaria de la intervención de la URSS. Por razones diplomáticas, Moscú prefiere no enviar tropas soviéticas. Desde el punto de vista cubano, esta acción podría ser valorada como una demostración de oposición al imperialismo. “ En Lobito, el 5 de noviembre de 1975, dos meses antes que el SWP aprobara esta frase, los cubanos lucharon contra el ejército blanco de Vorster para impedir que éste tomara la ciudad. Desde nuestro punto de vista —no desde el del gobierno de Fidel Castro—, ¿es o no esta intervención cubana de “oposición al imperialismo”? ¿Sí o no, compañeros del SWP? Si ustedes lo aceptan así, por qué entonces vuestra resolución no lo dice y no llega a ninguna conclusión válida. Si no comparten tal colaboración internacionalista, ¿por qué no han expresado su oposición y han exigido el retiro, explicándonos la parte negativa del enfrentamiento militar de los cubanos a los sudafricanos para la lucha antiimperialista? En realidad, su actitud evasiva es un verdadero crimen político porque los ha llevado a lavarse las manos; sin embargo, continúan bastante sucias. Respecto de la colaboración soviética, tampoco el SWP define su posición y mediante una serie de generalidades y abstracciones trata de descalificar este apoyo. “La intención del Kremlin al otorgar ayuda militar y diplomática al MPLA no es la de ayudar a las masas angoleñas, sino la de comprometer al régimen del MPLA con Moscú…” “¿Creemos, acaso, que Cuba y la URSS son más ‘progresivas’ porque apoyan a una fracción nacionalista pequeñoburguesa, mientras que Pekín y Pyongyang apoyan a otra fracción igualmente pequeñoburguesa?” El 27 de febrero de 1976, terminada la guerra The Militant, por boca de uno de sus dirigentes, decía que la Unión Soviética y Cuba han estado equivocadas en apoyar a un lado contra el otro en la guerra civil angoleña…” Esto en la realidad significaba el triunfo de la invasión sudafricana, ya que sin la ayuda ruso-cubana el MPLA habría sido completamente derrotado.

En enero y febrero de este año, podemos comprobarlo con sus mismos textos, para el SWP era igualmente criticable el apoyo al MPLA por parte de la URSS-Cuba, que al FNLA-UNITA por parte de Pekín. Ellos parecían colocarse por encima de la guerra civil y no les interesaba que las armas dadas al MPLA sirvieran para defender a Angola de la invasión Sudafricana-yanqui, mientras que las proporcionadas al FNLA-UNITA vigorizaban la invasión.

O sea que, de la misma manera que faltó absolutamente una consigna antiimperialista, en el informe no hubo claridad respecto de la colaboración soviético-cubana. En el cierre, el informante trata de superar el silencio o la crítica implícita a esa ayuda, anotando: “Si la Unión Soviética deja de enviar armas al MPLA, ¿sería eso un paso adelante para la revolución angoleña? No, ¡envalentonaría al imperialismo!” Es poco, pero lo tienen en cuenta, sin embargo, se mantiene el silencio sobre el envío de tropas cubanas. De todas maneras, la cita no es en sí misma una política, es un comentario periodístico que prevé el mal menor. Es una simple acotación.

Desafortunadamente, sin volvemos obsesivos, tenemos que arribar al mismo punto: la falta de una política de apoyo militar al MPLA a escala mundial, así como no la tuvo a escala angolesa o sudafricana para enfrentar la nueva colonización imperialista. No se trataba de investigar hasta dónde llegaría la ayuda soviética y cubana; urgía tener una política mundial, así como la hubo frente a la guerra de Vietnam. Para esa guerra, nosotros, los trotskistas, le exigimos a la URSS y a China que ayudaran cada vez más al FNL. Si el SWP en su otra resolución sobre Angola —y algunos de sus dirigentes en sus escritos— catalogaron la guerra angolesa como casi idéntica a la vietnamita, ¿por qué no plantearon la misma línea de apoyo mundial al MPLA, que al igual que el FNL vietnamita, combatía a las fuerzas imperialistas? ¿Por qué no criticaron a la URSS —tal como sucedió durante la guerra de Vietnam— por la insuficiente ayuda al MPLA? Y todos estos argumentos no debían ser óbice para ocultar nuestro análisis de la política burocrática del Kremlin y de la dirección del MPLA, pero esas criticas debían ser hechas dentro del apoyo a la justa guerra del MPLA al imperialismo y sus aliados nacionales, y desde el justo y colosal apoyo de la URSS y Cuba a esa valerosa guerra. Dicho de otro modo, en lugar de asumir poses de comentaristas histéricos, debimos ser la vanguardia en la ayuda al MPLA a escala mundial, en el frente único que el SWP debió haber hecho con la URSS y Cuba para respaldar la lucha del MPLA contra las hordas racistas de Vorster y los aliados negros. El SWP debió haber actuado al revés de como lo hizo. Su obligación era haber convocado a las masas del mundo entero, incluidos los estados obreros, para respaldar militarmente al MPLA y derrotar al imperialismo. Al no hacerlo se quedó a la retaguardia, por detrás de la burocracia soviética y de Fidel Castro, quienes, con sus métodos negociadores y burocráticos, supieron ser más consecuentes y positivos que el SWP para contribuir al gigantesco triunfo antiimperialista del MPLA.

Capitulo séptimo

Un convidado de piedra: el movimiento negro internacional

La errónea falta de una política internacional para enfrentar al imperialismo en Angola, tuvo su máxima expresión en el desconocimiento total, por parte del Socialist Workers Party, del movimiento negro a escala mundial. Para elaborar una política revolucionaria sobre Angola era necesario remitirse al marco de una política general, que comprendiera el desarrollo del movimiento negro en el mundo. Angola es, justamente, un eslabón dentro de ese proceso revolucionario, común de todos los negros del mundo contra el racismo y la explotación blanca. Sin embargo, el SWP no ha visto este problema ni en sueños; no ubicó la guerra civil angoleña dentro del proceso revolucionario negro y contrarrevolucionario blanco e imperialista en todo el mundo. Lo consideró un caso aislado, por lo tanto, no planteó una política para desarrollar la revolución negra en el mundo, en África y en la República Sudafricana, que enfrentara la agresión racista e imperialista.

Nuestra consigna (¡Todos a la guerra contra el invasor sudafricano-yanqui!) y nuestra política (Por la “derrota de Estados Unidos-Sudáfrica y el triunfo del MPLA y la República Popular de Angola en la nueva guerra colonial imperialista”) hubieran sido incompletas, y en breve tiempo equivocadas, si no las enmarcamos en un contexto internacionalista (¡Que las masas negras de todo el mundo se movilicen para impedir las maniobras del fascista Vorster y del imperialismo yanqui en contra de Angola y del MPLA negro!).

El SWP no convoca el apoyo de los negros norteamericanos a sus hermanos de raza del MPLA

En la resolución e informe de Tony Thomas —nuestro obligado punto de referencia—, no figura ningún llamado específico al movimiento negro de Estados Unidos en defensa de sus hermanos de raza del MPLA, amenazados por el imperialismo yanqui y por los racistas sudafricanos de Vorster. Sin embargo, en la otra resolución, ¡Estados Unidos fuera de Angola!, hay un largo comentario referido a los negros norteamericanos.

“Los norteamericanos negros en particular no quieren tener nada que ver con la política bélica de Ford. El gobierno norteamericano ha llevado a cabo una constante guerra contra la lucha por la liberación de los negros en África y en Estados Unidos. Los negros norteamericanos saben mejor que nadie que la política de Washington es completamente racista. ¿Por qué van a creer la retórica de Ford acerca de la defensa de la democracia en África, cuando ven que el gobierno de los EE.UU. se niega a implementar sus propias leyes sobre la “desegregación” en su propio país?

“¿Por qué van a creer que la CIA está luchando por la libertad en Angola, cuando saben que Estados Unidos conspiró contra la vida de Patrice Lumumba, el dirigente rebelde congolés, así como había conspirado para desorganizar y destrozar el movimiento por la liberación de los negros en este país?

“¿Por qué van a apoyar los gastos de millones de dólares para la guerra en Angola, mientras que los servicios sociales que necesitan urgentemente las comunidades negras son recortados?”

La otra referencia al movimiento negro viene al final del llamamiento hecho por el SWP: “El movimiento obrero, las comunidades negras, las universidades y las secundarias, deberían ser ahora los círculos de discusión, educación, y acción contra la guerra. “ Para finalizar, citemos las tres consignas fundamentales expuestas por el SWP. Primera: “¡No a la guerra secreta! ¡Que el pueblo norteamericano sepa toda la verdad acerca de la intervención de los Estados Unidos!”. Segunda: “¡Ni un centavo para la guerra, ni un soldado para Angola!”. Y última: “¡No más Vietnam! ¡Fuera de Angola!”.

Hemos sido tal vez exagerados en la extensión de las citas anteriormente hechas, pero fue deliberado para mostrar, con toda claridad, cómo el Socialist Workers Party en ninguna de sus dos resoluciones hizo un llamamiento específico a los negros de Estados Unidos, como parte del movimiento negro mundial. Se limitó, escuetamente, a una descripción de las razones por las cuales los negros no podían apoyar a Estados Unidos, pero de esa descripción no llegó a ninguna propuesta concreta y delimitada con el propósito de avivar la solidaridad de raza.

En los dos documentos no hay un solo llamado que sostenga lo siguiente: “Negros de Estados Unidos, ustedes son tan explotados como los negros angoleños por el imperialismo y el racismo, por esta razón tienen una tarea común y de fundamental importancia. Ustedes sufren esa explotación, que el resto del pueblo norteamericano no sufre y, por lo tanto, tienen una hermandad de lucha específica, presente, inmediata, en tanto que los otros sectores no están afectados directamente. “ Es decir, los negros norteamericanos son parte del movimiento negro mundial y como tal tienen que actuar. Este agudo error se hace más grave y culposo al no denunciar públicamente, ante los negros norteamericanos, que el imperialismo y el racismo atacaban al MPLA, y que ellos formaban una columna militar común con dos movimientos negros nacionalistas traidores. Era necesario hablar claro; afirmar, por ejemplo, que el racismo y el imperialismo no atacaban al FNLA-UNITA. O sea, no estaba en juego una cuestión fraccional ni discusiones sobre programa, sino un hecho militar concreto, el cual fue ocultado por el SWP. Es decir, el SWP, por un lado, no consideró a las masas negras norteamericanas como parte de la revolución negra del mundo entero, y en segunda instancia, no le permitió a las masas negras norteamericanas conocer la verdad. No levantó, pues, la bandera de la solidaridad racial con el MPLA negro, brutalmente atacado por el ejército sudafricano. Ni tampoco proclamó la defensa incondicional de este movimiento, enfrentado al criminal racismo blanco.

Por la Federación de Repúblicas Negras del Sur de África

No obstante, esta propuesta resulta incompleta si no agitamos, ahora mismo, la gran consigna transicional que unifica la revolución negra: “¡Por la unión de los estados del sur de África en una gran Federación de Repúblicas Socialistas Negras! ¡Qué esta Federación sea parte de la Federación Socialista Negra Africana!

El CN del SWP no ha tomado en cuenta para nada esta formidable consigna de la unidad de todos los nuevos estados negros en una federación para evitar la dispersión frente al imperialismo. Tampoco observó la intima vinculación de esta política con el conflicto angoleño, a través de múltiples lazos. Por lo demás, es la única consigna que nos permite desarrollar la revolución negra existente, más allá de las fronteras que le quieren imponer los distintos sectores burgueses y pequeñoburgueses enriquecidos dentro de cada república, defensores a muerte de esta rápida apropiación burguesa y burocrática dentro de cada estado nacional Entronca, por otra parte, con el sentimiento revolucionario antiimperialista de todo el pueblo negro del sud de África y del continente del mundo, que se siente parte de un movimiento antirracista único, de carácter continental, el cual supera las divisiones políticas impuestas por los blancos cuando colonizaron el continente. Es la única política que puede dar respuesta al problema tribal y cultural, ya que los “países” africanos conservan las fronteras de las antiguas colonias y abarcan a varias tribus; éstas, a su vez, desbordan las fronteras “nacionales” (los bakongos, por ejemplo, están desparramados en tres “países” distintos).

En este sentido, la Federación de Repúblicas dejaría a libre voluntad de cada tribu el constituirse en República Federada, permitiendo, de esta manera, defender y desarrollar el rico patrimonio cultural y étnico de las diferentes tribus. Thomas trataba de resolver el problema de los bakongos dentro de las mismas fronteras angoleñas, mediante el “derecho a la autodeterminación y la secesión”, pero la única respuesta cierta no consiste en darle libertad a la tribu citada para decidir su separación, sino la posibilidad de unirse a los bakongos de las otras dos repúblicas en una sola nación federada. Es obvio que la integración de esta Federación permitiría un colosal desarrollo de las fuerzas productivas y transformaría al África negra en una potencia mundial, en lugar de un conjunto desunido de republiquetas, fácil juguete de las naciones imperialistas, así como sucede con nuestros países latinoamericanos desde hace más de un siglo. Eso explica la política “tribalista” del imperialismo, porque alienta las divisiones. Es la vieja historia de dividir para reinar.

Un acierto de esta consigna cardinal es la utilización de las ventajas del atraso, como es la reciente estructuración de los modernos estados burgueses africanos, su indefinida consolidación, unido con el avance cada vez mayor de la revolución negra continental. El triunfo del MPLA sobre los racistas le ha dado un significativo impulso al movimiento negro en el sur de África, propiciando que nuestra consigna sea factible e inmediata para la acción y la agitación, sin tener la obligación de superar mayores obstáculos en la conciencia de las masas, ya que cuenta en ellas con una fuerte aceptación. Nuestra consigna es profunda mente antiimperialista y de consecuencias transicionales y socialistas, puesto que se opone a las burguesías y pequeñas burguesías negras de cada estado. Esto nos demuestra una vez más que sólo la clase obrera, acompañada de las masas plebeyas del campo y la ciudad, es capaz de desarrollar el proceso revolucionario que requiere su logro.

El conflicto angoleño tiene que ver directamente con la consigna expuesta por nosotros. Los racistas y los yanquis intervinieron en Angola, en última instancia, para frenar el proceso de revolución permanente del movimiento negro de todo el continente. No cabe duda, entonces, que la consigna suprema de ese movimiento, aquella que combina todas las luchas y todas las necesidades, la única vigente para enfrentar el movimiento negro del sur de África y de este continente a la invasión sudafricana en Angola, no es otra que ¡Viva la Federación de Repúblicas Socialistas del África Negra!

Ni una palabra para los negros sometidos por Vorster

Además, era necesario avivar la hermandad entre el pueblo negro sudafricano y angoleño, puesto que los unía un interés común: la derrota de su más inmediato enemigo, el fascista Vorster.

Como ya hemos visto, la resolución-informe del CN del SWP jamás invitó a las masas angoleñas y sus organizaciones a “la unidad de acción” para expulsar a Sudáfrica fuera de Angola. Tampoco convocó a las masas africanas para la misma tarea. Nos quedaba la esperanza que, por lo menos, llamara a las masas negras sudafricanas a luchar contra el régimen racista y por la desocupación de Angola. Pero no, el desprecio político del SWP por los negros sudafricanos, amplia mayoría de la población de esa República “blanca”, es enciclopédico: no los mencionan en toda su resolución. ¿Es que Tony Thomas, Joseph Hansen y Jack Barnes no tenían nada que decirle al pueblo negro de Sudáfrica, brutalmente perseguido y reprimido por el régimen racista de Vorster con el propósito de impedir la invasión de Angola? ¿Qué clase de internacionalistas y antirracistas son?

Para ser consecuentemente trotskista e internacionalista, el documento del SWP hubiera necesitado de un párrafo como el siguiente: “Negros de Sudáfrica, el siniestro gobierno racista blanco de Vorster ha invadido la reciente república independiente negra de Angola. Los racistas no quieren que ustedes y sus hermanos de raza de Rhodesia sigan el ejemplo de Angola y Mozambique provocando la derrota de los dos últimos regímenes blancos. Por eso Vorster invade Angola con su ejército en apoyo de FNLA-UNITA, grupos nacionalistas traidores que le han abierto las puertas de par en par para propiciar nuevamente la colonización de su propio país. ¡Debemos evitarlo! ¡Todos juntos a la lucha con el MPLA! ¡La derrota de Vorster será el comienzo del fin del régimen racista en Sudáfrica y el triunfo de vuestra república negra!

Capitulo octavo

La doble cara del nacionalismo desenmascara el sectarismo

“Nuestra posición respecto de la guerra civil entre los grupos nacionalistas angoleños —dice el informe de Tony Thomas— puede resumirse de la siguiente manera: 1) los tres grupos están a favor de colaborar con el imperialismo y se oponen a la movilización obrera y a cualquier auténtica lucha por el socialismo; 2) los tres tratan de exacerbar la hostilidad entre las principales nacionalidades de Angola; 3) al mismo tiempo, cada uno posee una verdadera base de masas y ha desempeñado un papel importante en la lucha por la independencia”. En lugar de formular un juicio dialéctico, fundamentado en las igualdades y diferencias, así como en la dinámica engendrada por esas contradicciones, este “resumen” final trata de resaltar aquellos factores que identifican a los movimientos nacionalistas e ignora sus diferencias. Todo es idéntico (y, además, eterno e inmutable). Dentro de su estólido mecanicismo, el hecho de que dos movimientos respalden la invasión racista-imperialista mientras que el otro luche contra ella, les parece simples “minucias”. Sin embargo, la apreciación más grave en el “resumen” del informante es aquella que parece una hazaña de Houdini. ¡Nada menos que hacer esfumar, abstraer, a EE.UU.-Sudáfrica! El SWP se esfuerza por demostrar en ese informe que la guerra enfrenta a tres movimientos nacionalistas y no así a dos bandos militares, uno colonial y otro anticolonial.

Por eso, aun desde el punto de vista meramente descriptivo, no marxista, el “resumen” es deplorable. Se “olvida” de señalar lo que cualquier lector puede desprender de la prensa diaria o de las mismas publicaciones del SWP. O sea, que en una de las trincheras de la guerra civil luchaban juntos miembros del UNITA-FNLA, mercenarios yankis y soldados sudafricanos, formando el bando colonizador con armas norteamericanas; mientras en las trincheras de enfrente peleaban, codo a codo, soldados del MPLA y cubanos, con armas soviéticas, formando el bando anticolonial.

En sus intentos por esconder la verdad, pasaron por alto las mismas aseveraciones de Thomas, quien aseguró que el FNLA y la UNITA habían formado un “bloque militar con Sudáfrica”. La guerra era entre dos bloques, en enero de este año, y no entre tres movimientos nacionalistas. ¿De qué manera definía el SWP los dos bloques? ¿Qué caracterización le damos al bloque militar sudafricano-FNLA-UNITA con referencia al del MPLA-Cuba? ¿Fraternal o colonial?

Las generalidades presentadas en el informe no sirven para caracterizar o “resumir” el hecho concreto de la guerra y el rol de cada uno de los movimientos en ella. Es “verdad” que los tres grupos nacionalistas —como todo movimiento nacional habido y por haber— están a favor de colaborar con el imperialismo, aplicar medidas antiobreras, etcétera; además, poseen sus respectivas “bases de masas”. Pero, si son iguales e idénticos, como afirma Thomas ¿por qué se pelean? El “resumen” no explica por qué están embarcados en una guerra civil ni cuáles son las razones del imperialismo para apoyar a unos contra otros.

¿Qué hubiera dicho Trotsky?

Con el método del SWP, en la guerra civil china de 1925-27 habríamos asegurado que el bando de Chiang Kai-shek era igual al de los señores de la guerra. En el conflicto español de 1936-39, habríamos igualado los bandos franquista y republicano. Todos estaban a “favor de colaborar con el imperialismo” y se “oponían a la movilización obrera y a la lucha por el socialismo”.

Pero el razonamiento de los bolcheviques y de Trotsky era dialéctico y concreto, no como el del SWP. En el primer caso ellos no vacilaron en apoyar al bando de Chiang; en el segundo, a los republicanos. En cada una de esas guerras civiles supieron ver las igualdades de los bandos, pero también las desigualdades que explicaban la guerra. Sin embargo, precisaron que Chiang “estaba a favor de colaborar con el imperialismo” porque representaba la dirección burguesa proimperialista del movimiento de masas que combatía a los señores de la guerra, agentes militares del imperialismo. Y si bien, tanto Franco como los republicanos eran “agentes del imperialismo”, el primero constituía el agente fascista, mientras que los segundos eran sus agentes democrático burgueses, razón por la cual peleaban en distintos bandos en la guerra civil española. ¿Qué hubiera dicho Trotsky, entonces, en enero de 1976, respecto de Angola? Ciertamente las direcciones del MPLA y del FNLA-UNITA son igualmente reformistas y neocoloniales, pero el primero enfrentaba al ejército sudafricano-yanqui con las armas, mientras que los segundos colaboraban militarmente con él. He ahí la “pequeña” diferencia que nos lleva a determinar nuestra política de apoyo militar a uno de los grupos.

Los tres mosqueteros del nacionalismo

El “resumen”, nos presenta como concepto clave la igualdad de los tres grupos nacionalistas, porque “los tres están a favor de colaborar con el imperialismo”. Es el argumento que lleva al SWP a definir la guerra como fratricida.

Aunque parezca reiterativo, es preciso recordarlo. El 5 de noviembre de 1975, el ejército sudafricano, aliado al FNLA-UNITA, ocupaba Lobito, la segunda ciudad de Angola, como consecuencia de su victoria sobre el MPLA y sus aliados, los cubanos. Si un periodista del SWP, por ejemplo, Ernest Harsch, hubiera estado en Lobito en el momento del combate y se hubiera encontrado con un soldado negro, ¿qué le habría dicho? Tal vez que FNLA, UNITA y MPLA son como gotas de agua, idénticas. Si el combatiente, hubiera sido una persona paciente, cosa difícil en tal situación, le habría propuesto que se disfrazara de soldado sudafricano o de mercenario yanqui con el propósito de pasearse frente a un destacamento de FNLA-UNITA y luego ante uno del MPLA, y comprobar así cuál era la bienvenida. “Eso sí, hágalo en ese orden, caso contrario, no podrá hacer la prueba completa, porque los primeros lo recibirán como a un salvador, mientras los segundos lo van a acribillar a balazos. ¿Después de esto, sigue creyendo que los tres grupos, o sus soldados, tienen la misma política frente a los invasores sudafricanos o los mercenarios de la CIA?”

Como jueces supremos

En su oportunidad, el SWP y nosotros coincidíamos en que la Tendencia Mayoritaria Internacional (TMI) juzgaba a los movimientos nacionalistas con una metodología ultraizquierdista y sectaria. En lugar de valorar a un movimiento nacionalista, feminista o democrático por sus objetivos y dinámica, su único ángulo de mira era el carácter obrero y socialista del mismo. Se parecían enormemente al maoísmo, que divide a los movimientos en obreristas, socialistas o contrarrevolucionarios.

El método trotskista analiza a cada movimiento por su carácter. Feminista, en relación a las tareas inmediatas de la liberación de la mujer; democrático, refiriéndolo a la ampliación de los derechos democráticos o a su defensa; nacionalista, según su relación con el imperialismo.

En el caso que nos ocupa, creemos en una actitud relativamente progresiva cuando un movimiento nacionalista lucha contra el imperialismo; y lo consideramos reaccionario, en cambio, cuando pacta o colabora con él. Es decir, nuestro patrón para enjuiciar a un movimiento nacionalista es la lucha antiimperialista, no la del movimiento obrero y socialista. Esta última constituye un elemento de decisiva importancia para completar nuestra caracterización y elaborar una política, pero no es lo fundamental para definirlo. En este sentido, afirmamos que la posición de la Mayoría frente a los movimientos nacionalistas angoleños, durante parte del año 1976, fue ultraizquierdista y obrerista. Al caracterizar al MPLA como más progresista que FNLA-UNITA, debido a su mayor ligazón con el movimiento de masas y obrero, ocultaban un elemento fundamental: su relación con el imperialismo portugués, el principal enemigo de las masas angoleñas en esas circunstancias. Esa relación determinaba que el MPLA fuera el grupo más reaccionario en ese momento, a pesar de sus relaciones con el movimiento sindical y de sus formulaciones socializantes.[2]

El SWP cometió el mismo error metodológico después de marcharse los portugueses, aunque sus conclusiones fuesen opuestas. Para Gabriel, como para el SWP luego, la clave de nuestra política estaba centrada en la guerra civil entre los movimientos nacionalistas. De aquí, Gabriel llegó a la conclusión de apoyar al MPLA durante la guerra civil y no llevar, en cambio, la lucha contra los portugueses hasta sus últimas consecuencias. Por su parte, el SWP consideró conveniente abstenerse de intervenir en la “guerra fratricida” y que, por lo tanto, no había que luchar hasta el fin en contra de la ocupación sudafricana. Una política oportunista caracterizaba la primera posición, mientras que la segunda era sectaria y abstencionista, pues se negaba a combatir al principal enemigo del momento; pero ambas, en última instancia, tomaban como principal elemento de su política la guerra entre los movimientos nacionalistas y no la guerra anticolonial.

Los movimientos nacionalistas y el imperialismo yanqui

Tony Thomas se esfuerza por demostrar que FNLA-UNITA no son títeres del imperialismo, a pesar de las acusaciones del MPLA. Aunque previene sobre un posible cambio transformador de tal caracterización, el informe está dedicado a comprobar que los dos grupos no pueden ser agentes del imperialismo en virtud de su carácter de movimientos nacionalistas de masas. Para nosotros no existe una contradicción tajante entre los conceptos “agente del imperialismo” y “movimiento nacionalista de masas”. Por el contrario, la experiencia histórica ha demostrado que existe una ligazón estrecha y, por regla general, todos los movimientos nacionalistas están condenados a transformarse, tarde o temprano, en agentes del imperialismo.

Ejemplos no faltan: el peronismo en Argentina; el nasserismo en Egipto; en Bolivia con el MNR y en Perú con el APRA; el Kuomintang en China, que desde 1927 se transformó en sangriento agente imperialista, y hasta hace pocos años era el único movimiento chino reconocido por EE.UU.

La caracterización de Thomas es correcta, pero su conclusión final es falsa, justamente porque UNITA, FNLA y MPLA son movimientos nacionalistas de masas; es necesario seguir su política muy de cerca con el fin de darse cuenta cuando dejan de ser tales para convertirse en socios, luego agentes y por fin títeres del imperialismo. La dirección del SWP debe elevarse de la concepción metafísica (porque son movimientos de masas no pueden ser títeres del imperialismo) a la dialéctica (porque son movimientos de masas nacionalistas reformistas están condenados a transformarse en agentes del imperialismo en algún momento de su desarrollo). Dicho de otra manera, los marxistas revolucionarios debemos saber precisar cuándo un movimiento nacionalista se transforma (de relativamente progresivo) en contrarrevolucionario, agente de la colonización.

La diferenciación es tanto más necesaria en estos momentos, puesto que el imperialismo ha cambiado sus tácticas respecto a la primera preguerra. El imperialismo europeo, a fines del siglo pasado, y el yanqui, a principios de éste, colonizaban a los países atrasados mediante la ocupación militar de los mismos. En la actualidad, el imperialismo norteamericano prefiere utilizar a partidos y movimientos nacionalistas locales para efectuar su penetración. Tenemos el caso de la frustrada invasión a Cuba (Bahía Cochinos, 1961), armada y financiada por el Pentágono y la CIA, aunque los combatientes eran cubanos.

Dado que esa es la política del imperialismo, nos debemos preguntar: ¿cuáles son los grupos que el principal enemigo imperialista —EE.UU.-Sudáfrica— visualizaron como sus posibles agentes para la dominación total del país? No puede caber la menor duda: UNITA y FNLA.

El FNLA y la UNITA

Como buenos marxistas, debemos precisar en qué momento, a través de qué hecho, UNITA y FNLA se transformaron de movimientos nacionalistas en socios del imperialismo. Algunos dirigentes de la TMI sostienen que el FNLA fue siempre un agente del enemigo, puesto que Holden Roberto, su máximo dirigente, desde el comienzo estuvo vinculado a EE.UU. y recibió su ayuda. Otro dirigente de la TMI, Livio Maitan, ha refutado este argumento. Es imposible hacer una interpretación policial de los movimientos de masas ni se les puede caracterizar únicamente en base a la ayuda que reciben del imperialismo yanqui. Durante muchos años, el FNLA combatió militarmente al imperialismo portugués, dominante en Angola. El hecho de mantener buenas relaciones con el imperialismo yanqui, no dominante en esos momentos, señalaba solamente el carácter de su dirección. Bajo la dominación portuguesa, el FNLA se caracterizó por ser el movimiento nacionalista más consecuente y progresivo. Rechazó acuerdos y maniobras con el ejército invasor que el MPLA esbozó. El cambio se produjo entre agosto y el 11 de noviembre, desde que el dominio portugués se convierte en nominal y sus tropas dejan de luchar; en ese instante el principal enemigo pasa a ser el imperialismo yanqui y el ejército racista sudafricano. Tony Thomas no se equivoca cuando sostiene que el FNLA y UNITA formaron un “bloque” militar con Sudáfrica. Ese fue el salto cualitativo que nos llevó —y que debió haber llevado al SWP— a cambiar de caracterización: de combatientes contra el imperialismo dominante portugués, se transformaron en aliados militares del nuevo imperialismo colonizador yanqui y su socio, Sudáfrica. De ninguna manera tratamos de insultar a los dos movimientos nacionalistas, sino mostrar el proceso objetivo de su decadencia y degeneración. Utilizamos el término “aliados militares” en lugar de “títeres” para trazar una distinción. Es posible que, a fines de 1975, UNITA y FNLA aún no hayan sido esto último, sino que se encontraban en un proceso contradictorio de degeneración por etapas, de las cuales, con seguridad, habían cumplido la primera, transformándose en aliados militares del imperialismo.

No estar de acuerdo con esta definición marxista de FNLA y UNITA lleva a la siguiente cuestión: ¿Cómo definir a los movimientos nacionalistas que “forman un bloque” militar con el principal enemigo de las masas angoleñas y le ayudan a colonizar e invadir el país? ¿Son acaso verdaderos movimientos nacionalistas de masas? Si es así, ¿cómo define el SWP al MPLA, enfrentado militarmente a la ocupación con ayuda soviética y cubana? ¿No existían ya, durante la invasión sudafricana, diferencias demasiado profundas para poner entre ellos un signo igual, como lo hace el SWP?

Pasado y presente del MPLA

En este punto debemos reafirmar nuestro alerta metodológico. Creemos, entonces, en el carácter variable del MPLA, en tanto movimiento nacionalista reformista de masas, dado que siempre está expuesto a transformaciones. En ese sentido es necesario estar preparado para precisar cuáles son, en qué momento y en torno a qué hechos se producen, y, por lo tanto, modificar inmediatamente nuestra política en forma concomitante.

Tal como es su costumbre, Tony Thomas hace una observación aguda pero se niega a precisar las conclusiones. Señala la “colaboración” dada por el MPLA en el pasado al imperialismo portugués y confirma la formación, en la actualidad, de un “bloque” militar con Sudáfrica por parte del FNLA-UNITA. La primera conclusión, para nosotros, es que no es lo mismo “colaborar” a formar un “bloque” militar. En el primer caso es un vínculo más o menos laxo, se puede romper en cualquier momento; en cambio, la segunda relación es más firme, duradera y comprometida.

La otra conclusión tiene más significación y peso, puesto que en el momento de aprobar su informe, la “colaboración” MPLA-Portugal era cosa del pasado, aunque reciente, mientras que el “bloque” militar FNLA-UNITA-EE.UU.-Sudáfrica era un hecho presente, en plena acción.

Para Thomas es necesario hacer la denuncia de ambas actitudes. En nuestra opinión, eso no es suficiente. En Angola se había formado un bloque militar, no un frente electoral. Por lo tanto, así como a los bloques electorales los denunciamos y enfrentamos en el mismo terreno, de igual modo a un bloque militar, en plan de agresor e invasor, es indispensable denunciarlo y combatirlo en el terreno militar, armas en mano.

De nuevo, Thomas se equivoca en cuanto a la formación de bloques militares; no es uno sino dos, el otro era el del MPLA-Cuba-URSS, único opositor de la invasión imperialista. Ante el retiro de Portugal y la aparición del nuevo enemigo principal, el imperialismo yanqui y Sudáfrica, el MPLA se transformó de “colaborador” esporádico y relativo del imperialismo portugués en movimiento nacionalista progresista; mientras tanto, el FNLA-UNITA pasó a defender otras banderas.

Por supuesto, esto no significa que nuestra caracterización actual del MPLA sea la definitiva. Por el contrario, su pasado de colaboración con Portugal, además de las características generales que apuntamos para los movimientos nacionalistas, nos obligan a ser sumamente cuidadosos. Eso tampoco altera los hechos presentes, determinantes para nuestra política.

Sectarismo y oportunismo: dos caras de la misma moneda

Tony Thomas justifica su posición sectaria de no apoyar militarmente al MPLA, principalmente por la relación amistosa de éste con empresas multinacionales y el imperialismo. Cae en el error de disolver una situación concreta, la guerra, en problemas económicos y políticos. La guerra civil es un hecho específico que requiere una respuesta específica. Los fenómenos económicos y políticos son parte de una realidad contingente con la guerra, pero no la sustituyen. Es cierto, que el MPLA aceptó los millones de dólares adeudados por la Gulf Oil por concepto de regalías debido a la explotación del Cunene. Y eso está bien. Ha capitulado a la misma empresa, haciéndole concesiones, y eso está mal. Sin embargo, nuestra política se determina en torno de la invasión, la cual no fue llevada a cabo por la Gulf Oil, sino por el ejército sudafricano y el imperialismo yanqui, en colaboración con FNLA-UNITA, encontrando al MPLA como único adversario.

En el pasado, los sectarios de turno nos recordaban la trayectoria de Chiang Kai-shek o de Negrín-Largo Caballero para acusarnos de apoyar a esas direcciones porque estábamos por el triunfo de China contra el imperialismo japonés y de la República contra Franco. Ese es el contenido de la acusación hecha por Tony Thomas al PST, puesto que, desde su punto de vista, dar apoyo militar es respaldar la acción en términos políticos.

Los oportunistas invertían el mismo razonamiento: si apoyábamos a China contra el Japón, a la República contra Franco, debíamos respaldar políticamente a sus direcciones. Ambos, sectarios y oportunistas, son las dos caras de la misma moneda, que confunde la lucha política con la lucha militar. Nosotros aprendimos de Trotsky a trazar una división entre ambas. Son luchas relacionadas entre sí, pero cualitativamente distintas. Luchamos militarmente con China contra Japón; con la República contra Franco; con la República Popular o el MPLA contra EE.UU.-Sudáfrica-FNLA-UNITA, como la única forma de combatir a esas direcciones reformistas politicamente. Por eso siempre hemos insistido que combatimos por el triunfo de la República Popular de Angola contra el engendro imperialista de la República Democrática. Es un apoyo militar, no político, válido a partir de la invasión, en el momento mismo que las tropas portuguesas ya no fueron más el enemigo principal.

Esto nos indica que así como el SWP es sectario frente al MPLA al negarse a apoyarlo militarmente, es oportunista con referencia al FNLA y la UNITA. ¿Qué otro significado puede tener el no combatir militarmente a los aliados militares del racista Vorster, es decir, al FNLA-UNITA? Su posición no puede ser más desconcertante: dejarle el campo libre a los traidores para derrotar al MPLA y colonizar de nuevo a Angola.

También quisiéramos hacerle unas preguntas al SWP, aunque sus respuestas siempre son obvias o evasivas. Si triunfaba el bloque militar de Vorster-FNLA-UNITA en la guerra civil, en febrero de este año, en vez del MPLA, ¿cree el SWP que eso significaba una victoria o una derrota para el imperialismo y el racismo? Nosotros no tenemos dudas. El triunfo de ese bloque militar contrarrevolucionario habría significado una apabullante victoria de la contrarrevolución racista. Es así como no combatir militarmente al FNLA-UNITA es el peor de los oportunismos, el más indigno.

Capitulo noveno

El derecho a la autodeterminación nacional

El problema tribal

El informe tantas veces citado es verdaderamente avaro en relación a dilucidar el problema del imperialismo, mientras que es demasiado pródigo en cuanto a las tribus y sus vínculos con los distintos movimientos nacionalistas. Es tan amplio en este sentido que nos plantea como política “el derecho a la autodeterminación” de las diferentes tribus existentes en Angola, aunque lo pasa por alto, como antes señalamos, en la síntesis política final. De todas maneras, es la única tarea democrática que plantea durante la guerra. Se hace necesario, por lo tanto, detenernos en su consideración, ya que es un intento de magnificar el carácter “nacional” de cada movimiento embarcado en la guerra civil y de minimizar la importancia de la invasión sudafricana, convirtiéndola en el hecho accesorio de una lucha intertribal.

En el informe encontramos una descripción de cada una de las tres tribus-nacionalidades que apoyan a cada uno de los movimientos. “La base del MPLA la constituyen los mbundus, que habitan el norte y centro de Angola y alrededor de Luanda. Son más o menos un millón y medio.

“El FNLA se basa en el millón y medio de bakongos, que viven en la zona noroccidental de Angola.”

La UNITA encuentra apoyo entre más de dos millones de ovimbundus que habitan el centro y sur de Angola”.

La conclusión de Tony Thomas es: “El grueso de la población angoleña está dividida en grupos étnicos separados en zonas geográficas bien definidas que en algunos casos se extienden a otros países. Estos grupos tienen lenguaje y cultura propios y su propia experiencia histórica como pueblos distintos. En síntesis, cada uno de ellos posee los atributos de una nacionalidad”.

Esta caracterización es más que discutible, pues deja de un lado un elemento fundamental: el desarrollo capitalista de Angola. Peter Freyer, en su conocido libro El Portugal de Salazar (Ediciones Ruedo Ibérico, París), hace ya muchos años señaló la importancia del desarrollo capitalista de Angola, pues lo había diferenciado cualitativamente de las otras colonias portuguesas. Según él, la mayor parte de su población trabajadora es obrera, asalariada (industrial, comercial o agrícola). El peso del campesinado es mínimo. La estratificación explicaba las diferencias entre los movimientos nacionalistas; por ejemplo, el FNLA-UNITA, en sus comienzos, tenía un programa y una política burguesas, a lo “Bourguiba”. En cambio, el actual MPLA se apoyaba esencialmente en los sectores obreros o pequeño-burgueses ligados al desarrollo capitalista, asimilándolo, según Peter Freyer, a una corriente “fidelista”. Dentro de nuestra terminología, tendríamos que caracterizar al primero como comente o proyecto burgués nacional y al otro de pequeñoburgués. Las relaciones de cada uno de los movimientos con las tribus no modificaban ese carácter, sino que a lo sumo lo complicaban. Nosotros no sabemos en qué medida esta caracterización es correcta, pero el SWP no la ha rebatido ni ha polemizado con ella. Orgullosamente ha pretendido ignorarla, a pesar de su importancia y de ser compartida por muchos.

El derecho a la “autodeterminación nacional-tribal”

De la caracterización antes citada, el informe aprobado por el CN llega a formular un programa: “Debemos dejar en claro que no somos ‘patriotas angoleños’. Ser ‘panangoleño’ no es necesariamente más progresista que ayudar a los bakongos, los ovimbundu y los mbundu a establecer buenas relaciones contra el enemigo común, el imperialismo.

“Como leninistas, comprendemos que el camino para unir a las masas de Angola contra la explotación y la opresión no es el de denunciar como ‘tribalismo atrasado’ las aspiraciones nacionales de estos pueblos, sino apoyar su derecho a la autodeterminación, que incluye el derecho a la autonomía y aun a la secesión.

“Impulsar la victoria de alguna de estas fracciones nacionalistas contra las otras dos lleva a exacerbar las tensiones.”

Por ninguna parte se afirma que nosotros, como trotskistas, estamos por la unidad de Angola en una sola nación o federación y que nos oponemos a su división en varios países diferentes. La unidad en grandes naciones o federaciones fortifica a los africanos frente al imperialismo. En cambio, las subdivisiones los debilita. Esto no significa que nos pronunciamos contra el derecho de toda nacionalidad o tribu a la autodeterminación, incluido su derecho a formar una nación aparte. En nuestra política tratamos de equilibrar dos tendencias contradictorias. Respaldamos la centralización en grandes naciones, unitarias o federales, pero no a costa de enfrentarnos con el movimiento de masas de las nacionalidades para imponer nuestro criterio. Precisamente para evitar estos choques, defendemos el derecho de toda nacionalidad oprimida a liberarse bajo la forma que quiera, la autonomía, la federación, y hasta la independencia. Ellos tienen que optar y nosotros respetaremos esa elección. Allí concluye el “derecho a la autodeterminación” para nosotros, los trotskistas, que seguimos nuestra lucha por la unidad en una gran nación, a través de la consigna de federación, aun rivalizando con los separatistas. No es, entonces, una consigna positiva, sino negativa. Luchamos para que se respete la voluntad nacional. En cambio, nuestra consigna positiva es unitaria. Por una Federación que nos permita construir grandes naciones.

Pero, ¿cuál es la voluntad de las tribus en Angola que, según el SWP, constituye nacionalidades y se expresan en tres movimientos? Aquí viene la paradoja. El propio informe subraya que en Angola nadie plantea la autodeterminación, la secesión. Por el contrario, Tony Thomas recalca la decisión de los tres movimientos por conformar una sola Angola, unida, y enfrentan, debido a esto, a los otros movimientos acusándolos de “tribalistas”, es decir, de querer separarse de la patria común. El SWP es, entonces, más papista que el Papa y el compañero Thomas más bakongo que los bakongos, puesto que ha planteado una lucha que ningún movimiento político angoleño ha postulado: la autodeterminación de las diferentes tribus.

Falsos pronósticos de profetas sombríos

Las contradicciones no terminan ahí. Por el contrario, recién empiezan. El SWP se ha transformado en profeta y hace sombríos vaticinios. “Las perspectivas” de esta “guerra fratricida”, para Thomas, no ofrecen dudas: el triunfo del MPLA producirá inmediatamente una “tremenda matanza” de los bakongos, tal como sucedió en Biafra.

A partir de este sombrío pronóstico, y del derecho a la autodeterminación” de las tribus-nacionalidades, surgiría claramente una línea política, sostenida en diferentes ocasiones por el marxismo y el SWP. Se trata de defender, en toda guerra entre nacionalidades, a las más atacadas. No estamos, en abstracto, en contra de la guerra entre nacionalidades, sino que postulamos la defensa de aquella que es sojuzgada por otra. Y, en el caso de Angola, según el SWP, no se trataba de una simple opresión política o económica, sino de algo mucho peor, del exterminio casi total (nada menos que “otra Biafra”), de un genocidio en potencia de los bakongos (o, eventualmente, de la nacionalidad que resultase derrotada).

Al aceptar los pronósticos del SWP sobre el triste destino de los bakongos en caso de triunfar el MPLA, no nos podíamos lavar las manos, pues era preciso defender a la nacionalidad a punto de ser derrotada. Apenas una nacionalidad empieza a dominar a otra, su guerra se transforma en contrarrevolucionaria, porque va contra el derecho a la autodeterminación de la nacionalidad vencida o dominada. Simultáneamente, la guerra de esa nacionalidad invadida se torna progresiva, porque lucha por el derecho a seguir subsistiendo en su territorio y con su cultura. En síntesis, la dialéctica de toda guerra entre nacionalidades es esa: hasta cierto punto (es decir, hasta defender su propia nacionalidad) es progresiva; pero, más allá de esa defensa y cuando se transforma en dominante, es reaccionaria y, en cambio, la nacionalidad que empieza a ser dominada se convierte en progresiva.

Algunos ejemplos sirven para determinar el marco de referencia. Es así como debernos recordar que Marx y Engels asumieron esta línea política en la guerra franco-prusiana de 1870, igualmente Trotsky en las guerras de los Balcanes (1912-13) y, también, la del SWP en relación a Israel, oponiéndose al “derecho a la autodeterminación” de los judíos y a favor de los árabes, puesto que la nacionalidad dominada es ésta última y la dominante la judía.

En Angola, ignoramos la razón, el SWP no ha seguido esa línea. Después de definir la guerra civil como una “guerra fratricida”, entre tribus-nacionalidades, no ha llegado a las conclusiones políticas comentadas anteriormente. Como todo sectario, se ha quedado a mitad de camino. Así, Tony Thomas nos afirma que “impulsar la victoria de alguna de las fracciones nacionalistas contra las otras lleva a exacerbar las tensiones”. Pero no plantea que, por consiguiente, impedir esa victoria es, al mismo tiempo, la única forma de evitar los desastres profetizados por él.

En espera de los consejos del SWP

La política del SWP en relación, por ejemplo, a los bakongos (si aceptamos como verdaderas sus premisas y pronósticos) es directamente criminal. Cuando hacíamos parte de la FLT, polemizamos hasta el cansancio en favor de una política para las grandes masas, en contraposición a la orientación vanguardista de la TMI. ¿Qué plantea el SWP, entonces, para defender a las masas bakongos amenazadas de un horrible holocausto?

Pensemos en un trotskista bakongo, partidario de la línea del SWP. Intercontinental Press acaba de informarle con amplitud de la perspectiva que le espera a toda su tribu, a sus hermanos de nacionalidad, en caso de ganar el MPLA. Lógicamente, este lector apasionado de Gerry Foley, Joe Hansen y Tony Thomas, piensa ante todo en cómo salvar a sus familiares y amigos del genocidio. Al mismo tiempo, se hará inevitablemente una pregunta: “¿Qué me aconseja hacer el SWP?”. Y, muy en sus adentros, pensará: “Esta ocasión no la va a desperdiciar Hansen para dar un ejemplo claro de una política para todo un movimiento de masas: una nacionalidad en vías de exterminio. “ Si este indefenso militante siguió este razonamiento, su desilusión ha tenido que ser gigantesca y terrible, porque el SWP no tuvo consigna, línea, ni programa para evitar que el MPLA asesinara a sus padres, hermanos e hijos. Sin embargo, le quedará todavía un consuelo. Esperar hasta la próxima semana, como en las historietas por capítulos, para certificar si Intercontinental Press, a lo mejor ya un poco tarde, aconseja alguna acción concreta para evitar la profetizada desaparición de sus hermanos de tribu. Levantar la consigna no presentaba problemas: ¡Defendamos a los bakongos del exterminio del MPLA! Pero esta facilidad está reñida con los sectarios.

En la altamar de la confusión

El triste fin de este desdichado bakongo, integrante de la FLT y admirador del SWP, no termina aquí. Si todavía le queda ánimo para leer el resumen del informe, comprobará que el compañero Tony Thomas plantea poner punto final al envío de pertrechos y mercenarios imperialistas a Angola, los cuales están destinados a impedir “la derrota total de la UNITA y el FNLA” a manos del MPLA. En contraposición, como lo hemos anotado, no está en oposición al envío de armas soviéticas al MPLA.

A esta altura el crédulo compañero bakongo ya no sabe en qué lugar del mundo se encuentra, navega peligrosamente en un mar de duda y confusión, haciéndose los siguientes razonamientos y preguntas. “Por un lado, el SWP se opone al envío de armas para defendernos del exterminio del MPLA; por el otro, está a favor de la colaboración soviética hacia quienes nos van a masacrar, entonces, ¿el SWP defiende en realidad o no nuestro derecho a la autodeterminación? ¿Apoya o no el SWP nuestro derecho a defendernos de la invasión-masacre del MPLA? ¿Qué plantea, tanto en Angola como en EE.UU., y a escala mundial, para ayudarnos y evitar el exterminio? ¿Concretamente, qué debemos hacer los bakongos —y qué hace Hansen— para evitar nuestra liquidación entre los pueblos y naciones atrasadas de la tierra? En nombre del método y del programa de transición, no les pido ni una política, ni tan siquiera una consigna transicional; les solicito solamente una palabra que me sirva para salvar a mi pueblo bakongo del genocidio que, según ustedes, nos prepara el MPLA. Si no me ayudan rápido, empezaré a creer que, en el fondo, la suerte de mi pueblo no les interesa para nada”.

Por suerte, al camarada bakongo de la FLT ya se le debe haber pasado el susto. El MPLA triunfó y no se produjo el exterminio vaticinado por los profetas de Intercontinental Press. Por lo menos, esta publicación, tan bien informada, no dice una sola palabra al respecto.

Las inconsecuencias del sectarismo

Ahora nuestro compañero bakongo tiene tiempo y serenidad para recapitular y reflexionar sobre el descomunal problema en que lo embarcó el SWP. Si así lo hace, caerá en cuenta de la causa real y verdadera, el delirante sectarismo llevado hasta sus últimas consecuencias:

— Sectarismo al caracterizar la guerra como “fratricida” entre grupos nacionalistas-tribales, en lugar de darle prioridad a la invasión Sudafricana-imperialista.

— Sectarismo al no ser consecuentes en su caracterización equivocada y no extraer de ella la única política posible: defensa del pueblo bakongo ante la amenaza de exterminio del MPLA.

— Sectarismo, finalmente, frente a la ayuda de las grandes potencias. Si en realidad, como aseguraba el SWP, había peligro de exterminio bakongo, ¿cómo podía, entonces, ayudar a ese genocidio aceptando el envío de armamento soviético del MPLA y oponiéndose al envío de armas imperialistas al FNLA-UNITA, que servirían en algo para impedir el exterminio? Como toda política sectaria, la preconizada por el SWP es un mar, oscuro y profundo, de contradicciones.

Debido a esto es totalmente incapaz de dar una política revolucionaria de conjunto. Al no comprender que el problema no era el de los bakongos sino el de la colonización de toda Angola por Vorster y los norteamericanos, no supo ubicar el problema bakongo como una cuestión táctica dentro de una política prioritaria en defensa de esa gran nación africana, incluidas sus tribus y en contra del invasor racista.

Buenos Aires, abril de 1976

Angola: las mascaras caen por c. Gabriel[3]

Angola está hoy asolada por la guerra. Las principales ciudades conocen el hambre, las epidemias y el difícil problema de enterrar a centenares de cadáveres. Decenas de miles de colonos buscan repatriarse. Se oye hablar de 300. 000. En Luanda, día tras día, tienen lugar manifestaciones anticomunistas y anti-MFA. Agentes de la ex-PIDE —la policía política portuguesa del fascista Salazar— despliegan una actividad febril en los medios portugueses y al lado de las tropas del FNLA. La contrarrevolución está en marcha. Y no será por medidas a medias o por nuevas conferencias unitarias que se detendrá.

Una coexistencia imposible

De los acuerdos concluidos en Alvor salió un “gobierno de coalición” que agrupa al FNLA, UNITA, MPLA y Portugal. De hecho, desde su nacimiento este gobierno fue totalmente paralizado por los repetidos enfrentamientos entre el MPLA y el FNLA. La ilusión de coexistencia pacífica bajo la égida de un gobierno común no tardó en estallar. En el momento mismo en que tenía lugar en Nakaru una conferencia sobre el “desarme de todos los civiles”, el FNLA daba comienzo a una nueva ofensiva, tomando todo el poder en una serie de ciudades grandes del norte del país. En Luanda misma, la capital, las acciones violentas del FNLA se multiplicaban el 9 y 10 de julio: ametrallamiento de la sede de la UNTA (Unión de Trabajadores Angoleses), ligada al MPLA; ataque a la sede del propio MPLA; agresión contra la población de las barriadas más pobres. Amenazada con un putsch por parte de las tropas de Holden, la dirección del MPLA decidió lanzar una contraofensiva: el 10 de julio rechazó fuera de Luanda a las tropas del FNLA. A partir de entonces, a pesar de todos sus esfuerzos, el FNLA no ha podido retomar la capital.

Las máscaras caen

En esta guerra abierta en la que es cada vez más difícil no tomar partido, las máscaras van cayendo. El FNLA, sostenido por los más importantes sectores imperialistas, con Estados Unidos a la cabeza, en total dependencia del apoyo de Zaire, confirma muy bien su papel de fuerza activa de la contrarrevolución. En Luanda, la población ha podido juzgar sobre los hechos la actividad de este “movimiento de liberación”: la “casa del pueblo” del FNLA, ocupada y destruida a raíz de los últimos enfrentamientos, no era, de hecho, más que un centro de torturas: las tropas descubrieron allí una fosa con decenas de víctimas.

En cuanto a la UNITA que procuraba darse una imagen de pseudo-neutralidad en el conflicto oponiendo el MPLA al FNLA, ha tenido que quitarse la máscara. Al declararse en favor del FNLA y al colocar sus tropas al lado de las de Holden para combatir al MPLA, la UNITA espera sacar ventaja del juego. En verdad su complicidad con los círculos imperialistas europeos, su papel de perro guardián de los intereses de Krupp v Usinor en la cuenca minera de Cassinga son ya comienzos promisorios para el ambicioso Savimbi, dirigente de la UNITA.

El papel del ejército portugués

El ejército portugués se ha replegado a las grandes ciudades, particularmente a Luanda y Nueva Lisboa. La colonia portuguesa, siguiendo al ejército, ha abandonado el interior para conservar la protección de éste. ¿Qué papel puede jugar este ejército en la guerra que se desarrolla actualmente? Lo primero que hay que entender es que en Angola el ejército portugués está profundamente dividido sobre la cuestión del proceso de descolonización, y en un grado mucho mayor de lo que estuviera en Mozambique y en Guinea-Bissau. En razón de las dimensiones del país, una parte de las tropas no ha conocido la saturación provocada por una guerra colonial interminable. A esto es preciso añadir la existencia en el país, y particularmente en las ciudades de una fuerte pequeña burguesía portuguesa. Entre esta colonia ultrarreaccionaria y una parte de la tropa hay una cierta “osmosis ideológica”. Así Rosa Coutinho, favorable al MPLA, reconocía en la revista Africa-Asia haber tenido dificultades con algunos sectores de su ejército cuando estaba destacado en Angola.

Por este motivo, hoy, cualquiera que sea la dirección del comando militar (el general Cardozo acaba de ser remplazado por el general Macedo, con reputación de estar “más próximo” al MPLA), la presencia de este ejército portugués no es en forma alguna un factor de clarificación. En el peor de los casos puede terminar en una puñalada en las espaldas de las masas; en el mejor, puede prolongar sus ilusiones y retardar su conciencia de la necesidad de organizar la autodefensa. Por esto, las consignas que deben darse hoy son:

— todo el poder al MPLA;

— tropas portuguesas fuera de Angola;

todas las armas y el material al MPLA y a las milicias.

La dirección del MPLA y el movimiento de masas

La dirección del MPLA conserva todas las características de una dirección nacionalista pequeñoburguesa cuyas relaciones con las masas han estado marcadas por largos años de lucha armada rural. Heterogénea, sensible a la diplomacia de los estados neocoloniales, hasta julio último se contentó con utilizar tácticamente al movimiento de masas para reforzar su posición dentro del gobierno de coalición.

Entonces comenzaron huelgas y movilizaciones en las empresas y en los barrios, comités que son formas embrionarias de autoorganización y demuestran una real conciencia anticapitalista. Hoy, cuando la dirección del MPLA es empujada al enfrentamiento generalizado con el FNLA, mantiene una función ambigua para los órganos populares, sin trazarles una perspectiva estratégica para que actúen como forma primaria de poder estatal.

Por otra parte, mientras la guerra está en su apogeo, continúa refiriéndose a los acuerdos de Alvor, condenando su “no respeto” por parte del FNLA. Entonces, si el FNLA, que hasta el 28 de abril era todavía un ejército de fronteras y la UNITA un grupúsculo manipulado, hoy son capaces de disputar al MPLA una buena parte del país, ¿no es precisamente el resultado de los acuerdos de Alvor, que sancionaban una igualdad jurídica de los tres movimientos y permitían al FNLA y a la UNITA fortalecerse militarmente?

De hecho, el actual enfrentamiento militar no se debe a alguna “deshonestidad” del FNLA; desde el comienzo estaba inevitablemente inscrito en la naturaleza misma del FNLA y de la UNITA, quintas columnas del imperialismo en Angola.

Nuestra solidaridad

Nosotros no somos neutrales entre la CIA y el movimiento de masas, incluso si éste sigue ilusionado por el nacionalismo de izquierda de una dirección pequeño-burguesa. Al afirmar nuestro apoyo al MPLA, nos dirigimos a las masas angolesas y les decimos: “nosotros apoyamos a la organización en la que vosotros confiáis y en cuyas filas os alistáis. Apoyamos a la única fuerza militar actualmente capaz de oponerse a la ofensiva imperialista. Pero nuestra lucha contra toda explotación y por una Angola libre de toda empresa imperialista no podrá ser en definitiva satisfecha por las perspectivas de la dirección del MPLA. Será necesario que sobrepaséis sus insuficiencias para lograr una Angola independiente y socialista. “

Se trata de trabajar desde ahora, en el seno del MPLA, por el reagrupamiento de los elementos de vanguardia sobre una línea clara, desprovista de las actuales ambigüedades de “democracia popular” que desarrollan los elementos maoístas. Sólo un reagrupamiento semejante podría preparar el advenimiento de la revolución socialista angolesa en medio de las conmociones que no dejarán de producirse en el seno del MPLA.

Independencia y guerra civil por Luis Valle[4]

El 10 de noviembre, después de cinco siglos de dominio colonial, el alto comisionado portugués en Angola y las últimas tropas de Portugal abandonaron el territorio de ese país africano. El mismo día, el Comité Central del Movimiento Popular para la Liberación de Angola proclamó la República Popular con su dirigente Agostinho Neto como presidente.

El nacimiento de esta nueva nación está señalado por la cruenta guerra civil entre los tres movimientos guerrilleros que combatieron a la dominación portuguesa. Mientras el MPLA domina la capital, Luanda, y las principales ciudades costeras (contando con ayuda militar de la URSS y Cuba), el Frente Nacional por la Liberación de Angola y la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola (que reciben dinero de la CIA, del imperialismo europeo, del vecino Zaire y de los racistas blancos de Sudáfrica y armas de China) controla extensas zonas del interior del país. El FNLA y la UNITA anunciaron en la capital de Zaire la formación de un gobierno enfrentado al que instaló el MPLA. En el sur de Angola, fuerzas militares del régimen racista sudafricano ocuparon algunos territorios.

La guerra civil y las maniobras imperialistas amenazan directamente la independencia que los pueblos de Angola ganaron luchando durante quince años con las armas en la mano contra el colonialismo portugués. Es cierto que tras el bloque FNLA-UNITA se mueven siniestras fuerzas imperialistas y reaccionarias. Pero una política revolucionaria no puede ignorar las masas que siguen a estos grupos, ni el hecho de que el MPLA ha tenido durante los últimos meses una política de colaboración con el imperialismo portugués, ayudando a frenar la movilización de las masas angoleñas y avalando la legislación antihuelgas. En estos aspectos, la política de los tres grupos guerrilleros fue similar,

El primer objetivo de una política revolucionaria debe ser el fin de la guerra civil y la inmediata convocatoria por las tres organizaciones guerrilleras a elecciones de Asamblea Constituyente, de modo que en esa asamblea los obreros y campesinos angoleños puedan resolver democráticamente cómo afianzar la independencia y organizar el país.

Ninguno de los dos bandos enfrentados garantiza una política antiimperialista consecuente y mucho menos la revolución agraria y el socialismo. Más aun, los dos han demostrado su inclinación a impedir la movilización de los obreros y campesinos. Pero la realidad de la guerra civil obliga a una definición ante los combates que se libran en estos momentos: hasta que se logre un acuerdo para poner fin a la guerra y convocar a la Asamblea Constituyente es necesario luchar en defensa de las comisiones de poder popular y de los sindicatos, organizaciones de las masas urbanas en las que el MPLA se ha apoyado en su enfrentamiento con el bloque FNLA-UNITA.

La guerra civil en Angola

Declaración del Secretariado Unificado de la IV Internacional, aprobada el 25/11/75[5]

Los pueblos de Mozambique y Guinea-Bissau asestaron un duro golpe a la dominación imperialista de África al derrocar al colonialismo portugués. La lucha de las masas angoleñas ha abierto una brecha en el bastión reaccionario de África del Sur, hegemonizado por el régimen racista de Pretoria. El alza revolucionaria de la clase obrera metropolitana le impidió a la burguesía portuguesa dar una respuesta efectiva y cerrar esta brecha mediante una operación neocolonialista exitosa.

Dada esta situación y la movilización de las masas angoleñas, cuya dinámica apunta hacia objetivos no sólo antiimperialistas sino también anticapitalistas —sobre todo en Luanda, donde el sector obrero tiene un peso considerable—, los viejos y nuevos partidarios del colonialismo y los defensores de los intereses imperialistas, tanto norteamericanos como europeos, han constituido un bloque para aplastar la revolución angoleña e imponer un régimen reaccionario mediante una guerra civil. Las direcciones de FNLA y UNITA, que defienden intereses tribales y regionalistas y de las capas burguesas en formación, toman parte en esa operación. Han integrado un frente común con los imperialistas, los racistas y los regímenes neocoloniales de Zaire y Zambia: una especie de santa alianza, patrocinada por la Organización de la Unidad Africana contra la independencia efectiva de Angola y las luchas de las masas trabajadoras angoleñas. El hecho de que China ayude en la práctica a este frente reaccionario a través de su asistencia al FNLA y su actitud actual, es una nueva prueba de las consecuencias nefastas de una política que considera a la URSS como su principal enemigo y apunta a lograr un compromiso con el imperialismo yanqui.

Los movimientos obreros y revolucionarios de todo el mundo denuncian la operación contrarrevolucionaria en curso en África. En esta guerra civil, dichos movimientos se encuentran en el bando de la República Popular de Angola[6] proclamada por el MPLA el 11 de noviembre. Los estados obreros y todas las organizaciones obreras deben garantizar que los combatientes angoleños reciban solidaridad política y ayuda material. Una derrota de la República Popular constituiría una seria derrota para la revolución africana; significaría el fortalecimiento del imperialismo y el neocolonialismo y entrañaría una represión sangrienta. En cambio, el triunfo de la República Popular, puesto que sólo puede ser fruto de una movilización muy profunda de las masas, crearía condiciones favorables para la total eliminación de la dominación imperialista y le daría una dinámica socialista a las luchas obreras y campesinas.

La Cuarta Internacional elige el campo de la República Popular de Angola contra la santa alianza de imperialistas, racistas y reaccionarios locales. En la guerra civil, la Cuarta Internacional se alinea con las masas, movilizadas para defender la independencia lograda tras quince años de dura lucha; para defender sus intereses fundamentales contra todas las clases explotadoras extranjeras y “nacionales”; por la expropiación de capitalistas y terratenientes y por la construcción de un nuevo estado basado en los comités democráticos revolucionarios, expresiones directas de las masas.

Semejante actitud no significa que la Cuarta Internacional y los marxistas revolucionarios africanos abandonen sus críticas a la dirección del MPLA, a la que caracterizan como pequeñoburguesa nacionalista, no como proletaria y comunista. La alineación en el mismo bando y la dedicación a la lucha común no se contradicen con la batalla por la clarificación política, que es necesaria para salir victoriosos de la guerra y construir una dirección proletaria marxista revolucionaria.

¡Contra la santa alianza de imperialistas, racistas sudafricanos, neocolonialistas de Zaire y Zambia y las direcciones reaccionarias de FNLA y UNITA!

¡Por la defensa de la independencia total de Angola! ¡Por la defensa de la República Popular proclamada por el MPLA! ¡Repudio a todo intento de balcanización! ¡Por el retiro inmediato de todas las fuerzas del imperialismo europeo y yanqui, los racistas sudafricanos y todos los gobiernos neocoloniales!

¡Organicemos una campaña internacional de solidaridad! ¡Todos los estados obreros y todas las organizaciones sindicales y políticas del proletariado deben movilizarse en el bando de los combatientes angoleños asegurándoles su solidaridad política y apoyo material! ¡Por el boicot a los envíos de armas al bloque reaccionario de FNLA y UNITA!

¡Viva la república popular! por Javier Baigorri[7]

Desde antes de proclamarse la independencia, el 11 de noviembre, desgarra a Angola una enconada guerra civil entre los tres movimientos guerrilleros que llevaron a cabo la lucha contra el imperialismo portugués.

El retiro total de las últimas tropas lusitanas y del alto comisionado de la metrópoli, en la fecha indicada, agravó la intensidad de la guerra, librándose furiosas batallas por el control de la capital, Luanda (ocupada por el Movimiento Popular de Liberación de Angola), y de otros puntos estratégicos de este país africano, de gran riqueza agrícola y minera.

La existencia misma de la guerra civil, su intensidad (que hace poco probable un acuerdo pacífico), y la intervención abierta de varias naciones imperialistas, de los países más cercanos, y de dos estados obreros (la URSS y Cuba) hacen imperioso para los marxistas revolucionarios tomar una posición clara. Más allá de los comunes rasgos no revolucionarios que presentan los movimientos enfrentados en Angola, es necesario definir qué bando representa un peligro mayor y más inmediato para el movimiento de masas angoleño, y participar resueltamente en la guerra civil junto a aquel que signifique un peligro más remoto.

Guerra civil: análisis de clase o descripción periodística

Para los marxistas hay una sola forma de encarar el problema: determinar qué intereses de clase representa y en qué fuerzas sociales se apoya cada bando. Eso permitirá definir qué sector es más progresivo y encontrar la vía por la cual los revolucionarios puedan utilizar la guerra civil y hacer avanzar el movimiento de masas.

Decir que la guerra es “fratricida” es no decir nada. Una guerra civil no es más que la agudización de la lucha de clases que se libra permanentemente bajo formas más “pacíficas” (lucha política, huelgas, etcétera).

La pura descripción de los hechos, que no toma partido ni es capaz de indicar qué hacer, no es marxista ni revolucionaria: es sólo periodismo.

Hay una guerra civil en Angola. ¿Qué debería hacer un socialista revolucionario angoleño frente a esa realidad? ¿Pontificar sobre el “fratricidio”? ¿O definir qué sector representa un peligro más grave e inmediato para las masas explotadas de su país?

Los protagonistas de la guerra civil angoleña

Los bandos enfrentados son dos: de un lado, el MPLA, fuerte en la zona costera y el centro del país (donde proclamó la República Popular de Angola); del otro, el bloque formado por el Frente Nacional de Liberación de Angola y la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola, afianzados en las regiones norteña y sureña (donde proclamaron la República Popular Democrática de Angola).

Los tres movimientos han tenido una política de colaboración con la última etapa de dominación portuguesa en el país. Firmaron los acuerdos de Alvor, que establecían un proceso de independización controlado por el imperialismo portugués y garantizaban la instauración de un régimen semicolonial (respetando las inversiones portuguesas y la propiedad de los colonos blancos). Ninguno de los tres movimientos tiene un claro programa de medidas consecuentemente antiimperialistas y, menos que menos, anticapitalistas.

Sin embargo hay diferencias entre ellos. Es cierto que el MPLA, al confiar en la verborragia “tercermundista” de algunos elementos del Movimiento de las Fuerzas Armadas de Portugal, aceptó los acuerdos colaboracionistas y contribuyó, junto al FNLA y la UNITA, a frenar las luchas de los trabajadores angoleños facilitando así las maniobras del imperialismo portugués. Pero, de hecho, la revolución obrera en la metrópoli ha impedido a los portugueses aprovechar plenamente esa oportunidad. El retiro total de las tropas coloniales (anticipado por la negativa de la Policía Militar a acatar las órdenes de ir a Angola), y la partida de miles de colonos blancos, ha debilitado duramente la posición portuguesa en su ex colonia.

Por otra parte, el MPLA, en su enfrentamiento con el bloque FNLA-UNITA, ha debido apoyarse en la UNTA (central sindical angoleña) y en las Comisiones de Poder Popular, nacidas en los barrios negros de Luanda como organismos de defensa contra los grupos fascistas de colonos portugueses.

Es el temor a estos organismos de masas (en los que el MPLA tiene influencia pero que no domina por completo) lo que impulsa a las principales potencias imperialistas (Estados Unidos y varias naciones europeas), a los regímenes africanos reaccionarios, y a los racistas blancos de Sudáfrica, a brindar su apoyo en dinero, armas y tropas al bloque FNLA-UNITA. Junto a las fuerzas de estos movimientos luchan mercenarios blancos y tropas de Zaire (donde ocupaba la presidencia el dictador Mobutu, uno de los asesinos de Patrice Lumumba). En el sur de Angola, fuerzas del régimen racista de Sudáfrica han ocupado una estratégica zona. En Washington, se reveló la intensa participación de la CIA en el respaldo al FNLA y a la UNITA.

La agencia United Press (estrechamente vinculada al Pentágono) resumió claramente quién patrocina estos movimientos: “En Pretoria (capital sudafricana), fuentes oficiales reconocieron que Sudáfrica se unió a los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en su ayuda militar a los ejércitos combinados del FNLA-UNITA (…) ‘En Angola nos encontramos en la buena compañía de las grandes naciones del mundo’, dijeron los informantes. “ (La Prensa, 30 de noviembre de 1975).

El FNLA-UNITA es la carta principal con que cuentan las potencias imperialistas y sus aliados reaccionarios africanos para quebrar la resistencia de la clase obrera y el pueblo de Angola y estabilizar un régimen neocolonialista. De otro modo es inexplicable, no sólo el enorme apoyo que le brindan sino también la campaña publicitaria que han montado (lanzada por el propio Kissinger) para presentar el respaldo de la URSS y Cuba al MPLA como un “peligro para la paz”.

El enemigo fundamental

Sin duda, el MPLA, en caso de triunfar, va a tratar de contener y reprimir el movimiento de masas en el que hoy se apoya. En este sentido, representa un enemigo potencial. Lo demuestran su colaboración con los imperialistas portugueses hace apenas unos meses, y su participación en las medidas tomadas contra las movilizaciones obreras y populares (Ley antihuelgas, orden de desarmar a la población civil, intentos de controlar a las Comisiones de Poder Popular).

Pero su derrota es un peligro mucho más inmediato y grave. Porque su derrota significará también el aplastamiento de los organismos sindicales y políticos de la clase obrera angoleña y de las capas populares urbanas. El triunfo del FNLA-UNITA sólo es posible sobre el aplastamiento del sector más combativo y avanzado de las masas. Implicará un retroceso en el proceso revolucionario abierto en el país por la guerra contra los portugueses y, por la importancia de Angola en el continente africano, un debilitamiento de las fuerzas antiimperialistas y revolucionarias en este último.

Este es el peligro mayor y, por eso, el bloque FNLA-UNITA es el enemigo más inmediato. Sólo su derrota hará posible que los organismos de poder creados por las masas se sacudan la tutela del MPLA y superen las posiciones tibiamente antiimperialistas de su dirección.

El MPLA no merece la menor confianza de los revolucionarios. Ha dado sobradas muestras de que no aspira a ir más allá de un régimen neocolonial relativamente nacionalista: su acuerdo con la Gulf Oil (empresa yanqui que explota los campos de petróleo de Cabinda, en el norte de Angola), y los llamados de Agostinho Neto (presidente de la República Popular de Angola) a los inversores extranjeros son buenas muestras de ello. Indiscutiblemente, la URSS apoya esta política nefasta.

Pero eso no justifica la indefinición. Frente a la guerra civil española Trotsky sostuvo que “sólo los cobardes, los traidores o los agentes del fascismo pueden renunciar a ayudar a los ejércitos republicanos españoles” (Escritos sobre España, Ruedo Ibérico, p. 144). Esto no implicaba sostener la desastrosa política patronal y proimperialista del gobierno republicano. Por el contrario, Trotsky llegaba a admitir la hipótesis de que este último, en el caso de vencer militarmente a Franco, pudiera transformarse en un “régimen fascista”.

Hasta el 11 de noviembre el principal enemigo de las masas de Angola eran las tropas coloniales portuguesas, y la tarea más urgente era lograr su retiro. Una vez concretado ese retiro, el principal enemigo son las fuerzas proimperialistas de Zaire, Sudáfrica, y mercenarios blancos, y no hay tarea más decisiva y urgente que combatirlas y lograr que abandonen el territorio angoleño. La intervención activa de las masas en esa lucha le da una dinámica que puede ser impulsada por los revolucionarios más allá de las intenciones del MPLA.

No depositar ninguna confianza en la dirección del MPLA significa que, junto con la lucha implacable contra el bloque FNLA-UNITA, la UNTA y las Comisiones de Poder Popular deben remplazar el gobierno impuesto por el MPLA por un gobierno obrero y campesino elegido por las masas. Las inmediatas elecciones de una Asamblea Constituyente, y una reforma agraria que entregue a los campesinos la tierra de los colonos blancos y de las empresas imperialistas, permitirán ganar a las masas rurales que siguen al FNLA y a la UNITA, garantizándoles sus derechos democráticos y el acceso a la tierra.

Los socialistas revolucionarios de todo el mundo tienen un deber que cumplir en relación con la guerra civil angoleña: organizar una campaña mundial por el reconocimiento de la RPA, así como para exigir el retiro inmediato de todas las tropas mercenarias, zaireñas y sudafricanas de Angola, y el fin de la intervención de las potencias imperialistas y sus lacayos africanos.

Angola: el paralelo con Vietnam

por Joseph Hansen[8]

En un articulo publicado en la primera página del New York Times del 14 de diciembre, el periodista Seymour M. Hersch dio a conocer una discusión existente en el seno del Departamento de Estado acerca de hasta qué punto avanzar en la intervención en la guerra civil en Angola. Las divisiones se volvieron tan tajantes que Nathaniel Davis, asesor para los asuntos africanos del Secretario de Estado Kissinger, renunció en agosto. Davis —en oposición a Kissinger, quien está por una política de intervención— estaba a favor de buscar un “arreglo” diplomático en Angola y de no desempeñar un papel “activo” en la guerra civil. Según un “funcionario”, Davis envió a Kissinger “un torrente de memorándums” donde daba los siguientes argumentos.

“En primer lugar, Davis les dijo que la cosa no andaría. Ni Savimbi ni Roberto son buenos combatientes y serían incapaces de salir peleando desde dentro de una bolsa de papel. El juego viene mal y los jugadores que tenemos son perdedores. “ En segundo lugar, el inevitable fracaso de la intervención norteamericana en Angola sería dañina para los aliados africanos de EE.UU., como Mobutu de Zaire y Kaunda de Zambia. Por último, el único aliado que tendría Estados Unidos seria el estado racista sudafricano.

Kissinger se negó a escuchar tales argumentos. La “primera decisión significativa respecto de la política para Angola se resolvió en la primavera, cuando el gobierno autorizó a la CIA a enviar pertrechos militares y de otro tipo, por valor de 300. 000 dólares, a la UNITA, que dirige Jonas Savimbi…

“La autorización fue el resultado de los informes oficiales de la CIA, dando cuenta del incremento de la ayuda militar soviética al Movimiento Popular…

La CIA ya viene prestando ayuda al FNLA, encabezado por Holden Roberto, desde principios de la década del sesenta. La mayoría de los envíos llegan a través del vecino país de Zaire, cuyo presidente es Mobutu Sese Seko. “

La decisión más importante fue la resuelta por el “Comité 40” en una reunión formal en julio y consistía en el envío de provisiones por valor de diez millones de dólares. “El ‘Comité 40’ —explica Hersch— es un sub-comité dependiente del Consejo Nacional de Seguridad, que tiene la responsabilidad de aprobar todas las actividades de espionaje clandestino realizadas por este país en el exterior. El presidente del Comité es el Dr. Kissinger. Los demás integrantes son el Sr. Colby, el Subsecretario de Defensa William Clement, y el general George S. Brown, presidente del Estado Mayor Conjunto. “

Desde julio pasado, el gobierno de Ford viene incrementando sus “actividades de espionaje clandestino” en Angola. El paralelo con la primera fase de la intervención norteamericana en la guerra civil vietnamita es tan notable que la opinión pública de Estados Unidos ya empieza a mostrar su preocupación.

Kissinger ya había salido al cruce de esta posibilidad cuando declaró en Bruselas el 12 de diciembre que la situación de Angola “no es análoga” a la de Vietnam de hace una década.

El director de la CIA, William Colby, se pronunció en el mismo sentido ante el Comité de Espionaje de la Cámara de Representantes. Según el New York Post del 13 de diciembre, “Colby declaró que no existe ninguna similitud entre la participación norteamericana en Angola y en Vietnam. La de Angola es una situación donde Estados Unidos debe resolver si participa en una forma ‘modesta’ —dijo—, mientras que el de Vietnam fue un caso de ‘intervención militar en gran escala’.”

Los argumentos de Colby no afectaron a los editores del New York Times. Un artículo sin firma en la sección “Panorama semanal” del 14 de diciembre citó los argumentos de Colby y a continuación recordó una declaración del presidente Kennedy, del 23 de marzo de 1961, respecto de la necesidad de contrarrestar la ayuda militar de la Unión Soviética a una de las fracciones en Laos.

“El grave problema es producto de esta nueva dimensión de una guerra que cuenta con apoyo exterior… Apoyamos el objetivo de un Laos neutral e independiente decididamente y sin reservas… Si estos ataques [comunistas] no terminan [Estados Unidos y otros países] deberán pensar en la forma de responder… Que nadie dude de nuestra disposición a actuar… Laos está lejos, pero el mundo es pequeño… Si Laos pierde su independencia neutral, todo el sudeste asiático estará en peligro… Su seguridad tiene que ver con nuestra seguridad…”

El paralelo entre el lenguaje empleado por Kennedy y el que emplea Kissinger ahora es verdaderamente impresionante.

Es obvio que el New York Times toma partido por el sector gobernante que considera que un nuevo Vietnam sería lo peor que podría ocurrir. Sin embargo, al igual que en la discusión acerca del error de intervenir militarmente en Indochina, las diferencias se producen exclusivamente en torno a cuál será la política que sirva mejor a los intereses del imperialismo yanqui.

En el caso de Vietnam, estas diferencias tácticas surgieron recién después de que el presidente Johnson inició la intervención de Estados Unidos en la guerra civil indochina en escala masiva. La causa de la polémica fue la resistencia inesperada de las fuerzas nacionalistas de liberación y, sobre todo, la creciente oposición de masas en Estados Unidos, cuya característica fue la consigna “¡Fuera, ya!”

Hoy, por el contrario, surgen diferencias parecidas desde el comienzo mismo de la intervención en la guerra civil angoleña y este hecho significativo puede atribuirse a la experiencia indochina. Un sector de la clase dominante reconoce que una nueva aventura extranjera similar a la de Vietnam probablemente concitaría la oposición de las masas desde un principio. Este sector comprende que ni Ford ni quienquiera que lo suceda en la Casa Blanca puede repetir Vietnam sin poner en juego los cimientos del dominio capitalista en Estados Unidos. La pregunta que se hacen es: ¿vale la pena correr el riesgo?

Mientras tanto, el gobierno de Ford, siguiendo el modelo de gobiernos anteriores, ya se ha inmiscuido en la guerra civil angoleña.

Los argumentos de Kissinger y Colby demuestran que tienen en cuenta a la opinión pública, pero los conspiradores de Washington esperan salirse con la suya; tal vez hayan resuelto incrementar la agresión de a poco, que cada paso sea tan “modesto” que no provoque una oposición pública violenta. La propaganda que acompaña estas medidas es una reedición de los argumentos empleados para justificar la agresión a Vietnam: la amenaza del comunismo, el peligro de que Moscú logre implantar bases navales que “amenacen” la navegación del Atlántico sur y una posible reacción en cadena a lo largo y ancho de África.

La propaganda respecto a las fracciones en pugna en Angola es igualmente indigna de crédito. Las tres poseen programas nacionalistas basados en asegurar la salvaguarda de las inversiones. Es cierto que el MPLA habla del “socialismo”. Pero aunque resultara más socializante que Nasser en Egipto o Nkrumah en Ghana, hay indicios de que Wall Street descarta esa posibilidad. Sea como fuere, quienes tienen que resolver ese problema son los angoleños, no los Ford ni los Kissinger.

Hablar de la intervención de la URSS en la guerra civil angoleña es igualmente espúreo. Lo que el Kremlin busca es mejorar su posición para negociar dentro del marco de la distensión. Nadie lo sabe mejor que Kissinger.

La participación cubana no ha provocado gran revuelo en el Departamento de Estado. Se la considera como un subsidiario de la posición de Moscú. Se dice que los cubanos participan como instructores en el uso de los sofisticados equipos enviados por la URSS a Luanda. Además de evitarle a Breznev los peligros diplomáticos inherentes al envío de tropas rusas a Angola, los cubanos siempre pueden reforzar su imagen de política antiimperialista.

Sean cuales fueran las opiniones de cada uno respecto a los problemas inherentes al conflicto entre FNLA, UNITA y MPLA, es claro que el enemigo principal en Angola es el imperialismo. Hasta hace poco el enemigo principal era el imperialismo portugués, que luchó salvajemente para no soltar su garra. Hoy el principal enemigo es el imperialismo yanqui y las potencias satélites, los autotitulados herederos del imperio portugués.

Para todos los que creen en el derecho democrático de los pueblos de determinar su propio destino, estas consideraciones dictan un curso de acción similar al que suscitó la oposición a la agresión imperialista en Vietnam. La consigna debería ser: “¡Saquémolos antes de que nos metan!”.

Detrás de la guerra civil en Angola

Informe presentado por Tony Thomas y aprobado por el Comité Nacional del Socialist Workers Party realizado el 2, 3 y 4 de enero de 1976[9]

El Comité Político ha propuesto que lancemos una campaña nacional contra la intervención del imperialismo yanqui en Angola. Queremos ayudar a detener la intervención del Departamento de Estado, la CIA y el Pentágono en la guerra civil angoleña. Queremos sacar a la luz las maniobras secretas del gobierno de Ford, y obligar a Kissinger y sus secuaces a revelar toda la verdad acerca de sus operaciones secretas en Angola.

Se sabe que Kissinger ha asignado al Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA) y a la Unión por la Independencia Total de Angola (UNITA) por lo menos 33 millones de dólares en armas y otros tipos de ayuda. El senador Hubert Humphrey declaró hace un par de semanas, que el gobierno de Ford va a solicitar otros 150 millones este año.

“¿Otro Vietnam?”

El pueblo norteamericano está preocupado. Presiona para que se le responda: “¿Angola va a convertirse en otro Vietnam?”. Esta cuestión se discute ampliamente. Y nosotros participamos en este debate. Proponemos una respuesta igual a la que se dio durante la guerra de Indochina: una amplia campaña de movilización y propaganda centrada en la consigna EE.UU. fuera de Angola. Ni un centavo, ni una bala, ni un soldado, ni un asesor a Angola.

No debemos subestimar el peligro de la intervención militar norteamericana a pesar de las promesas de Kissinger de no enviar tropas. El Comité Norteamericano para África informó el 19 de diciembre que los oficiales están presionando a muchos soldados estadounidenses para que renuncien y se alisten como mercenarios de FNLA y UNITA. También reveló el Comité que las unidades de la fuerza aérea se encuentran en estado de alerta, listas para bombardear Angola en defensa de las tropas sudafricanas si la situación así lo requiere.

Los voceros del gobierno de Ford repiten la misma cantinela que utilizaban para justificar la intervención en la guerra civil vietnamita. Señala el supuesto peligro de un “golpe comunista”. Pero guardan silencio sobre los cuatro siglos de dominación imperialista portuguesa. Y nada dicen de la vieja política de Washington de apoyo activo a la guerra de Portugal contra el derecho de los pueblos angoleños a determinar su propio destino.

En los diez años que precedieron al estallido de la rebelión angoleña en 1961, Washington dio a Lisboa ayuda militar por valor de 298 millones de dólares. Durante algunos años, la ayuda de EE.UU. fue igual a la mitad del presupuesto militar portugués.

Después de que los angoleños comenzaron a luchar por su libertad de una manera que recuerda a los colonos norteamericanos de 1776, Washington siguió ayudando a los portugueses. Oficiales y soldados lusitanos se entrenaban en unidades militares norteamericanas, incluida la base de los boinas verdes de Fort Bragg. Durante los últimos años de dominación colonial portuguesa, el imperialismo yanqui incrementó su ayuda a Portugal contra los rebeldes africanos.

Tad Szulc, ex corresponsal del New York Times, describió así la política hacia el sur de África formulada por Kissinger en 1970: “En un National Security Decisión Memorándum [Memorándum de Decisiones Sobre la Seguridad Nacional] publicado secretamente por el National Security Council [NSC — Consejo Nacional de Seguridad] en enero de 1970, el gobierno formuló una nueva política de ‘comunicación’ con los regímenes blancos en el sur de África (incluyendo a Portugal como poder dominante en Angola y Mozambique), sobre la base de que ‘los blancos van a permanecer aquí y la única forma en que se pueden llevar a cabo cambios constructivos es a través de ellos’, y que ‘no hay ninguna esperanza de que los negros ganen derechos políticos por medio de la violencia, que sólo conduciría al caos y a aumentar las oportunidades de los comunistas’.”

¿Qué buscan los imperialistas?

Los intereses de Wall Street se centran en los recursos de Angola.

Angola es el tercer productor de café del mundo. Buena parte de su producción va a los EE.UU. Las minas de diamantes, propiedad de norteamericanos, sudafricanos, belgas y portugueses, produjeron solamente en 1972 dos millones de quilates por valor de 110 millones de dólares. El país posee importantes yacimientos de hierro, fosfatos, cobre, granito, mármol y asfalto.

Lo más importantes es que Angola tiene petróleo.

La concesión de la Gulf Oil en Cabinda produce unas 10 millones de toneladas anuales. Esso, Texaco y la Total francesa buscan petróleo en otras partes del país.

En el valle del río Cunene, en el sur, capitales sudafricanos y portugueses han construido una gran planta de energía hidroeléctrica. En los próximos años, esa será la fuente de energía para Namibia y otras zonas ocupadas por Sudáfrica, así como para Angola.

Otros recursos conocidos aún no han sido explotados. La ubicación geográfica de Angola posee un importante valor estratégico. Controla la desembocadura del río Congo y limita con terriorios ocupados por Sudáfrica. Zambia y Zaire dependen de los ferrocarriles y puertos angoleños para enviar su cobre a los mercados mundiales.

Además, los acontecimientos en Angola tienen repercusión directa o indirecta en los asuntos de Zambia, Zaire, la República Popular del Congo y la colonia sudafricana de Namibia. Muchos de los grupos étnicos o nacionalidades de Angola trascienden las fronteras trazadas por las potencias coloniales europeas.

A pesar de la ayuda del imperialismo yanqui al colonialismo portugués, la lucha dirigida por FNLA, UNITA, MPLA, y los combatientes de Guinea-Bissau y Mozambique finalmente venció a Portugal.

Las acciones armadas comenzaron en 1961. Los principales combates se libraron en el norte de Angola, donde los combatientes de la Unión del Pueblo Angoleño (UPA), dirigidos por Holden Roberto, lanzaron una insurrección. Las fuerzas que participaron en esta revuelta lograron controlar una zona que se extendía por 450 kilómetros desde la frontera con el Congo [Leopoldville] (hoy Zaire).

La respuesta de Portugal fue una campaña de terror, no sólo en el norte, sino también en Luanda y otras regiones. Un millón de personas debieron huir desde el norte hacia el Congo (Brazzaville), Zaire y Zambia.

Hasta mediados de la década del 60, fue el FNLA el que realizó las principales acciones militares en Angola. Esto se contrapone a lo que dicen el MPLA y sus partidarios de que el FNLA jamás fue un verdadero grupo de liberación nacional y que sólo el MPLA hacía la lucha armada.

En realidad, el FNLA jugó un papel tan importante que en 1964 la IV Internacional reconoció correctamente que el FNLA dirigía la lucha y que, por lo tanto, había que apoyarlo. La IV Internacional, por supuesto, no apoyó políticamente al FNLA porque su programa se limitaba a lograr la liberación nacional.

Al mismo tiempo, el FNLA era calumniado por el MPLA, que lo acusaba de ser instrumento del imperialismo occidental y del régimen de Tshombe en el Congo. La verdad es que Tshombe, apoyado por Portugal, Bélgica y Washington, atacó al FNLA.

La IV Internacional defendió al FNLA contra estas calumnias. Camaradas como Livio Maitan señalaron en sus artículos que, aun si el FNLA hubiera solicitado ayuda a Washington, lo esencial no eran esos vínculos, sino cómo se llevaba a cabo la lucha de las masas angoleñas por la independencia.

Durante este período el MPLA era muy débil: en 1963 llegó al borde de la disolución. No estaba vinculado a los combatientes en Angola ni a los refugiados en Zaire. Sin embargo, en los años subsiguientes, estableció vínculos con los dirigentes étnicos y religiosos (metodistas) mbundus de Angola central. En 1967 pudo crear algunas bases en Zambia y el Congo (Brazzaville), y llevar a cabo acciones contra los portugueses en las zonas fronterizas con esos países.

La UNITA entró en escena en 1964-1965. Comenzó como una ruptura del FNLA dirigida por Jonas Savimbi, quien era ministro de relaciones exteriores y vice comandante del Frente. A ella se unieron grupos maoístas que rompieron con el MPLA, caracterizando a esta organización de “tribal” y “prosoviética”. A fines de los años 60 y comienzos de los 70, la UNITA decía carecer de ayuda exterior. Afirmaba que todas sus actividades se basaban en Angola, en contraste con las del MPLA y el FNLA sostenidas fundamentalmente desde el exterior. Las zonas liberadas por UNITA estaban en el centro y sud de Angola, habitadas principalmente por el pueblo ovimbundu.

La incapacidad de Portugal de sobrellevar el peso de las guerras coloniales fue un elemento decisivo entre los que provocaron la caída del régimen de Salazar-Caetano y detonaron las luchas de masas que vienen sacudiendo a Portugal desde abril de 1974.

Para postergar la independencia, los imperialistas portugueses trataron de apuntalar a las diversas organizaciones neocolonialistas y de colonos blancos. Todos los grupos de liberación se opusieron a esta maniobra neocolonialista y exigieron la independencia inmediata. Los tres grupos, especialmente el FNLA, incrementaron la guerra de guerrillas contra los portugueses.

El 26 de mayo de 1974, justo después de la caída de Caetano, veinte mil negros salieron a manifestar en Luanda, exigiendo la independencia. El 15 de julio, en respuesta a ataques racistas contra las comunidades africanas, se realizó una huelga general, seguida de la ocupación de universidades y colegios secundarios por parte de los estudiantes, profesores y personal no docente.

Con este alzamiento la clase obrera angoleña entró en la arena política.

Con el incremento de las inversiones imperialistas no portuguesas en los años 60 y 70, la clase obrera angoleña se expandió. En 1973, de una población africana de 5 ó 6 millones, 130. 000 eran obreros fabriles, concentrados principalmente en Luanda, Lobito y Nova Lisboa.

En la oleada de movilizaciones de masas angoleñas, luego del golpe de abril de 1974 en Portugal, los obreros de Luanda, Lobito, Benguela y Nova Lisboa lanzaron una ola de huelgas por aumentos de salarios, mejores condiciones de trabajo y contra las acciones racistas.

En las marchas y manifestaciones, los participantes llevaban los carteles y banderas de los tres grupos de liberación.

El gobierno de transición

Para solucionar los problemas planteados por esta oleada de movilizaciones de masas y luchas obreras, los portugueses firmaron un acuerdo que llevó al FNLA, UNITA y MPLA a formar parte de un llamado gobierno de transición, integrado también por funcionarios portugueses.

La independencia vendría después, tras las elecciones.

La instauración del gobierno de transición coincidió con el inicio de una nueva fase en la lucha. Esta se caracterizó por el resquebrajamiento del colonialismo portugués en Angola, por los esfuerzos de las masas para instaurar su propio gobierno y por la lucha de distintas potencias imperialistas y otras fuerzas para lograr el control de la situación o, al menos, aprovecharla.

El rasgo sobresaliente de este período ha sido la guerra civil angoleña, es decir, la lucha entre las tres fracciones nacionalistas. Este conflicto fratricida ha facilitado enormemente la intervención imperialista.

Por ejemplo, uno de los objetivos de Washington ha sido profundizar y exacerbar las hostilidades.

La mayoría de los grupos de izquierda han ofrecido apoyo a una u otra de las fracciones nacionalistas angoleñas. Algunos maoístas apoyan al FNLA o a la UNITA; los stalinistas pro-Moscú, el sector agrupado en los EE.UU. en torno al periódico Guardian y la mayoría de los grupos de ultraizquierda apoyan al MPLA.

Como los camaradas saben, esta cuestión se está debatiendo en el movimiento trotskista mundial. Los camaradas de la Tendencia Mayoritaria Internacional (TMI) están a favor de apoyar al MPLA. Esta posición ha sido sostenida con especial vigor en el artículo de C. Gabriel Sobre el problema de Angola, publicado en Intercontinental Press, (8/12/75). La dirección del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de la Argentina concuerda en esto con la TMI.

Los camaradas de la TMI argumentan que el MPLA recibe el apoyo de la clase obrera y que por ello debe ser apoyado, sin que importe lo inadecuado o erróneo que pueda ser su programa. Dicen que hay que reconocer al MPLA su papel dirigente en el levantamiento proletario, y que la victoria del FNLA y la UNITA significaría la represión y aun la masacre del sector obrero más radicalizado. También sostienen que el MPLA es más progresivo que los otros grupos y que ha puesto en marcha un programa social más progresista en las zonas bajo su control.

Estos compañeros dicen que el FNLA y la UNITA no son legítimos movimientos de liberación nacional, sino agentes venales de Washington y de otras potencias imperialistas. Tachan a FNLA y UNITA de “grupos tribalistas”; es decir, que se basan en grupos étnicos. La conclusión es que los grupos “tribalistas” son más “atrasados” que el MPLA, al cual pintan como un movimiento “panangoleño”.

La realidad es un poco distinta. Es por eso que quisiera usar parte de mi tiempo para demostrar qué falso y erróneo es ese cuadro.

La cuestión nacional

Creo que el problema que la mayoría de los partidarios del MPLA no ven es la cuestión nacional, que ellos llaman “tribalismo”.

Tanto el MPLA como la UNITA y el FNLA dicen representar a un movimiento “panangoleño”; y cada uno de ellos tacha a los otros dos de “tribalistas”. La verdad es que cada movimiento se basa en uno de los tres principales grupos étnicos del país.

A excepción de pequeños sectores urbanizados, es falso afirmar que existe, en forma acabada, una nacionalidad angoleña. El grueso de la población angoleña está dividida en grupos étnicos separados en zonas geográficas bien definidas que en algunos casos se extienden a otros países.

Estos grupos tienen lenguaje y cultura propios, y su propia experiencia histórica como pueblos distintos. En síntesis, cada uno de ellos posee los atributos de una nacionalidad.

Después de todo, las fronteras angoleñas fueron trazadas por las potencias coloniales imperialistas, no por los límites étnicos o los deseos de las masas africanas. Además, el capitalismo portugués bloqueó la integración económica y política de los distintos pueblos angoleños.

La lucha de liberación se desarrolló en forma desigual, representando cada grupo a una de las tres principales nacionalidades del país.

La base del MPLA la constituyen los mbundus, que habitan el norte y centro de Angola y alrededor de Luanda. Son más o menos un millón y medio.

El FNLA se basa en el millón y medio de bakongos, que viven en la zona noroccidental de Angola.

La UNITA encuentra apoyo entre más de dos millones de ovimbundus que habitan el centro y sur de Angola.

Divisiones étnicas

Salvo por algunos breves períodos, las posiciones militares de los grupos han reflejado las divisiones de esas zonas étnicas.

En las zonas urbanas también hay divisiones étnicas. Por ejemplo, en Lobito, el segundo puerto del país, decenas de miles de manifestantes salieron a recibir a Savimbi y la UNITA cuando tomaron la ciudad en noviembre. No hay que sorprenderse, porque Lobito es un centro de los ovimbundus.

Cuando MPLA logró el control de Luanda, sus propios diarios informaron que durante varios días miles de trabajadores de origen bakongo y ovimbundu salieron a la calle exigiendo que se los trasladara a otras zonas en manos del FNLA o la UNITA. Muchos pudieron llegar a Lobito, donde salieron a recibirlos manifestantes de la UNITA.

Tenemos que vaticinar que la victoria de cualquier bando en esta guerra civil podría significar pogroms con decenas de miles de víctimas. Ya los dirigentes del MPLA han discutido convertir en “otra Biafra” a las zonas bakongo en manos del FNLA.

En África, la palabra “Biafra” es sinónimo de la guerra civil de Nigeria y de la tremenda matanza realizada en torno al llamado problema tribal. Una perspectiva similar se da en Angola. Cada uno de los grupos —y no sólo el MPLA— utiliza, para lograr sus objetivos, la hostilidad entre las nacionalidades.

Debemos dejar en claro que no somos “patriotas angoleños”. Ser “panangoleño” no es ser necesariamente más progresista que ayudar a los bakongos, ovimbundus y mbundus a anudar buenas relaciones contra el enemigo común: el imperialismo.

Como leninistas, comprendemos que el camino para unir las masas de Angola contra la explotación y opresión no es el de denunciar como “tribalismo atrasado” las aspiraciones nacionales de estos pueblos, sino apoyar su derecho a la autodeterminación, que incluye el derecho a la autonomía y aun a la secesión.

Impulsar la victoria de alguna de las fracciones nacionalistas contra las otras lleva a exacerbar las tensiones. El MPLA, por ejemplo, ha anunciado que los que apoyen a los otros grupos no recibirán la ciudadanía angoleña, amenaza que seguramente fortalecerá su determinación de combatir hasta la muerte contra la victoria del MPLA.

Una razón por la cual ninguno de los grupos nacionalistas ha logrado superar los límites de su nacionalidad, es que se basan en programas económicos y sociales procapitalistas y antiobreros, que son esencialmente semejantes.

Esa fue, también, una de las razones por las que los portugueses llevaron a los grupos nacionalistas al gobierno de transición. Querían utilizarlos para frenar el ascenso de las luchas obreras.

Esto se opone a los argumentos de los que en el movimiento trotskista apoyan al MPLA, diciendo que éste es más “progresivo” que UNITA y FNLA o, al menos, más sensible a las presiones obreras.

Los tres grupos obedecieron el dictado de los portugueses. En esto, los más activos fueron UNITA y MPLA, que tienen apoyo en los centros urbanos.

Campaña contra las huelgas

Una de las primeras medidas de los tres grupos fue pedir a los trabajadores que terminaran las huelgas. Esta apelación fue inmediatamente seguida de un decreto dando al gobierno el poder de poner bajo control militar a los portuarios y otros trabajadores en huelga.

Los distintos grupos intentaron utilizar la campaña antihuelgas para lograr ventajas fracciónales, así como para tratar de conservar sus bases obreras.

Por ejemplo, cuando los portuarios de Lobito salieron a la huelga, el MPLA utilizó esto como excusa para enviar sus tropas contra la UNITA. El MPLA sostuvo que las tropas de UNITA eran responsables de la huelga, puesto que los portuarios eran ovimbundus partidarios de UNITA. No queremos decir con esto que la UNITA desempeñó en esa ocasión un papel más progresivo. Después de ser rechazado el ataque del MPLA contra los huelguistas, la UNITA ayudó a romper la huelga, so pretexto de que los portuarios impedían la llegada de pertrechos de Zambia destinados a las fuerzas de liberación africanas.

Desde el colapso del gobierno y el inicio de la guerra civil en julio de 1975, hacia los trabajadores no ha habido cambios en la actitud de esos grupos, incluyendo al MPLA.

En Luanda, bajo control del MPLA, el trabajo portuario ha vuelto a ser otra vez una labor de casi veinticuatro horas, y ha aumentado la duración de la jornada pero no los salarios. Es posible que exista allí alguna resistencia obrera, a juzgar por el hecho de que la dirección del MPLA denuncia como saboteadores a quienes no cumplen con el nuevo ritmo de trabajo.

Otro indicio es el informe, conocido por camaradas de dirección europeos, de que recientemente se reprimió a militantes obreros en Luanda. Ello se dio después de una purga de miembros “izquierdistas” del MPLA.

Los arrestos de militantes se dieron, en Luanda, en el contexto de una caza de brujas contra el “trotskismo”, aunque no hay datos de la existencia de algún grupo trotskista en el país. Los camaradas portugueses han informado que algunos estudiantes angoleños atraídos por el trotskismo y que volvieron a zonas controladas por el MPLA, fueron expulsados por esa organización a punta de pistola.

En cuanto al problema crucial del ascenso obrero, los hechos demuestran que el MPLA tiene en el fondo la misma posición que el FNLA y la UNITA. El MPLA intenta romper las huelgas, alarga las horas de trabajo e impide la organización independiente de la actividad política de la clase obrera.

Uno de los argumentos de los camaradas de la TMI es que el MPLA recibe el apoyo de los sectores obreros más radicalizados, los que serían reprimidos si los otros grupos entraran en Luanda. Si fuera cierto, podría argumentarse, con la misma razón que, de triunfar en Lobito, el MPLA reprimiría a los militantes obreros pro UNITA, tales como los portuarios, contra los cuales ya anteriormente envió tropas.

Cualquiera sea el apoyo que el MPLA pueda haber obtenido de los trabajadores en las regiones de los mbundus, ya ha roto huelgas y arrestado a militantes obreros en Luanda, y ha suprimido las expresiones de auténtica radicalización obrera.

Las líneas de clase en Angola no siguen las fronteras étnicas, sino que delimitan a los trabajadores de las direcciones de las tres fracciones nacionalistas. Para los obreros y sus aliados en Luanda, Lobito, el Bakongo, Mbundu, Ovimbundu y en toda Angola, el camino apropiado es el de avanzar en forma independiente.

Los trabajadores y sus aliados tienen que romper con cada uno de los grupos y formar un partido propio, basado en un programa obrero revolucionario.

Sólo con un programa así podrán los trabajadores superar las divisiones de fracción y las hostilidades nacionales que alimentan la guerra civil. Las masas trabajadoras angoleñas necesitan un programa de independencia de clase para derrotar la política antiobrera de los tres grupos nacionalistas y sus respaldos neoconialistas e imperialistas.

Otro elemento más en la situación es el apoyo imperialista que reciben el FNLA y la UNITA, que incluye el uso de tropas sudafricanas. ¿Esto implica que automáticamente debemos apoyar al MPLA?

En primer lugar, tenemos que definir nuestro criterio. Si ponemos un más donde la Casa Blanca pone un menos, o un menos donde la Casa Blanca pone un más, sería muy fácil determinar nuestra política.

Ya debatimos esto en la discusión con los camaradas de la TMI en relación a la defensa, el verano pasado, de los derechos democráticos del Partido Socialista [portugués]. ¿Deberíamos habernos opuesto a esa defensa porque la CIA declaró haber enviado fondos al Partido Socialista y los propagandistas de Wall Street decían defender la democracia al apoyar al PS contra el PC? Dijimos no, aunque, por supuesto, nos opusimos a la línea de colaboración de clases del PS portugués.

En Angola, debemos comenzar analizando las posiciones de los tres grupos en relación al imperialismo. Aquí tampoco encontramos diferencias fundamentales. El MPLA —al igual que la UNITA y el FNLA— ha dicho claramente que está a favor de las inversiones imperialistas extranjeras.

Los grupos nacionalistas, cuando participaron en el gobierno de transición, se mostraron de acuerdo en ese sentido. Los tres estuvieron a favor de que continuaran las inversiones extranjeras, con la condición de que el gobierno fuera dueño del 51% en el caso de las grandes industrias

El gobierno ya era dueño del 51 % de las acciones de la concesión de la Gulf Oil en Cabinda y tenía un porcentaje similar en las minas de diamante pertenecientes a intereses sudafricanos, belgas, portugueses y estadounidenses.

Además, muchas propiedades portuguesas ya habían sido nacionalizadas por efecto de las medidas dictadas por el MFA en Portugal. La medida más importante que exigían sobre todo el MPLA y el FNLA era la expropiación de los cafetales. En esto había mutuo acuerdo, y se logró sin dificultad un convenio ya que en su gran mayoría los pequeños propietarios Cafetaleros habían huido de Angola.

Cada uno de los grupos ha demostrado, además, su inclinación a solicitar contra sus enemigos apoyo imperialista en el terreno político, económico y aun militar.

El MPLA, por ejemplo, pidió el apoyo del régimen del MFA cuando éste todavía gobernaba Angola. Aunque los gobernantes portugueses estaban divididos en cuanto a la respuesta a dar, después de instaurado el gobierno provisional tendieron por lo general a apoyar al MPLA. Por ejemplo, cuando el MPLA obligó al FNLA y la UNITA a salir de Luanda, el ejército portugués anunció que impediría todo intento del FNLA de volver a la ciudad. Al retirarse los portugueses de Angola, el MPLA recibió miles de fusiles, camiones, barcos y otros pertrechos, mientras casi todo este equipo era retirado de las zonas controladas por FNLA y UNITA (parte de él fue llevado a la zona del MPLA).

El MPLA también ha buscado, y se jacta de haber recibido, apoyo material y político de los gobiernos de las potencias imperialistas menores, tales como los países escandinavos, Bélgica, Holanda y Canadá. Es posible que este apoyo haya disminuido en los últimos meses debido a la presión de los Estados Unidos.

Debemos agregar que el MPLA ha mantenido buenas relaciones con varias de las más grandes empresas imperialistas que tienen concesiones en sus territorios, inclusive con aquéllas cuyos gobiernos apoyan activamente a la UNITA o al FNLA.

La Gulf Oil y el MPLA

La Gulf Oil tiene la mayor concesión imperialista en Angola; obtiene más de mil millones de dólares al año de sus pozos petroleros de Cabinda, cuya producción se decuplicará en los próximos años.

Hay muchos informes, tanto del MPLA, como del Departamento de Estado norteamericano y de la Gulf Oil, que indican que las relaciones entre el MPLA y la Gulf son muy buenas. Se dice, inclusive, que la Gulf está tratando de presionar al Departamento de Estado para que cambie su línea anti-MPLA. La Gulf fue el principal apoyo económico que tuvo el MPLA hasta el 22 de diciembre, cuando el Departamento de Estado obligó a la compañía a suspender los pagos.

En septiembre y octubre, la Gulf dio 116 millones de dólares al MPLA. Para el 31 de diciembre estaba previsto otro pago de 95 millones. Pero, después que Edward Mulcahy, Subsecretario Suplente de Estado para Asuntos Africanos, presionó a la Gulf, la compañía suspendió las entregas.

El pago de setiembre y octubre fue tres veces mayor que toda la ayuda de EE.UU. al FNLA y a la UNITA. Fue igual a la ayuda soviética que recibió el MPLA durante todo 1975. Así, desde el punto de vista formal de quién recibió ayuda del imperialismo norteamericano, el MPLA era hasta pocas semanas atrás el principal beneficiario. Claro que esta ayuda no provino del gobierno de Ford sino de la mayor empresa imperialista que opera en el país.

La suspensión de los pagos se produjo luego de una pugna entre el Departamento de Estado y la Gulf Oil. La Gulf intentó persuadir al Departamento de Estado a adoptar una posición menos agresiva hacia el MPLA. Pero Kissinger fue el más fuerte y ganó la batalla. Esta pugna es un indicio de las diferencias que existen en el seno de la clase dominante norteamericana en torno a la intervención en Angola.

Las relaciones amistosas entre la Gulf y el MPLA no son un caso único. Otras compañías reciben el mismo trato.

Esto no demuestra que la Gulf controle al MPLA. Sólo subraya el hecho de que cada una de las organizaciones nacionalistas tiene idéntica posición hacia el imperialismo; cada una maniobra con el imperialismo; cada una está dispuesta a hacer concesiones políticas y económicas para ganar su apoyo.

Los grupos son verdaderos movimientos nacionalistas con apoyo de masas; en consecuencia, no son dependientes del imperialismo. Es su rivalidad fraccional, que ahora ha llegado a nivel de guerra civil, la que ha exacerbado su propensión a pedir ayuda extranjera para igualar a sus oponentes en armas pesadas y equipo militar sofisticado.

Entre semejantes grupos nacionalistas es común buscar la ayuda del imperialismo. Además las distintas fuerzas imperialistas suelen intervenir —como en este caso—en los distintos bandos para garantizar que sus intereses se vean favorecidos gane quien gane.

Es posible que la principal estrategia del Departamento de Estado en este conflicto no sea la de inclinar la balanza decisivamente a favor de ninguno de los bandos, cosa que podría haber logrado fácilmente enviando una mayor ayuda a la UNITA y al FNLA o mediante una intervención más masiva de las tropas sudafricanas.

Es posible que el Departamento de Estado apunte a mantener un equilibrio de poder entre los tres grupos, impidiendo una derrota total de la UNITA y el FNLA. A medida que pase el tiempo, las masas angoleñas se cansarán y cada fracción será más susceptible a someterse a la influencia del imperialismo a cambio de recibir su apoyo.

La intervención de Moscú

Una de las razones que da Kissinger para apoyar al FNLA y la UNITA es la intervención del Kremlin a favor del MPLA.

Se calcula que Moscú entregó pertrechos militares al MPLA por valor superior a los 100 millones de dólares.

El Kremlin persigue los mismos objetivos que en otras zonas coloniales y semicoloniales. Trata de fortalecer la influencia diplomática de la URSS, pero sin extender la revolución mundial ni ayudar realmente a la liberación nacional de Angola.

En realidad, al igual que Washington, Moscú no parece buscar una victoria total del bando al que favorece. Los burócratas soviéticos tratan de sumar puntos para las negociaciones en el marco de la “distensión” con el imperialismo norteamericano. Esa es la base del apoyo del Kremlin al MPLA.

Otro objetivo es el de contrarrestar el prestigio de Pekín en África. Al apoyar a un MPLA supuestamente progresista, enfrentado con la UNITA y el FNLA, que han recibido apoyo de China, Moscú puede mejorar su imagen a costa de Pekín. En África, durante largo tiempo, Moscú ha gozado de menos simpatías que Pekín. En realidad, Guinea-Bissau y Mozambique, dos países cuyos dirigentes están estrechamente alineados con el MPLA, se encontraban más cerca de Pekín que de Moscú.

La intervención cubana

La intervención de Cuba, que según los informes tiene alrededor de cinco mil soldados en Angola, es subsidiaria de la intervención de la URSS. Por razones diplomáticas, Moscú prefiere no enviar tropas soviéticas. Desde el punto de vista cubano, esta acción podría ser valorada como una demostración de oposición al imperialismo.

Kissinger ha denunciado el apoyo de Moscú al MPLA, diciendo que esto pone en tela de juicio a la distensión en su conjunto. Al mismo tiempo, Kissinger no ha propuesto ninguna respuesta seria, como sería cortar las ventas de trigo a la URSS. Pero incluso si tomáramos su propaganda al pie de la letra, ¿esto significa que deberíamos apoyar el “derecho” de un estado obrero de aprovecharse de una situación como la de Angola y que esto implica dar apoyo político al MPLA?

No lo creemos. Los intereses de la revolución mundial no coinciden con los de la burocracia parasitaria soviética ni sus estrechas maniobras diplomáticas. La intención del Kremlin al otorgar ayuda militar y diplomática al MPLA no es la de ayudar a las masas angoleñas, sino la de comprometer al régimen del MPLA con Moscú.

Si basáramos nuestra posición en las acciones de los representantes burocráticos de un estado obrero degenerado o deformado, nos encontraríamos con una dificultad.

Corea del Norte y China han enviado asesores y ayuda militar al FNLA y a la UNITA. Rumania, otro estado obrero deformado, tiene la política de coquetear y dar ayuda a todos los bandos en este conflicto. ¿Qué campo elegimos entre los estados obreros que pescan en las aguas turbulentas de Angola?

¿Creemos, acaso, que Cuba y la URSS son más “progresivas” porque apoyan a una fracción nacionalista pequeñoburguesa, mientras que Pekín y Pyongyang apoyan a otra fracción nacionalista pequeñoburguesa?

Si no podemos confiar en la capacidad de ninguna de las fracciones de hacer avanzar la revolución socialista en Angola o en el plano internacional, concluimos entonces que la ayuda ofrecida por la burocracia de un estado obrero deformado o degenerado no cambiará la situación.

Por ejemplo, los burócratas contrarrevolucionarios que gobiernan la URSS no se oponen de ninguna manera a que se rompan huelgas o se arresten militantes, sobre todo si se hace bajo el pretexto de una caza de brujas contra el “trotskismo”. En realidad, es posible que esa caza de brujas haya sido una de las condiciones impuestas para dar su ayuda al MPLA.

Está claro que la posición marxista revolucionaria para la guerra civil angoleña no puede automáticamente derivarse de la intervención soviética y cubana a favor del MPLA, o de la intervención china y norcoreana a favor de la UNITA y del FNLA.

La guerra civil involucra fundamentalmente a tres fracciones nacionalistas sin principios, cuya política es procapitalista, antiobrera y de colaboración de clases.

La intervención sudafricana

El hecho más ominoso en la guerra civil angoleña es la intervención de Sudáfrica. Esta es una de las consecuencias de la falta de principios de los contrincantes, que invitan a la intervención foránea sin importarles su carácter reaccionario.

La intervención sudafricana ha pasado por varias fases.

Las primeras incursiones empezaron en junio o julio. Su objetivo inmediato era perseguir a los guerrilleros del SWAPO (South West African People’s Organization: Organización Popular de África del Sudoeste), quienes habían pasado a Angola desde Namibia. Bajo el dominio portugués, incluso bajo la dictadura de Salazar-Caetano, a las tropas sudafricanas se

les había prohibido entrar en Angola. Los portugueses temían que las incursiones sudafricanas allanaran el camino para la penetración de Sudáfrica en la región.

En agosto, la persecución a los guerrilleros del SWAPO fue seguida por la toma de la represa de Cunene y la ocupación militar de la zona.

Es importante señalar que el FNLA y la UNITA no sirvieron de títeres sudafricanos en esta invasión imperialista. En cambio UNITA y FNLA estuvieron a la cabeza de los combates contra Sudáfrica en junio, julio, agosto, junto con el MPLA. No es de sorprenderse, puesto que en estas zonas la población local apoya a las unidades de UNITA y FNLA dirigidas por Daniel Chipenda.

La guerra civil se profundiza

Fue la profundización de la guerra civil lo que impidió a las tres organizaciones unir sus fuerzas y echar a las tropas sudafricanas de Angola.

En octubre aparecieron los primeros informes de que había tropas sudafricanas participando en un avance de las fuerzas de FNLA y UNITA por la costa desde el sur. Según el MPLA, la columna incluía varios cientos de soldados de Sudáfrica, algunos de los cuales se hacían pasar por mercenarios. Otras fuentes afirman que actualmente cinco o seis mil efectivos sudafricanos han invadido Angola, contando con más tropas acantonadas en las zonas fronterizas de Namibia.

Debido a la censura sudafricana y a los intentos del FNLA y la UNITA de encubrir los movimientos de Sudáfrica, no está claro por el momento qué campo de operaciones es primordial: la persecución al SWAPO, la ocupación del valle de Cunene, o las agresiones militares contra el MPLA.

Los sudafricanos han intervenido por cuatro razones obvias: 1) mantener el control de la región del Cunene; 2) fortalecer su control sobre Namibia; 3) inclinar la balanza de la guerra civil a favor de la UNITA y el FNLA; 4) facilitar los planes contrarrevolucionarios del Departamento de Estado.

Hay que denunciar a la UNITA y el FNLA por formar un bloque con Sudáfrica, así como en el pasado había que denunciar al MPLA por colaborar con el ejército colonial portugués contra el FNLA y la UNITA.

En cuanto al régimen de Vorster en Sudáfrica, debe ser duramente censurado, junto con el gobierno de Ford, por intervenir en la guerra civil angoleña. Vorster utiliza tropas sudafricanas para allanar el camino a la intervención de tropas de otras potencias imperialistas. Nuestra consigna debe ser: “¡Fuera Sudáfrica de Angola!”

¿Cuál debe ser la posición de los revolucionarios?

Nuestra posición respecto de la guerra civil entre los grupos nacionalistas angoleños puede resumirse de la siguiente manera: 1) los tres grupos están a favor de colaborar con el imperialismo y se oponen a la movilización obrera y a cualquier autentica lucha por el socialismo; 2) los tres tratan de exacerbar la hostilidad entre las principales nacionalidades de Angola; 3) al mismo tiempo, cada uno posee una verdadera base de masas y ha desempeñado un papel importante en la lucha por la independencia.

Opinamos que no hay que dar apoyo político a ninguno de los tres grupos. La victoria de cualquiera de los tres no ofrece ninguna garantía de que las masas angoleñas avancen hacia el socialismo. Imponer el dominio de una nacionalidad sobre las otras dos no ofrecería una solución estable para los problemas de Angola y sólo facilitaría los planes del imperialismo para el país.

En realidad, no creo que ninguno de los grupos pueda “ganar” la guerra en vista de la amplia base popular que posee cada uno. Si alguno lograra una victoria decisiva sobre los otros, podría significar un baño de sangre en el que el verdadero ganador seria el imperialismo.

Nuestra actitud es de oposición a la guerra fraccional. Estamos a favor del programa socialista: por las luchas de los obreros, la juventud y los campesinos que apunten a una sociedad socialista. Nos oponemos al programa y a la práctica de cada uno de los grupos nacionalistas. Estamos a favor de una política clasista para las masas.

La responsabilidad de los socialistas norteamericanos

Como socialistas revolucionarios norteamericanos, nuestra tarea es la de oponernos a la intervención imperialista en Angola, en particular la intervención del imperialismo yanqui. Nuestra tarea consiste en organizar mítines, piquetes y manifestaciones y hacer todo lo posible para que crezca la oposición ya existente contra la intervención en la guerra civil angoleña.

Si, como parece muy probable, se incrementara la intervención imperialista, es posible que decidamos apoyar, por razones tácticas, la victoria de alguno de los grupos, pero, desde luego, sin darle apoyo político. En realidad, seguiríamos oponiéndonos políticamente a ese grupo.

Sin embargo, como he dicho, no sería correcto que en este momento asumiéramos esa posición. Nuestra preocupación principal en este momento es montar una efectiva campaña contra la intervención de Washington en la guerra civil y contra su objetivo de impedir la liberación nacional y las luchas sociales del pueblo angoleño.

¡EE.UU. fuera de Angola!

Declaración del CN del SWP aprobada el 4/1/76 junto con el informe de Tony Thomas[10]

Es necesario actuar inmediatamente para impedir que los demócratas y los republicanos sumerjan a los Estados Unidos en una nueva guerra. Se requieren piquetes, conferencias, mítines, y marchas para transmitir el siguiente mensaje a Washington: ¡Alto a la intervención de los EE.UU. en Angola — fuera de Angola!

Los trabajadores en este país no ganarán nada y perderán todo con la intervención de Ford en la guerra civil en Angola. No tienen ningún interés en ver que se gasten millones de dólares en otra guerra mientras que se reducen drásticamente los fondos para la educación, la salubridad y la vivienda. Y no tienen ningún interés en ver que se manden tropas norteamericanas a que mueran en Angola, lo que puede suceder si se incrementa la intervención de Washington.

Los norteamericanos negros en particular no quieren tener nada que ver con la política bélica de Ford. El gobierno norteamericano ha llevado a cabo una constante guerra contra la lucha por la liberación de los negros, en África y en los Estados Unidos. Los norteamericanos negros saben mejor que nadie que la política de Washington es completamente racista.

¿Por qué van a creer qué la CIA está luchando por la libertad en Angola, cuando saben que los Estados Unidos conspiraron contra la vida de Patrice Lumumba, el dirigente rebelde congolés, asi como había conspirado para desorganizar y destrozar el movimiento por la liberación de los negros en este país?

¿Por qué van a apoyar los gastos de millones de dólares para la guerra en Angola, mientras que los servicios sociales que necesitan urgentemente las comunidades negras son recortados?

El gobierno de Ford ha asegurado repetidamente al pueblo norteamericano que la intervención de los EE.UU. en Angola “no es análoga” con la guerra en Vietnam. Pero la política de Ford apunta precisamente hacia otro Vietnam. Ford está involucrando a los Estados Unidos en una nueva guerra colonial, en la cual los recursos financieros y la fuerza militar están comprometidos en la protección de las ganancias e inversiones de las grandes corporaciones.

Durante años los Estados Unidos apoyaron las guerras coloniales portuguesas en África negra. Las tropas portuguesas fueron entrenadas en los Estados Unidos, armadas con armas de los EE.UU. y financiadas por dólares norteamericanos en su guerra racista para aplastar a los africanos que luchan por la libertad. Actualmente, tras la desintegración del imperio portugués, Washington se acerca a una intervención directa para imponer su voluntad sobre el pueblo de Angola y mantener el control imperialista de ese país.

Esta participación corre el riesgo de convertirse en una guerra nuclear que destruirá a la humanidad.

Así como en Vietnam, los pasos de Washington han sido tomados engañosa y secretamente.

A pesar de las negativas oficiales, no debe de haber ninguna ilusión acerca de los objetivos de los Estados Unidos en Angola. Los belicistas han estado incrementando su intervención paso por paso, probando la reacción, calculando qué tan lejos pueden ir sin generar otro movimiento antibélico.

Así como el movimiento contra la guerra de Vietnam jugó un papel fundamental en obligar a los Estados Unidos a retirarse de Indochina, un movimiento contra la intervención de los EE.UU. en Angola puede ayudar a prevenir que Washington arrastre el país hacia una nueva aventura en el extranjero. Existe, el potencial para que semejante movimiento sea construido, y para que logre un apoyo de masas.

El pueblo norteamericano tiene ya una profunda desconfianza de los objetivos y motivos en Angola. Las justificaciones dadas por Ford y Kissinger por la operación de los Estados Unidos en Angola son las mismas que aquéllas usadas en Vietnam: la necesidad de “parar al comunismo” y de defender “la seguridad nacional” mediante la intervención en un pequeño país a miles de millas de distancia.

Vietnam, Watergate y las constantes revelaciones de las conspiraciones de la CIA en el extranjero han dejado al pueblo norteamericano con saludables recelos hacia la propaganda del gobierno y una profunda oposición a cualquier aventura imperialista.

El argumento hipócrita de que Washington actúa para poner un alto al “colonialismo soviético” en África no tiene mucho peso entre millones de personas que empiezan a ver que la verdadera amenaza contra el derecho de los pueblos del mundo colonial a la autodeterminación proviene de Washington.

La afirmación de Kissinger de que el objetivo es la defensa de la autodeterminación es un pretexto transparente para encubrir el verdadero papel de los Estados Unidos. A través del sur de África, Washington ha sido un partidario firme del colonialismo y del apartheid.

El apoyo de los Estados Unidos a las guerras coloniales de Portugal iba de acuerdo con su apoyo inquebrantable a los regímenes de colonizadores blancos en Sudáfrica y Rhodesia.

La profunda y potencialmente explosiva oposición a los pasos que Ford ha tomado en Angola ha causado ya divisiones dentro de la clase dominante de los EE.UU. acerca de la prudencia táctica de la política de Ford. Un sector de los gobernantes de este país cree que el peligro de una reacción política contra la intervención de los Estados Unidos junto con el régimen del apartheid en Sudáfrica, es más preponderante que lo que se pudiera lograr al seguir este curso. Dicen que otro Vietnam podría ser desastroso para el imperialismo norteamericano.

Fueron los representantes de este punto de vista los que ganaron el voto en el Senado el 19 de diciembre a favor de recortar los fondos para las operaciones “encubiertas” en Angola.

Pero esta acción, tomada con mucha demagogia, no tiene que ser necesariamente respetada por el Senado. El Congreso fue suspendido convenientemente durante los días de fiesta antes de que se pudieran discutir estas medidas en la Casa de Representantes, permitiendo que Ford siguiera otorgando ayuda militar y maniobras diplomáticas, al menos durante varias semanas más.

Así como sucedió una y otra vez durante la guerra de Vietnam, los críticos de la guerra en el Congreso se contentaron con una retórica sobre la paz, negándose al mismo tiempo a tomar medidas para retirar a los Estados Unidos.

¡Qué falta de responsabilidad sería que los oponentes de la intervención de los EE.UU. en Angola dependieran de los políticos demócratas y republicanos para parar este impulso bélico de los Estados Unidos! El movimiento contra la guerra de Vietnam fue exitoso porque no tuvo ninguna confianza en que las “palomas” (políticos que favorecen una línea más moderada) en Washington fueran consecuentes con sus promesas de paz. En cambio, movilizó a millones de personas en las calles.

El movimiento contra la guerra de Vietnam aprendió que la única voz que hizo reaccionar a las “palomas” fue la voz de las masas en protesta.

El movimiento obrero, las comunidades negras, las universidades y las secundarias, deberían ser ahora los círculos de discusión, educación y acción contra la guerra.

Todos aquellos que se opusieron a la guerra de Vietnam, y aquellos que han marchado contra la intervención de los Estados Unidos en el sur de África, deben unirse en un esfuerzo enérgico para poner fin a los planes bélicos de Ford en Angola.

Los diferentes puntos de vista sobre el papel y los programas de los tres grupos de liberación involucrados en la guerra civil en Angola no deberían de obstaculizar las acciones unidas de todos los partidarios del derecho de los angoleses a la autodeterminación.

Este es el momento de lanzar una campaña de acción para poner un alto a la agresión de los EE.UU. y para dejarle saber a Washington que el pueblo norteamericano no quiere otro Vietnam. El Socialist Workers Party promete su ayuda y apoyo para construir semejante movimiento.

¡No a la guerra secreta! ¡Que el pueblo norteamericano sepa toda la verdad acerca de la intervención de los Estados Unidos!

¡Ni un centavo para la guerra, ni un soldado para Angola!

¡No más Vietnam! ¡Fuera de Angola!

Resumen de la nacional de la discusión del Comité Nacional del Socialist Workers Party

por Tony Thomas[11]

Para comenzar, deseo responder a algunas cuestiones, que los compañeros formularon durante la discusión. Creo que es importante comprender que muchas de estas preguntas son difíciles de responder, como señaló el compañero Fred Halstead. Tratamos de basarnos en información concreta, en hechos que hayan sido verificados, generalmente en fuentes allegadas al MPLA, como son, diarios portugueses, publicaciones angoleñas del MPLA, e informes de los camaradas que han podido ir a Angola.

Lo que planteamos sobre las calumnias del MPLA contra el FNLA no es algo reciente. Esta fue la posición de la IV Internacional durante los primeros años de lucha. Recién en los últimos años la Tendencia Mayoritaria Internacional cambió su posición.

Es algo peligroso afirmar lisa y llanamente que un grupo es proimperialista mientras que otro no lo es, o que un grupo no es un verdadero movimiento de liberación nacional y el otro si. Hay que tener en cuenta los hechos concretos. Estos demuestran que, a pesar de lo que diga el MPLA, los otros dos grupos no son simples títeres.

No se trata de un Ky o un Thieu angoleño, o de personajes como Ngo Dinh Diem, a quien llevaron a Vietnam desde New Jersey. En este sentido la analogía con Vietnam no es válida.

El FNLA y la UNITA son auténticos movimientos, que muchas veces han demostrado tener apoyo de masas. Aun el propio MPLA afirma que no tiene esperanzas de ganar al pueblo en regiones como el Bakongo. Y esas regiones no son pequeños enclaves. Cada grupo de liberación tiene aproximadamente de un cuarto a un tercio del apoyo de la población.

Creo que es importante discutir algunas de las cuestiones planteadas por el compañero Sam Manuel. ¿Qué representan los tres grupos? No existen diferencias fundamentales en la cuestión básica de su actitud hacia el imperialismo.

Un camarada mencionó que el MPLA no llama a hacer una campaña de masas contra el imperialismo yanki, posiblemente porque no quiere perturbar la distensión. En principio, la actitud del MPLA no está relacionada con la distensión entre Washington y Moscú. Es verdad que el MPLA no llama a realizar una gran campaña de masas contra el imperialismo norteamericano. Pero eso no se debe a que le preocupe la distensión. Es que son previsores, quieren mantener abierta la posibilidad de relaciones amistosas con el imperialismo yanki. Es la contrapartida de la política de los otros dos grupos, quienes han tratado de superar al MPLA en la búsqueda de relaciones amistosas con el imperialismo yanki.

Desgraciadamente, en la actual lucha, ése tiende a ser el carácter de la política de los tres grupos.

En algún momento la situación puede cambiar de manera tal que llamemos a dar ayuda material al MPLA —o UNITA o FNLA o alguna combinación de los tres— mientras mantenemos nuestra oposición a su programa.

Nuestro punto de partida es la oposición a la intervención imperialista yanki, y si esto significa que terminamos ubicándonos en el mismo campo de alguno de los grupos, que así sea.

Es posible que con el tiempo alguna de las tres organizaciones evolucione de manera tal que deje de ser un grupo de liberación nacional, que pierda su apoyo de masas y se convierta en títere del imperialismo. Esto podría ocurrir. Pero, en esta etapa, entre los tres grupos no existe esa clase de diferencias básicas.

Nuestra oposición a la intervención del imperialismo no deriva de estimar que los imperialistas respaldan al grupo que no corresponde o cosa por el estilo. Opinamos que el imperialismo interviene para imponer su control. El imperialismo quiere impedir la independencia de Angola y debilitarla en general. Y aunque en algún momento llegáramos a apoyar al MPLA, no cometeríamos el error de presionar al imperialismo para que ayude al MPLA.

Creo que es importante comprender que la clase dominante norteamericana no tiene una posición unánime en cuanto al grupo que debe respaldar. Ya antes de iniciarse esta discusión existían presiones de parte de sectores a los que preocupa el peligro de otro Vietnam. Es un hecho que los especialistas en asuntos africanos del Departamento de Estado se opusieron unánimemente a la política de Kissinger. Dijeron que EE.UU. debería tratar de lograr un arreglo diplomático entre los tres grupos.

Richard Clark, presidente del Subcomité para África del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, fue a Angola y conversó con los dirigentes del MPLA. Al regresar, sostuvo que no existen diferencias fundamentales entre los tres grupos. Dijo que los dirigentes del MPLA le aseguraron que se alejarían de la Unión Soviética apenas derrotaran a los otros grupos.

Nos oponemos a exigir el retiro soviético

Quiero decir dos palabras sobre las campañas de los socialdemócratas y los maoístas, que exigen el retiro de “los rusos” o del “imperialismo soviético” de Angola. Nos oponemos a esto. No existe el imperialismo soviético, y todo esto favorece al imperialismo yanki. Equivale a decir que la ayuda soviética a los movimientos de liberación nacional es lo mismo que los intentos de los imperialistas de mantener su explotación económica y opresión social de los países coloniales.

Como revolucionarios y partidarios incondicionales del derecho de autodeterminación del pueblo angoleño, criticamos, desde luego, la insuficiente ayuda del Kremlin a la lucha contra el imperialismo. Criticamos el apoyo sin critica de los stalinistas a la política del MPLA, incluido el chovinismo del MPLA hacia los pueblos bakongo y ovimbundu, y sus intentos de aplastarlos. Criticamos la política del Kremlin de impedir el desarrollo de un partido socialista revolucionario en Angola. No concordamos con la política stalinista.

La burocracia soviética no se guía por los intereses de los obreros y campesinos angoleños, de la misma forma que tampoco representa los intereses de los obreros y campesinos soviéticos. Pero, en Angola, la amenaza, el peligro, es la intervención imperialista.

Nuestra tarea es exigir que el gobierno de EE.UU. se retire de Angola. Si la Unión Soviética dejara de enviar armas al MPLA, ¿sería eso un paso adelante para la revolución angoleña? No, ¡envalentonaría al imperialismo!

No exigimos a ninguno de los grupos de liberación nacional de Angola que devuelvan sus armas, cualquiera sea el origen de las mismas.

Lo que ayuda al juego del imperialismo mundial no el origen de las armas, sino la política de los tres grupos. Como dijo el camarada Peter Seidman, lo que menos queremos es darle a Washington la excusa para intervenir. Este es el aspecto más escandaloso de la exigencia de los socialdemócratas y los maoístas, de que se retire la URSS. Es una capitulación ante la presión del imperialismo norteamericano.

¿Qué pensamos que habría que hacer en Angola? Primero, llamar a la unidad de acción antiimperialista de las tres organizaciones nacionalistas junto con cualquier otra organización que exista en Angola. Las llamamos a unirse contra las distintas potencias imperialistas que han intervenido.

Cuando dominaban los portugueses, estábamos a favor de que las organizaciones nacionalistas se unieran en la acción para echarlos de Angola, en vez de que cada una tratara de maniobrar con los portugueses por su cuenta. Proponemos lo mismo con respecto a Sudáfrica o a cualquier otra potencia imperialista que trate de intervenir. Al mismo tiempo, tenemos el objetivo básico de ayudar a las masas a romper con estas organizaciones a nivel político.

No tenemos una actitud neutral respecto a los tres grupos en la guerra civil. Estamos contra la política de cada uno de ellos en la guerra civil; estamos contra su negativa a tener una política de unidad contra el imperialismo. Opino que la culpa no recae únicamente en UNITA y FNLA. Cuando la UNITA y el FNLA enfrentaron los primeros ataques de Sudáfrica —oponiéndose a la invasión del valle de Cunene, etcétera— el MPLA aprovechó la invasión sudafricana tratando de usarla a su favor.

En vez de lanzar una campaña nacional para unificar a las diversas organizaciones contra Sudáfrica, el MPLA atacó militarmente a la UNITA y, en menor medida, al FNLA.

Es difícil evaluar desde aquí los vericuetos de la guerra fraccional entre los tres grupos. Pero no tenemos dificultad en ver cuál es nuestra principal tarea, como lo señalaron Fred y otros camaradas: organizar la oposición a la intervención imperialista norteamericana, no sólo de palabra, sino también en los hechos.

Así lo haremos, y, en la medida en que los grupos de liberación nacional de Angola luchen consecuentemente para poner fin a la intervención imperialista, estaremos en el mismo campo.

Pero sería un obstáculo hacer una evaluación incorrecta, basada en una interpretación unilateral de los hechos, de tal forma que nos ubicaríamos, sin justificación adecuada, en el campo fraccional de alguno de los grupos nacionalistas y en oposición a los demás.

Sería un obstáculo en nuestra batalla contra el imperialismo, tal como ha ocurrido con otras tendencias en Portugal y en el resto del mundo, para quienes el apoyo a alguno de los grupos está por encima de las necesidades de la lucha contra el imperialismo.

Lo más importante de nuestra actividad no es ahora la polémica entre los distintos grupos o en el seno de la IV Internacional. La resolución principal de este plenario es lanzar una campaña sobre Angola, tanto en interés del pueblo angoleño y la revolución de África como de la revolución norteamericana.

El SWP debe ser el partido que más haga para sacar a los EE.UU. de Angola, el que trate de unir a todos los sectores en torno a este problema, el que intente superar el fraccionalismo de los partidos de tal o cual grupo.

Creo que la respuesta de las comunidades negras va a ser muy amplia. Pienso que también tendremos una buena recepción en el movimiento obrero y estudiantil, y en cualquier parte donde aún se recuerde la experiencia de Indochina.

Resolución sobre Angola

Aprobado por la mayoría del CEI, en febrero de 1976[12]

1. La formación de un estado independiente en Angola es el resultado de una lucha política y militar llevada a cabo por múltiples fuerzas políticas y sociales. A pesar de la existencia de una tradición anticolonialista, y de la amplitud de las fuerzas movilizadas en la confrontación armada, la lucha se ha prolongado durante catorce años a causa de los siguientes factores específicos:

a. La necesidad que el imperialismo portugués tenía de controlar los considerables recursos del país, tanto más cuanto que, a causa de su debilidad económica y política, no podía plantearse seriamente la realización de una reconversión neocolonial;

b. La necesidad que el régimen fascista de Lisboa tenía de mantener su imperio colonial para no romper el desequilibrio socioeconómico en el que se apoyaba;

c. La presencia en Angola de un importante contingente de colonos blancos, empujados por sus intereses y por sus privilegios raciales a defender hasta el final las estructuras coloniales tradicionales;

d. E1 carácter de la estructura socioeconómica angoleña, que estaba más desarrollada que la de las otras colonias portuguesas, lo que abría más posibilidades a la entrada en una dinámica de revolución permanente;

e. La ausencia de una burguesía nacional con algún grado de solidez;

f. Las dificultades con que se encontraban los Estados Unidos para jugar la carta del neocolonialismo, a expensas de la vieja potencia colonial, y de contribuir a una reconversión, relativamente en frío, tanto a causa de los lazos político militares con el régimen de Lisboa en el marco del Pacto Atlántico (que implicaba una ayuda al ejército portugués) como por su voluntad de no poner en peligro el equilibrio de la Península Ibérica (los acontecimientos posteriores al 25 de abril han confirmado hasta qué punto estaba fundada esta preocupación de los imperialistas, desde su punto de vista).

2. En el trascurso de la guerra se produjeron transformaciones que acrecentaron la importancia de alguno de los factores mencionados y, en último análisis, redujeron los márgenes de maniobra del imperialismo. Las estructuras tradicionales campesinas se han visto sacudidas violentamente, especialmente en algunas regiones, tanto por las operaciones militares como por las medidas de represión “preventivas” (“aldeas estratégicas”) y las emigraciones masivas (especialmente hacia Zaire). Al mismo tiempo, se refuerza la agricultura capitalista que produce para el mercado mundial, en perjuicio de la de subsistencia. En lo que concierne a la economía industrial, se realizan importantes inversiones extranjeras en los sectores básicos (petróleo), en la pequeña y mediana industria de transformación y en las redes comerciales. Este proceso se ha visto incrementado a finales de los años sesenta y comienzos de los años setenta.

El resultado de este desarrollo combinado ha sido el acrecentamiento del peso relativo de las estructuras capitalistas, el aumento numérico de la clase obrera y de otras capas de asalariados, el refuerzo también de la pequeña burguesía urbana, y que, además, las burguesías de los países capitalistas, aparte de Portugal, se interesan cada vez más en el control de Angola (los Estados Unidos y las potencias de Europa occidental, especialmente la Gran Bretaña). La guerra se prolonga también en la medida en que se halla dividido el movimiento anticolonialista y por el papel extremadamente ambiguo que juegan los países neocoloniales vecinos. Por una parte, estos países no pueden dejar de ayudar a los movimientos de liberación, pero por otra se esfuerzan por controlarlos y encajarlos en sus propios proyectos políticos, llegando hasta el punto de convertirse en vehículos de las presiones imperialistas (el gobierno congoleño ayudó al FNLA en detrimento del MPLA, favoreciendo las actitudes a la expectativa en el plano militar y equívocas en el plano político de la dirección de Holden Roberto; Zambia osciló en la elección de su aliado privilegiado).

3. El fracaso del imperialismo portugués no se sitúa solamente en el terreno militar. Este se debe, en realidad, a la imposibilidad del ejército colonial de aplastar la lucha armada del pueblo angoleño, a las derrotas militares sufridas por los imperialistas en Guinea-Bissau y en Mozambique, al peso cada vez más insoportable para el gobierno de Lisboa de los gastos de guerra y a las consecuencias políticas cada vez más graves que estaba produciendo en la metrópoli la larga duración del conflicto.

En el período inmediato al 25 de abril, el proyecto espinolista consistía en la aceptación de hecho de la victoria completa del PAIGC en Guinea-Bissau, la resignación al control de Mozambique por el FRELIMO (aunque sin renunciar por ello a los chantajes, arreglos y manejos de última hora), y las maniobras en Angola, con el fin de mantener una influencia directa y un control más sustancial sobre ésta con relación a las otras colonias. Tal actitud tenía que ver con la importancia, tanto estratégica como económica, que Angola tenía para Portugal y para el imperialismo en general. Pero el elemento decisivo residía en la división existente en el movimiento nacional angoleño y la posibilidad de explotar ésta, tanto militar como políticamente. Debido a la crisis revolucionaria que se estaba desarrollando en la metrópoli y a la parálisis del ejército portugués, el gobierno no pudo llevar a buen término su operación y se vio obligado a retirarse del juego. No obstante, otras fuerzas imperialistas y neocolonialistas aprovecharon la brecha abierta (Estados Unidos, África del Sur, países de Europa capitalista, Zaire, Zambia, etcétera) contribuyendo, más o menos directamente al estallido de la guerra civil.

II

4. El movimiento nacionalista angoleño se remonta a los años veinte —e incluso ideológicamente a finales del siglo pasado— y tiene sus raíces en las luchas anticoloniales que se extienden a lo largo de cuatro siglos.

Pero es sólo a partir de la mitad y los finales de los años cincuenta cuando comienza a adquirir una considerable influencia y a expresarse en formas organizadas. La lucha armada comienza como consecuencia del rechazo del régimen colonial a hacer cualquier tipo de concesión, y bajo la influencia de los acontecimientos en África en particular y de todo el mundo en general (formación de una serie de estados independientes en el continente, guerra de Argelia, victoria de la Revolución Cubana, etcétera).

En el movimiento participan diversas fuerzas sociales y políticas: pequeña burguesía urbana, intelectualidad radicalizada, militantes y cuadros extraídos del proletariado y del campesinado, emigrantes del Congo, etcétera. Es casi simbólico que las iniciativas que señalan la apertura de las hostilidades (en los meses de febrero y marzo de 1961) provengan de los dos componentes sociales y políticos activos de la época (núcleos procedentes de la pequeña burguesía y de las masas pobres de las ciudades, esencialmente bajo la influencia del MPLA, y núcleos procedentes del campesinado y de los emigrados del campo, bajo la influencia de la UPA, predecesora del FNLA). Desde el inicio mismo de la lucha se pone ya en evidencia la amplitud de las capas que se movilizan o que son susceptibles a ser movilizadas en la lucha antiimperialista y la dificultad de establecer un marco político y organizativo unitario.

5. En el período que va de 1961 a 1966 el FNLA, dirigido por Rolden Roberto, consiguió establecer una correlación de fuerzas netamente a su favor.

El MPLA, cuya base inicial era esencialmente urbana, fue mucho más duramente golpeado por la represión desencadenada a partir de las acciones de 1961, y no consiguió desarrollar una base fuera del enclave dé Cabinda. Atravesó una fase especialmente crítica entre 1961 y 1974, en la que, entre otras cosas, se dedicó a maniobrar con una serie de pequeños grupos de naturaleza dudosa, y se vio seriamente afectado por una crisis de dirección que incluso terminó con la escisión del grupo de Viriato da Cruz (que se reclamaba marxista y con concepciones maoístas). A causa de su orientación y de sus relaciones internacionales se encontró particularmente limitado por la intervención del gobierno del Congo, que saboteó sus actividades y se esforzó por hacerlo desaparecer de la escena.

El FNLA se hallaba en mejores condiciones para soportar la represión, gracias a su implantación campesina. Pudo pues aprovecharse de su presencia en las regiones fronterizas y de la base que le aseguraba la masa de emigrados. Disfrutó además de la ayuda o de la tolerancia de los gobiernos que se sucedieron en el Congo. Ante las negativas de los Estados Unidos a satisfacer las demandas de ayuda material, intentó explotar ventajosamente el conflicto chino-soviético, mediante una apertura hacia Pekín; consiguió obtener que la Organización para la Unidad Africana (OUA) reconociera el gobierno por él formado, el Gobierno Revolucionario de Angola en el Exilio (GRAE) e incluso su composición tribal (bakongo) —siempre más fuerte en el FNLA que en el MPLA— representó en aquel momento, un elemento de gran importancia, entre otras razones porque le aseguraba las relaciones vitales con la emigración y con el Congo.

6. Esta situación no comenzó a cambiar hasta 1966. El MPLA retomó la iniciativa apoyándose en las fuerzas consolidadas en Cabinda y aprovechándose de la tolerancia, si no es que del apoyo activo, de Zambia, creó nuevas zonas de operaciones (al este, al norte y más tarde al nordeste). En 1968 declaró que ejercía control sobre una tercera parte del territorio. Su reforzamiento se vio ayudado por una concepción más flexible de la guerrilla y por sus esfuerzos por organizar las zonas liberadas, donde surgían organismos populares, bajo la forma de comités de aldea. Así consiguió ampliar su anterior radio de influencia y aparecer como fuerza operante a escala nacional.

En ese mismo período el FNLA adoptaba una actitud a la expectativa, apoyándose exclusivamente en sus bases del norte y en sus “retaguardias” en el Congo. Las presiones de los gobiernos de Kinshasa contribuyeron a esa orientación. Por otro lado, en ese mismo período sufría una escisión, con la salida de Savimbi, que formó inmediatamente la UNITA. Esta, durante un largo período no tuvo mayor peso, pero su existencia, bajo la dirección de un hombre con fuertes relaciones tribales como Savimbi, representó en todo caso un obstáculo a la extensión nacional de la influencia del FNLA y, al mismo tiempo, un obstáculo para una extensión suplementaria de la zona controlada por el MPLA. Con el cambio de la correlación de fuerzas sobre el terreno, las repercusiones internacionales no se hicieron esperar: por un lado, el MPLA reforzó sus relaciones con los estados obreros y los gobiernos llamados “progresistas”, mientras que el FNLA estableció relaciones con China; además, el MPLA consiguió una rectificación de la actitud de los estados de la OUA, al tiempo que algunos de éstos mantenían ya relaciones especiales con él y, de hecho, se aseguró un estatuto igual al del FNLA-GRAE.

7. En el momento del hundimiento del régimen fascista de Lisboa, el movimiento nacional angoleño continuaba dividido en tres tendencias principales. En varias ocasiones se habían realizado tentativas de unificación, bajo el impulso de algunos gobiernos africanos, especialmente en 1972, pero sin alcanzar resultado positivo alguno. El relanzamiento de tales intentos se efectuó en 1974, pero sólo a comienzos de 1975, con los acuerdos de Alvor, se consiguió la formación de un gobierno unitario, bajo los auspicios de la potencia colonial.

De hecho, era el MPLA quien más se arriesgaba a correr con la cuenta de la operación:

• Porque el FNLA y la UNITA hacían frente común, explotando factores tribales contra el MPLA.

• Porque éstos se veían favorecidos por su alianza con los gobiernos neocoloniales vecinos (con la única, excepción del Congo Brazzaville, cuyo peso no era especialmente significativo).

• Porque estos dos disfrutaban del apoyo prioritario de las potencias imperialistas.

El MPLA esperaba explotar en su favor la simpatía de un ala del MFA —lo que le llevó a sembrar ilusiones sobre éste y sobre el Gobierno de Vasco Goncalves—, pero en la práctica no consiguió más que ventajas efímeras y muy limitadas durante la administración de Rosa Coutinho. En ese mismo período sufrió además una profunda crisis interna que lo dividió en tres tendencias y lo expuso peligrosamente, durante todo un tiempo, a la influencia de los gobiernos neocoloniales.

En este contexto, los acuerdos de Alvor, que serían posteriormente confirmados en Nakuru, no eran más que el fundamento de una vasta operación neocolonial, al menos potencialmente. Pero el estallido de la guerra civil cuestionó inmediatamente todo.

III

8. La concreción del proyecto de Alvor implicaba la realización y el mantenimiento de delicados equilibrios entre las numerosas fuerzas interesadas, tanto angoleñas como extranjeras (compromisos entre las diferentes capas sociales, entre los diferentes grupos étnicos y formaciones regionales, entre los diferentes aparatos políticos y militares, entre los contradictorios intereses de los diferentes estados neocoloniales y las potencias imperialistas). La situación portuguesa, directa o indirectamente, introducía a varios niveles otros elementos de desequilibrio y otras contradicciones. Pero en último término, fue la dinámica del movimiento de masas en las ciudades, y especialmente en Luanda, la que jugó el papel clave en el estallido de la crisis.

Los cambios socioeconómicos que la guerra colonial había producido, reforzaron el peso específico de las capas urbanas. Con la caída del régimen de Caetano se descompusieron todos los equilibrios anteriores. Las capas pequeñoburguesas ocuparon, o esperaron ocupar las plazas abandonadas por los colonos en fuga. La intelectualidad se dispuso a aprovechar la posibilidad de jugar un papel importante en la administración y en la gestión del país en general. La clase obrera, que había visto reforzado considerablemente el número de sus efectivos a raíz de la relativa industrialización, se organizó y se movilizó para imponer sus derechos y arrancar condiciones de vida menos miserables. Las masas proletarias y populares de los suburbios se organizaron y se movilizaron a su vez, con el fin de autodefenderse frente a las desesperadas acciones de los ultras del colonialismo y del racismo.

Las huelgas y las movilizaciones se sucedieron, hasta llegar a la gran manifestación que reunió en Luanda a decenas de millares de personas y a la realización de la asamblea nacional de los comités de base (por otra parte, había tenido lugar en Luanda, en setiembre de 1973, una huelga general).

La dinamización de estas capas urbanas que no podían ser integradas en un marco neocolonial, fue precisamente lo que hizo saltar los acuerdos de Alvor.

9. La movilización de las masas de Luanda no fue el resultado de una iniciativa política deliberada del MPLA. En realidad, y en una gran medida, se desarrolló en gran parte al margen de su marco organizativo (de hecho su aparato aún no estaba puesto en pie en el momento en que estalló el movimiento de masas). Pero por su tradición, por su anterior enraizamiento, por la naturaleza de una buena parte de sus cuadros, por su carácter nacional, y no regional o tribal, el MPLA era quien estaba en mejores condiciones para beneficiarse de tal movimiento y acrecentar enormemente de este modo su audiencia. Por otro lado, el MPLA se hallaba enfrentado a dos opciones concretas: o bien seguir hasta el final las orientaciones de Alvor, luchando por una aplicación estricta de los acuerdos, lo que implicaba, entre otras cosas, el desarme de los “civiles” y la entrada en conflicto con su propia base, o bien integrarse en el movimiento y tomar su dirección, tratando al mismo tiempo de canalizarlo. Considerando todos los elementos que actuaban en su contra, y ante la carencia de una implantación campesina lo suficientemente fuerte, no tuvo otra salida que optar por la segunda.

El FNLA, que no contaba con una base real en las ciudades, que además esperaba ser, si no inmediatamente, al menos a corto plazo, el principal beneficiario de los acuerdos de Alvor, se lanzó, por el contrario, a una ofensiva contra el movimiento de masas a través de una sangrienta represión. Su objetivo era lograr el control de la capital, acabando con la base de apoyo de la organización rival.

La UNITA, por su parte, llegaba a la última etapa del giro que le había hecho ir abandonando su demagogia socialista, renunciando a todo neutralismo y presentándose a los portugueses como el socio más dispuesto a colaborar en la reconversión neocolonial y a colaborar con el FNLA. Su naturaleza regional que le había permitido ganar una base importante, le empujó también a tomar posición contra el movimiento urbano de Luanda y a comprometerse contra la organización que gozaba del apoyo de las masas.

IV

10. La génesis concreta de la guerra y las delimitaciones de los movimientos nativos y los alineamientos internacionales ponen en evidencia, sin lugar a ningún tipo de ambigüedades, la naturaleza fundamental del conflicto angoleño. Por un lado se alinean fundamentalmente las fuerzas sociales que, objetivamente, están interesadas en luchar consecuentemente por la independencia nacional y por rechazar las soluciones de compromiso neocoloniales, lo que las introduce potencialmente en una dinámica de revolución permanente, del crecimiento de la revolución nacional en revolución socialista. Estas fuerzas son: las capas decisivas de la clase obrera urbana —tanto de la industria como de los servicios—, las capas de los asalariados agrícolas, las masas populares marginadas de la estructura económica y social por el colonialismo, y amplios sectores del campesinado pobre que han participado, directa o indirectamente, en la lucha armada y que han hecho sus primeras experiencias de movilización y de organización política, entrando en conflicto con los marcos de la sociedad rural tradicional.

Por el otro lado, se encuentran los que se aferran a los privilegios, incluso irrisorios, del pasado; los que tienen interés en la estructuración de una sociedad neo-colonial, los que no quieren cortar definitivamente el cordón umbilical que les une al imperialismo, los que quieren defender lo que subsiste de la sociedad tradicional. Estos son: los colonos supervivientes, las capas pequeñoburguesas acomodadas, los núcleos embrionarios de la burguesía nacional, los jefes tradicionales y sus acólitos. El estallido de la guerra civil a partir de los movimientos de masas urbanos refleja, de forma condensada —y simplificada— el contenido socio-político de la confrontación militar.

El hecho de que tanto el FNLA como la UNITA se hayan visto apoyados por el imperialismo norteamericano, por las principales potencias imperialistas europeas, por los racistas de África del Sur y el bloque de los estados neocoloniales más conservadores e incluso reaccionarios, mientras que el MPLA goza del apoyo de los estados obreros, con la innoble excepción de China, y en primer lugar, de la Unión Soviética y de Cuba, y de los gobiernos neocoloniales que no pueden aún permitirse hacer abstracción de la tradición de lucha de sus movimientos nacionales y de los sentimientos de las masas, o de los que quieren embellecer su blasón “progresista”, confirma y refuerza el análisis de la dinámica de las fuerzas nativas. Además, está suficientemente claro que en el caso de una eventual victoria del bloque FNLA-UNITA significaría no solamente un éxito de la contrarrevolución en Angola, con las secuelas trágicas de la represión sangrienta que esto supondría, sino que además reforzaría las posiciones del imperialismo en una región de gran importancia estratégica y daría un nuevo empuje a los racistas sudafricanos al tiempo que acarrearía la formación de regímenes más reaccionarios en una serie de países sudafricanos.

11. La intervención de los imperialistas en la guerra civil angoleña estuvo inspirada por la necesidad de defender sus intereses económicos, políticos y estratégicos, especialmente importantes en la misma Angola y, sobre todo, en esta región de África.

El gobierno norteamericano se ha visto sometido a presiones contradictorias: por una parte, la de las tendencias partidarias de la intervención directa, bien en función de la defensa de intereses económicos concretos bien a partir de consideraciones de tipo político; y, por otra, la de los grupos que se oponían a este tipo dé solución, en función de sus intereses en una serie de países africanos, el alineamiento estrecho con el bloque FNLA-UNITA y con el régimen de Pretoria; más aun, algunos políticos se inclinaban más a jugar la carta de la integración del MPLA en un proyecto neocolonial.

Pero la posición política y estratégica global de Washington no le dejaba otra salida que el apoyo al FNLA-UNITA. Si hasta este momento éste no se ha traducido en una intervención militar directa es debido a la situación creada por la derrota de Vietnam y por el miedo a provocar el resurgimiento de un movimiento antiguerra, especialmente por la minoría negra. El régimen sudafricano, por su parte, se ha visto forzado a intervenir tanto para defender sus viejos intereses económicos como por su preocupación de mantener en su alrededor un glacis estratégico y político, pero especialmente por la crisis interna en que actualmente se halla metido, ya que una victoria de las fuerzas antiimperialistas en Angola, y eventualmente en otros países de la región, podría ser un estímulo para la lucha del proletariado más importante de toda África y poner en cuestión la existencia misma del régimen.

La actuación de la burocracia soviética queda explicada por su voluntad de desempeñar un importante papel en el juego político del continente africano en general y por el deseo de no renunciar, en el momento decisivo, a las ventajas que puede obtener de su apoyo al MPLA durante un largo período. Al mismo tiempo, la burocracia soviética está motivada por la necesidad de ganarle terreno a China en el movimiento comunista y obrero internacional y entre las masas de los países coloniales y semicoloniales. Tampoco se pueden excluir los efectos de los juegos internos en vísperas de su nuevo congreso. La intervención cubana, aun reflejando el acuerdo político de base entre La Habana y Moscú, posee una particular importancia por el hecho de su carácter directo y masivo y representa un auténtico desafío al imperialismo norteamericano, remontándose a las mejores tradiciones del internacionalismo revolucionario.

12. La definición de la naturaleza de la guerra civil y la comprensión de las potencialidades de una dinámica de revolución permanente, se basa en el análisis de las fuerzas sociales y no en el de las organizaciones políticas, y por lo tanto, no está en contradicción con una caracterización del MPLA como movimiento con dirección pequeñoburguesa, tanto a causa de su composición social como de sus concepciones y orientación política. A partir del momento en que adquiere una influencia de masas se convierte en una parte importante del movimiento antiimperialista, comprometiéndose en una lucha armada prolongada contra el colonialismo portugués, y expresando más bien una corriente pequeñoburguesa nacionalista y revolucionaria. La influencia ideológica y política que ejercían desde el principio elementos de formación estalinista o kruscheviana no entraba en contradicción con el conjunto de su ideología. Y esto no se debía solamente al hecho de que los revolucionarios pequeñoburgueses pueden apoyarse perfectamente en el marxismo, y máxime cuando se trata de un marxismo deformado como un ingrediente más de sus concepciones, sino, más en concreto, porque las tesis estalinistas sobre la revolución por etapas y las concepciones burocráticas de las relaciones con las masas tienden a coincidir con la línea de colaboración con la burguesía nacional, con las concepciones del estado y del partido y con los criterios organizativos burocráticos que han caracterizado y caracterizan al MPLA. El hecho de que el MPLA haya organizado después del 25 de abril de 1974 comités en las regiones liberadas, y haya llamado a la creación de comités en las ciudades, no puede hacernos olvidar que estos comités son concebidos con criterios paternalistas y autoritarios, que el mismo funcionamiento interno del MPLA ha sufrido siempre de deformaciones burocráticas muy serias y que incluso en los últimos meses, después de tomar la dirección del movimiento de masas en Luanda, ha sometido a los comités a una estructuración desde arriba, eliminando a los cuadros y a los militantes acusados de izquierdistas o anarquistas, y ha realizado severas medidas de depuración.

13. Los rápidos e importantes éxitos conseguidos por el ejército de la República Popular de Angola no son únicamente el resultado de su superioridad militar, sino que, sobre todo, se explican en el plano político. Mientras que tanto el FNLA como la UNITA mostraron ser incapaces de movilizar a las masas en sus respectivas zonas de influencia, de dar moral a sus tropas, el MPLA ha podido contar con una sólida base de apoyo urbana. Hasta el momento las masas campesinas no han jugado un papel activo. Pero en cualquier caso, la movilización de éstas es un aspecto clave, no solamente para el logro de una victoria definitiva en la guerra civil sino, en un plano más general, para el futuro de la revolución angoleña.

La cuestión decisiva sigue siendo la conquista de las amplias masas campesinas. Cualquier eventual subestimación de este problema traería consigo graves consecuencias, no solamente para el desarrollo del actual conflicto militar sino, en general, para el porvenir de la revolución angoleña. Por todo ello, es absolutamente prioritario desde el punto de vista político, emprender la lucha por una reforma agraria que destruya el poder de los grandes propietarios y de los granjeros capitalistas, que afronte el mísero estado de la agricultura de subsistencia y las estructuras tribales que aún se conservan, que garantice precios remuneradores para los pequeños y medios campesinos, que les permitan escapar de las garras de los intermediarios y que ayude a las poblaciones del campo a resolver los problemas elementales creados por la guerra colonial y la guerra civil.

A la vez, las medidas de expropiación de las propiedades imperialistas —legitima respuesta, en todo caso, a los ataques militares combinados contra la RPA— permitirán fundir más las filas de las fuerzas antiimperialistas por la concreta demostración a las masas de que son llamadas a la lucha por la defensa de sus propios intereses elementales.

Pero la lucha por los objetivos antiimperialistas debe ir acompañada de la organización democrática y revolucionaria de las masas en la base. Las experiencias extraídas en el curso de los dos últimos años, especialmente en el momento culminante de las movilizaciones urbanas, deben ser asimiladas al máximo por medio de volver a lanzar organismos democráticos y revolucionarios, cuyos dirigentes sean elegidos por las masas, pudiendo ser revocados en todo momento si no cumplen con sus obligaciones, y que no gocen de privilegio material alguno. El respeto más estricto de los derechos democráticos es, después de siglos de colonización y de largos años de cruel represión imperialista, una necesidad particularmente sentida, incluido el derecho de expresión de las diferentes comentes y organismos políticos. Otro instrumento de singular importancia para la lucha contra las estructuras reaccionarias y contra los vestigios tribales es la organización democrática y revolucionaria de las masas, que se oponga a todo intento burocrático y autoritario. En esta batalla pueden y deben jugar un papel importante los militantes que hayan hecho las experiencias de lucha, especialmente en los dos o tres últimos años, v que hayan asimilado las lecciones de las luchas antiimperialistas de otros países, comprendida la Europa occidental. Finalmente, en la medida en que se establezcan relaciones estrechas con los movimientos revolucionarios de África Austral, que con sus luchas debilitan a los regímenes racistas de Salisbury y Pretoria, murallas del imperialismo en esa parte del continente en esa misma medida se verá reforzada la lucha antiimperialista de las masas angoleñas.

14. Las fuerzas imperialistas se han visto obligadas a revisar su política como consecuencia de los catastróficos fracasos militares del FNLA y de la UNITA. Algunos gobiernos neocoloniales ya han operado un giro reconociendo a la RPA y buscando un compromiso con el MPLA. Los imperialistas de los Estados Unidos y de Europa podrían seguir por el mismo camino iniciando una operación de envergadura con el objeto de integrar a la RPA, en un plazo más o menos largo, en un proyecto neocolonial relativamente “progresista”. La base material de tal operación la constituyen las capas pequeñoburguesas acomodadas, los núcleos embrionarios de la burguesía “nacional”, y toda una pléyade de aprovechados y de arribistas. Las tendencias derechistas del MPLA, inclinadas ya anteriormente a adoptar soluciones de compromiso con la UNITA, podrían presionar a fin de llevar a cabo tal opción. El proyecto de la dirección del MPLA —tal como se desprende de la RPA— no se haya en absoluto en contradicción con tal operación neocolonial, como lo confirman, entre otras cosas, las recientes aperturas en dirección al Zaire o a Zambia.

Frente al desarrollo de esta posibilidad y, en todo caso, para evitar que la derrota rápida del enemigo tenga, paradójicamente, consecuencias negativas para la lucha revolucionaria, es más necesaria que nunca la movilización y la organización de las masas en organismos democráticos que garanticen su autonomía con respecto a toda clase explotadora y a todo aparato burocrático. Esta tarea, que no va a ser realizada por la dirección pequeñoburguesa del MPLA, debe ser emprendida por los revolucionarios ligados al movimiento de masas.

15. A propósito de Angola, la resolución sobre África del Octavo Congreso de la Cuarta Internacional (1965), manifestaba: “Es evidente que no existe aún una verdadera dirección revolucionaria angoleña y que los conflictos y las luchas internas del movimiento nacional continuarán durante un largo período. Para los marxistas revolucionarios el criterio fundamental que determina los campos de acción a los que dará preferencia es saber quién ejerce, en un momento determinado una influencia de masas real y quién lleva efectivamente los combates, porque es ahí donde la lógica de la lucha revolucionaria permitirá más fácilmente que se forme una vanguardia revolucionaria. No se pueden tomar como criterios decisivos las orientaciones de una dirección o de algunos dirigentes y con menos razón, las insinuaciones o suposiciones de tal o cual personaje… Sin disimular sus críticas y desplegando sus propias concepciones sobre la naturaleza de la revolución angoleña, la Cuarta Internacional continua asegurando su solidaridad con las fuerzas que combaten efectivamente y que son, sobre todo, fuerzas campesinas, organizadas en la etapa actual en el FNLA. Al mismo tiempo considera que la unificación del FNLA con las otras fuerzas existentes que éste afirma desear, podría ser en principio benéfica, a condición, naturalmente, de que sea realizada en la lucha, sobre la base de un programa antiimperialista y anticolonial claro y sin que pueda perjudicar a la necesaria unidad en la lucha armada”. .

Incluso, a pesar de que los criterios que se aplicaban eran correctos, al igual que el análisis de la correlación de fuerzas sobre el terreno, se impone en todo caso una autocrítica que se pueda sintetizar en los términos siguientes:

a. Tanto la resolución del SU [Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional] de febrero de 1964, así como la resolución del Octavo Congreso Mundial sobrestimaban las posibilidades que había en que el FNLA superara sus orígenes tribales y las consecuencias del condicionamiento regional, y por tanto, de que pudiera escapar a la influencia ejercida por los gobiernos neocoloniales congoleños, vehículo de la presión imperialista.

b. Las mismas resoluciones no tenían en cuenta las posibilidades y la capacidad del MPLA para volver a lanzar sus acciones en otras regiones del país, y subestimaban también el papel que su ideología, más progresista que la del FNLA, podría jugar en la eventualidad de que se diera tal recuperación.

c. La Cuarta Internacional se ha retrasado considerablemente en la verificación analítica de la situación en Angola y, en consecuencia, a ajustar la política y la táctica necesarias. Incluso, la resolución del Décimo Congreso Mundial (febrero de 1974) se limitaba a afirmar, de forma muy general, que “el desarrollo del proceso de revolución permanente… no podrá hacerse más que a partir fundamentalmente de una clarificación dentro del MPLA y del FRELIMO” y a señalar la “tarea de construcción y formación de cuadros marxistas revolucionarios”.

16. En la guerra civil que estalló en vísperas de la proclamación de la independencia, la Cuarta Internacional escogió el campo de la RPA fundada por el MPLA, contra la santa alianza de los imperialistas, de los racistas y de los reaccionarios locales. Se colocó de parte de las masas movilizadas en defensa de la independencia arrancada mediante una tenaz lucha armada, en defensa de sus intereses fundamentales contra todas las clases y capas explotadoras, extranjeras y “nacionales”, por la expropiación de los capitalistas y de los propietarios terratenientes y por la formación de un gobierno obrero y campesino basado en los comités democráticos revolucionarios, como expresión directa de las masas.

Tal actitud no implica de ningún modo que la Cuarta Internacional renuncie a sus críticas a la dirección del MPLA, a la que caracteriza como nacionalista pequeñoburguesa, y no como proletaria y comunista, y que no podrá llevar a cabo las tareas para la construcción de un estado obrero. La militancia en el mismo campo y la solidaridad en la lucha común no están en contradicción con la necesaria batalla por la autonomía política de la clase obrera y de los revolucionarios, y por la construcción de una dirección proletaria revolucionaria y de una organización marxista revolucionaria.

Los marxistas revolucionarios angoleños se comprometen sin reservas en la lucha militar contra la santa alianza reaccionaria hasta la victoria final, por la defensa de la RPA y por la independencia completa de Angola. En su campaña política insisten especialmente en la necesidad de la movilización activa y consciente de las masas, de su organización en comités democráticos y revolucionarios, elegidos y revocables en todo momento, así como en la defensa de los derechos democráticos para todos los que combaten en el campo antiimperialista. Asumen la tarea indispensable de la clarificación teórica y política sobre la naturaleza de la estrategia de la revolución en Angola, esforzándose por reagrupar, en primer lugar, a los cuadros y militantes que han hecho experiencias en la lucha y en las movilizaciones de las masas, y que han reflexionado de manera crítica sobre sus experiencias.

17. La Cuarta Internacional debe tomar parte activa en una campaña de solidaridad con la RPA, organizada a escala mundial. Esta campaña deberá exigir la retirada inmediata de todas las fuerzas imperialistas y neocolonialistas, la ayuda política y material de los estados obreros y del movimiento obrero internacional, la suspensión de todo envío de armas y de material al bloque FNLA-UNITA, y el reconocimiento de la RPA.

La Cuarta Internacional denuncia la actitud de la dirección burocrática china que, después de haber ayudado al FNLA, adopta ahora una hipócrita actitud neutral, demostrando así, en la práctica, el carácter nefasto de sus concepciones y análisis que basan su política en la denuncia de la URSS como el enemigo principal, pretendiendo de hecho un compromiso con el imperialismo norteamericano, europeo y japonés.

Los marxistas revolucionarios africanos, conscientes de que la derrota de los imperialistas y de los neocolonialistas en la guerra civil angoleña tendrá enormes repercusiones en el continente, creando las condiciones favorables para derribar a los regímenes racistas de África del Sur, de Namibia y de Zimbabwe y erosionando las bases de los regímenes neocoloniales reaccionarios, realizarán la campaña por el apoyo militante a la RPA y a los combatientes angoleños, en los medios de la vanguardia política africana, en las organizaciones de masas, en los sindicatos y en las organizaciones de los trabajadores y estudiantes en el extranjero.

14 de febrero de 1976

Tras la máscara socialista del MPLA

por Ernest Harsch[13]

En incontables comunicados, discursos y emisiones de radio, el Movimiento Popular de Libertaçao de Angola (MPLA) ha manifestado su intención de construir una sociedad “socialista” en Angola.

Pero el “socialismo” del MPLA se limita al campo de la retórica. Su política real nos cuenta una historia completamente distinta.

Desde el fin de la guerra civil en febrero, el MPLA ha seguido tratando de controlar y desmovilizar a las masas. Particularmente en el área de Luanda intentó contener y derrotar cualquier lucha independiente de los obreros, arrestando a gran cantidad de activistas políticos y sindicales.

Al mismo tiempo, este régimen “socialista” invitó asiduamente a los intereses imperialistas a reasumir su explotación de la gran riqueza natural de Angola. Dos grandes compañías de petróleo y diamantes han aceptado ya la invitación del MPLA, y otros grupos relacionados con el imperialismo están peleando por conseguir una porción.

Las acciones que ha emprendido para reprimir cualquier iniciativa independiente por parte de las masas, dejan claro que el MPLA teme cualquier amenaza para su proceso de acomodación con el imperialismo y para sus planes de construir un régimen neo-colonial estable en Angola.

Para contener esta amenaza potencial a su dominio, el MPLA adoptó una política de doble faz. Hasta ahora, su principal táctica ha sido tratar de encadenar al movimiento obrero a través de cuerpos sindicales y de “poder popular” directamente controlados por el MPLA, mientras exhortan a las masas a “sacrificarse por la revolución”.

El otro aspecto de la política del MPLA ha sido golpear con puño de hierro a quienes no se convencen con su demagogia, o intentan organizar luchas independientes.

“Poder popular”

Las luchas obreras masivas que sacudieron a Angola después del golpe del 25 de abril de 1974 en Portugal tuvieron un gran impacto debilitando el dominio de Lisboa sobre la colonia. Por primera vez, los trabajadores angoleños tenían la oportunidad de organizarse ampliamente. Formaron sindicatos, comités de trabajadores, comisiones de vecinos y grupos de “poder popular”. Aunque estos grupos se establecieron en su mayor parte independientemente del control del MPLA, en la región de Luanda generalmente buscaron dirección política en el MPLA.

En vez de apoyarse en este ascenso obrero para avanzar en la lucha por una independencia real, el MPLA, como sus rivales nacionalistas, vio este auge de las luchas como una amenaza para su estrecha pelea por el poder.

Después de unirse al régimen de coalición con el FNLA [Frente Nacional de Libertaçao de Angola], UNITA [Unido Nacional para Independencia Total de Angola] y los colonialistas portugueses en enero de 1975, el MPLA lanzó llamadas a los trabajadores para que parasen sus huelgas, apoyó una legislación rompehuelgas, y en febrero incluso llegó a enviar tropas contra los estibadores en huelga de Lobito.[14]

Durante los primeros meses de 1975, el MPLA se apoyó en su influencia sobre la población mbundu de la región de Luanda para implicar a los organismos obreros y vecinales en su lucha fraccional contra el FNLA y la UNITA. Sin embargo, hacia finales de julio, el MPLA había conseguido expulsar al FNLA y a la UNITA de Luanda y ya no necesitaba de esos grupos como armas fraccionales. Disolvió por la fuerza y desarmó a algunos de ellos, y transformó a otros en órganos burocráticamente controlados para imponer su política a las masas. En setiembre y octubre de 1975 comenzó a detener a gran número de dirigentes de los comités obreros y de los grupos de “poder popular” que no habían mostrado el grado requerido de sometimiento a la dirección del MPLA.

Así, a finales de 1975, las distintas organizaciones independientes de masas habían sido políticamente decapitadas. Establecidas en un principio como parte de las luchas de masas desde abajo, fueron transformadas en instrumentos burocráticos encargados de llevar a cabo las directrices que el MPLA dictaba desde arriba.

Este sistema de control de masas se institucionalizó el 5 de febrero con la adopción de la Ley de Poder Popular, que regula la elección de “comités populares” en los niveles comunal, municipal, provincial y vecinal.

Sin embargo, sólo los comités vecinales y de aldea son elegibles directamente. El resto de los cuerpos elegibles, serán nombrados por los miembros de los comités inferiores de su jurisdicción.

Es significativo que la ley no incluya ningún “comité popular” a nivel de toda la nación, ya sea elegido o de cualquier otro tipo.

Para asegurar que no se infiltren “indeseables” en las elecciones, el MPLA impuso una serie de restricciones al derecho de votación, negándoselo a los simpatizantes y antiguos miembros del FNLA y UNITA, y también a todos aquellos que practiquen “racismo”, “tribalismo”, o “regionalismo”, es decir, que reflejen los intereses particulares de los ovimbundu, bakongo u otros pueblos de Angola. También prohíbe el voto a todo aquel que sea acusado de “sabotaje económico” y “pereza”, cargos frecuentemente lanzados contra huelguistas y activistas obreros.

Aun con estas restricciones, el MPLA dudaba de realizar las elecciones que estaban previstas para el 13 de mayo, pero que se retrasaron a causa de una serie de luchas obreras desarrolladas a principios de este mes.

Los obreros industriales de Luanda y otras ciudades emprendieron huelgas y ritmos lentos para reforzar sus demandas de alzas salariales y mejores condiciones de trabajo. Las huelgas continuaron por lo menos durante dos meses. Según el Washington Post del 2 de julio, “el gobierno ordenó que los obreros en huelga de la única fábrica de bolsas de café volvieran al trabajo”.

Según una emisión radial de Prensa Latina (9/5/76) desde Luanda, el ministro del interior, Nito Alves “dijo que mientras la producción estuviese paralizada en la capital, el voto electoral perdería gran parte de su significado revolucionario”.

El presidente Agostinho Neto también tomó muy en serio las huelgas. “No puede haber un poder político sólido y estable”, dijo, “mientras las fábricas y el campo no produzcan para la consolidación de una independencia económica real.”

Según un informe de David B. Ottaway, en el Washington Post del 24 de mayo, el MPLA también estaba preocupado “porque elementos izquierdistas de la oposición han estado utilizando los consejos como trampolín para atacar al gobierno”. Dijo que las elecciones se retrasaron porque los dirigentes del MPLA “se dieron cuenta de pronto de que no estaban hechos los preparativos adecuados para la selección de candidatos”.

Para eliminar a cualquier decretó que todos los vecinales tenían que ser organizaciones obreras, de controladas por el MPLA.

Los poderes de decisión de estos órganos de “poder popular” quedan limitados a la organización de tareas locales como la organización de mercados cooperativos en los barrios pobres, o realizar actividades educativas. Su principal función es llevar a la práctica la política de la dirección del MPLA.

Los diferentes comités obreros establecidos o tomados por el MPLA en las fábricas desempeñan un papel similar. En un informe de Le Monde (28/2/76), el corresponsal Rene Lefort citaba al administrador de una plantación de café describiendo el comité obrero como “un simple cuerpo consultivo”. Añadió que “los poderes de la administración están intactos”.

En las industrias nacionalizadas, el MPLA ha establecido comités de administración; algunos de sus miembros son elegidos por los trabajadores de la fábrica, y otros designados por el régimen. Como en los grupos de “poder popular”, los miembros elegidos tienen que ser propuestos por el sindicato local.

La principal federación sindical de Angola es la União Nacional dos Trabalhadores de Angola (UNTA), que está controlada directamente por el MPLA. Durante la ola de huelgas que comenzó en mayo, el secretario general de la UNTA, Aristides Van-Dunen, visitó la fábrica Textang para denunciar a los huelguistas. El 13 de mayo, una delegación de la UNTA en la provincia de Cuanza Sul aprobó una resolución pidiendo al régimen que reprimiera las huelgas.

La UNTA también ha jugado un papel importante en la campaña del MPLA para imponer la aceleración de los ritmos de trabajo y jornadas más largas. Lefort informaba que “según el secretario regional del sindicato, el interés primario de los trabajadores es, en todos los casos, aumentar la producción”.

Aunque el MPLA ha intentado presentar una apariencia de dominación democrática, el poder real en Angola está en el Consejo Revolucionario que detenta el poder, y en el Buró Político del MPLA (de diez miembros).

Cuidado “traidores”

Los funcionarios del MPLA han tratado de justificar la detención de disidentes políticos y dirigentes obreros independientes acusándolos de “reaccionarios”, “ultraizquierdistas”, “traidores”, “saboteadores”, “racistas”, “divisionistas” o “agentes del imperialismo”.

El número del 17 de abril del Diario de Luanda, que está controlado por el MPLA, contenía un artículo calumniando al padre Joaquim Pinto de Andrade, dirigente de Revolta Activa[15] que fue encarcelado rápidamente por el MPLA. El artículo llegaba a calificar a Andrade de “verdadero compañero del diablo”.

Según un folleto publicado por el CDALPA (Comité de Divulgaçao e Apoio à Luta do Povo Angolano) en Lisboa en marzo, muchos de los detenidos por el MPLA eran miembros o dirigentes de diversos grupos de “poder popular”, comités obreros, comisiones vecinales organizaciones estudiantiles u otros organismos locales en Luanda y Benguela. Un dirigente de la UNTA detenido en Benguela fue acusado de intentar formar “grupos de estudio marxista-leninistas en las fábricas”.

Algunos de los disidentes detenidos eran también miembros de grupos políticos clandestinos de izquierda, como la Organizaçao Comunista de Angola (OCA) y los Comités Amílcar Cabral (CAC). A diferencia del MPLA, algunos de los grupos clandestinos se identifican con la clase obrera angoleña y han llamado al establecimiento de un gobierno obrero y campesino.

Para silenciar lo más posible a estas fuerzas de izquierda el MPLA prohibió los periódicos Angola, Poder Popular y 4 de Fevereiro. El ex director de Angola, Rui Ramos, fue arrestado.

El 28 de abril, el régimen anunció el establecimiento de un tribunal revolucionario del pueblo, que juzgará “los crímenes contra la revolución angoleña”. Una ley firmada por Agostinho Neto el 3 de mayo especificaba que este tribunal también juzgaría los crímenes contra “el estado y el MPLA”. No se puede hacer apelación a los veredictos de este tribunal.

El único caso importante que este tribunal ha oído hasta ahora es el de los trece mercenarios ingleses y norteamericanos que fueron capturados en el norte de Angola en febrero. Pero, a juzgar por la campaña de calumnias del MPLA contra los disidentes presos, también puede ser que se esté preparando para llevarles ante el tribunal revolucionario del pueblo, quizás bajo el cargo de ser “agentes del imperialismo” o “saboteadores”.

En una declaración del 9 de abril, el ministro del interior Nito Alves amenazó con la posible ejecución de algunos de los presos políticos. Los disidentes también podrían ser enviados a los campos de “rehabilitación” política que el MPLA ha establecido como complemento al sistema penitenciario que heredó de los portugueses.

Se fortalece el puño de hierro

Desde el fin de la guerra civil, el MPLA ha continuado aumentando sus fuerzas policíacas y militares.

En marzo, había 45. 000 soldados en el ejército del MPLA, las Forças Armadas Populares de Libertaçao de Angola (FAPLA). A finales de febrero se adoptó una ley de conscripción obligatoria, estipulando que todos los angoleños entre dieciocho y treinta y cinco años debían servir durante dos años en las fuerzas armadas.

“El proyecto absorberá una parte de los seis millones de desempleados que hay en Angola, y será una forma conveniente de consolidar el apoyo al régimen”, informaba Caryle Murphy en el Sunday Times de Londres del 29 de febrero. “El MPLA ya tiene un estrecho control político sobre sus fuerzas armadas. Cada unidad del ejército, por ejemplo, tiene un ‘comité dos combatents’ que une a los soldados con el movimiento políticamente.”

Sin embargo, el control político del MPLA sobre sus propias tropas no parece ser completo. En mayo, el ministro de defensa, Iko Carreira se quejaba de que había “un cierto sentimiento anarquista” y una “tendencia hacia el igualitarismo absoluto” en el seno de las fuerzas armadas. Dijo que los soldados mostraban poco respeto hacia sus superiores. Según el número del 17 de mayo del diario de Lisboa Jornal Novo, Carreira dijo que el MPLA se había visto obligado a reclutar elementos “lumpen”, lo que había conducido a una “disminución del nivel político” entre los militares.

“Ya se ha confirmado por las mismas autoridades de Luanda que hay unidades militares fuera del control del mando central, que actúan por su propia cuenta en una atmósfera de total indisciplina”, informaba el Jornal Novo (24/5/76). Según un comandante del MPLA, “infiltrados” en las FAPLA han provocado inquietud entre la población de la región de Lubango.

El 21 de mayo se publicó en Luanda un plan para la reorganización de las fuerzas armadas. Fue distribuido a la prensa por el comandante Bakaloff y llamaba al Comité Central del MPLA a asumir directamente el control político sobre las fuerzas armadas. Más tarde, en el mismo día, el presidente Neto canceló el informe. No indicó ninguna oposición a él, pero dijo que se había hecho público “precipitadamente”.

La principal tarea de las FAPLA en este momento parece ser mantener el control sobre las áreas de Angola que estuvieron en poder de sus rivales. Junto con miles de soldados cubanos, continúan emprendiendo acciones contra las unidades guerrilleras de la UNITA, que todavía tiene apoyo entre los ovimbundu y otros pueblos de Angola central y meridional.

En la región poblada por los mbundu alrededor de Luanda, las principales fuerzas represivas del MPLA son la policía y las milicias. Según Carreira, el propósito de las milicias, la Organizaçao de Defesa Popular (ODP) es “luchar contra los saboteadores, los elementos divisionistas y aquellos que intenten alterar la orientación táctica estratégica de nuestro movimiento”. (Citado en el Daily News de Tanzania el 24/2/76.) En mayo, Carreira añadió que la ODP era también responsable de la protección de los centros de trabajo.

Como los “comités populares”, la ODP está organizada en varios niveles, desde el nivel regional hacia abajo. Los dos funcionarios más importantes en las unidades regionales los designa directamente el mando central de las FAPLA. La ODP regional designa entonces funcionarios similares en los niveles inferiores. Este proceso de designación continúa hasta las unidades celulares que están compuestas de cinco personas. Las células se establecen en fábricas, agencias gubernamentales, oficinas, universidades, granjas y otros lugares con el fin de asegurar un control eficaz sobre toda la población.

Para complementar las unidades de la ODP en las fábricas, el MPLA ha establecido Comissões de Vigilancia (CV) bajo el control de la UNTA. Según el folleto del CDALPA, las CV tienen la responsabilidad de “vigilar a los obreros, aumentar la productividad e impedir la distribución de folletos y literatura revolucionarios”.

El cuerpo de policía secreta encargado directamente de la represión es la Direcção de Informaçao e Segurança de Angola (DISA), cuyos agentes han arrestado a muchos de los disidentes encarcelados.

Los gobiernos soviético y cubano han jugado un papel esencial en la ayuda al MPLA para fortalecer sus fuerzas represivas.

Gran cantidad del equipo pesado que utilizan las FAPLA fue proporcionado por Moscú durante la guerra civil. Fuentes occidentales han estimado el valor de las armas soviéticas en alrededor de 300 millones de dólares. Durante la visita del primer ministro angoleño Lopo do Nascimento a Moscú a finales de mayo, el Kremlin acordó continuar apoyando al régimen de Luanda proporcionándole más ayuda militar.

La importancia que el MPLA le da al apoyo de Moscú quedó reflejada en la composición de la delegación que acompañó a Nascimento. Era la delegación más importante que el MPLA había enviado al extranjero hasta entonces e incluía al ministro de defensa, al diputado jefe del estado mayor de las fuerzas armadas y al jefe de información y seguridad.

Según un informe que apareció en el Jornal Novo del 29 de abril, el jefe de la DISA, el comandante N’Zage, tomó un curso de “seguridad” en la Unión Soviética. Este entrenamiento soviético fue evidente en la caza de brujas del MPLA contra la izquierda. Las detenciones de miembros de los CAC y de grupos de “poder popular” en Luanda en octubre de 1975 fueron acompañadas por una típica campaña de calumnias stalinistas, que retrataba a los disidentes como “partidarios de Trotsky y Bakunin”.

Sin embargo, los cubanos han participado más directamente en el entrenamiento y la asesoría a las fuerzas militares y la policía del MPLA. Están ayudando al MPLA a reorganizar las antiguas unidades guerrilleras de las FAPLA como un ejército convencional altamente disciplinado.

Según un informe desde Luanda de David B. Ottaway en el Washington Post (26/5/76), “los cubanos están ayudando dentro del país en muchos terrenos al nuevo gobierno angoleño, desde el entrenamiento de un cuerpo de seguridad del estado y una milicia civil hasta la reforma del sistema penitenciario del país”. Ottaway informaba que el personal de seguridad cubano también estaba entrenando a la policía angoleña en técnicas de control de masas.

Desde el punto de vista del MPLA, el apoyo político que le dan Moscú y La Habana es una dimensión esencial de su ayuda. Contribuye a fortalecer la falsa pretensión del MPLA de que su política es “socialista” y le proporciona una cobertura política para sus operaciones de caza de brujas contra la izquierda angoleña.

El nuevo peligro de dominación Imperialista

Angola era la “piedra preciosa” del imperio colonial portugués. Tiene importantes yacimientos de petróleo, hierro, manganeso, fosfatos y otros minerales. Antes de que estallara la guerra civil en 1975, producía el 8 % de los diamantes del mundo y era el tercer exportador mundial de café robusta. Se estima que, con excepción de Sudáfrica, Angola tiene el mayor potencial económico de los países africanos al sur del Sahara.

El deseo de las principales potencias imperialistas de mantener y expandir su explotación de esta gran riqueza natural fue la principal amenaza para la independencia de Angola, después del colapso del colonialismo portugués, y fue un factor importante que alimentó la guerra fraccional entre los tres grupos nacionalistas angoleños.

Desde que ganó la guerra civil en febrero, el MPLA ha invitado a las empresas extranjeras a invertir en Angola. Aunque se apoya fuertemente en la demagogia antiimperialista de sus declaraciones públicas, la invitación a los inversionistas del imperialismo ha sido un rasgo constante de su programa económico desde principios de 1975.

Sin embargo, durante la guerra civil, muchas empresas extranjeras —principalmente las de los imperialistas o colonos portugueses— o bien abandonaron sus intereses en Angola, o bien despidieron temporalmente a todo el personal. Las inciertas perspectivas económicas de un país atormentado por la guerra civil y la inquietud laboral fueron las principales razones para ello. Quizás también algunas compañías extranjeras pudieron sentirse preocupadas de que el compromiso del MPLA de construir el “socialismo” en Angola fuese serio, o de que no consiguieran frenar el movimiento obrero.

Las acciones del MPLA durante los últimos meses han contribuido a disipar sus preocupaciones. Sus esfuerzos para estabilizar el régimen neocolonial arrestando a disidentes de izquierda y a activistas obreros, y fortaleciendo su control sobre las masas, parece que ya han convencido a algunos imperialistas de que sus inversiones pueden estar relativamente seguras en Angola.

“Representantes de muchas empresas occidentales han visitado Luanda para discutir con el gobierno del MPLA sobre la reactivación económica, “ informaba el semanario de Londres West África (31/5/76).

La Gulf Oil Corporation norteamericana es, sin duda, la empresa más importante que ha reanudado sus operaciones en Angola hasta ahora.

A finales de mayo, la producción de sus 125 pozos en la costa del enclave de Cabinda ha vuelto a ser de 100, 000 barriles diarios, alrededor de dos tercios de su nivel normal de producción. Antes de reanudar sus operaciones, la Gulf pagó al régimen del MPLA 102 millones de dólares en impuestos y derechos atrasados que habían estado suspendidos desde diciembre[16]. Con el presente acuerdo sobre los derechos, los pagos de la Gulf al gobierno del MPLA serán de alrededor de 500 millones de dólares anuales cuando la producción vuelva a su nivel anterior.

Los pozos petrolíferos de Cabinda son una parte importante de las operaciones de ultramar de la Gulf. Según un portavoz de la Gulf, la producción de los pozos de Cabinda contribuye normalmente en alrededor del 10% a los ingresos procedentes de las operaciones petrolíferas en el extranjero de la casa matriz, es decir, alrededor de 20 millones de dólares al año.

El petróleo de Cabinda continúa siendo explotado bajo el acuerdo de la Gulf con los colonialistas portugueses. Pero el régimen de Luanda ha declarado su intención de adquirir control estatal sobre las industrias esenciales, incluyendo el petróleo. Siguiendo esta política, el primer ministro Lopo do Nascimento anunció el 13 de mayo que comenzarían las negociaciones con la Gulf para un nuevo contrato “bajo nuevas condiciones”.

Según el Economist de Londres (6/3/76), los funcionarios de la Gulf no se oponen a ceder un 55 % de las acciones de su subsidiaria angoleña al régimen del MPLA. De hecho, antes de que Angola consiguiese la independencia, la Gulf ya había negociado un contrato con las autoridades portuguesas que daba a Luanda la mitad de las acciones en las empresas de la Gulf. Pero este acuerdo nunca se llevó a cabo.

Los ingresos provenientes de las operaciones de la Gulf son vitales para los planes económicos del MPLA. Con la crisis en otras industrias, resultado de la guerra civil, el petróleo ahora le da a Angola el 80 por ciento de sus divisas. Antes, le daba solamente el 40 por ciento.

Para proteger esta fuente de ingresos, el régimen de Luanda ha llevado a miles de soldados cubanos y del MPLA a Cabinda para reprimir a los separatistas del enclave. “Todavía hay entre 3. 000 y 4. 000 soldados cubanos luchando en Cabinda”, informaba Ottaway en el Washington Post (26/5/76), “donde el frente ha aumentado sus actividades en los últimos dos meses, especialmente contra los cubanos. Los reactores Mig proporcionados por la Unión Soviética están siendo utilizados para bombardear escondites en la selva, donde los cubanos dudan en ir (…)”.

El antiguo grupo separatista de Cabinda, el Frente de Libertaçao do Enclave de Cabinda (FLEC) fue disuelto en marzo. Pero se formó rápidamente otro grupo, llamado el Movimiento de Libertaçao de Cabinda (MOLICA). En un comunicado del 22 de abril, el MOLICA protestó contra el acuerdo entre la Gulf y el MPLA para reanudar la explotación del petróleo

de Cabinda. Es perfectamente posible que el aumento de las actividades del MOLICA sea el resultado de los esfuerzos de algunas compañías francesas por apropiarse de una parte de la riqueza petrolífera de Angola. El antiguo grupo separatista, FLEC tenía lazos con la inteligencia e intereses franceses en el petróleo. Y muchas de las fuerzas del FLEC están ahora en el MOLICA, incluyendo a João da Costa dirigente de ambos grupos.

Washington aprieta las tuercas

En diciembre de 1975, cuando Washington estaba proporcionando armas y dinero al FNLA y a la UNITA, presionó a la Gulf para que se retirara de Angola y suspendiera sus pagos al MPLA (por entonces, la Gulf ya había pagado al MPLA 116 millones de dólares en 1975). Como resultado del fracaso de la intervención norteamericana en Angola y la derrota del FNLA y la UNITA por el MPLA, Washington ha dado un giro táctico y busca una acomodación con Luanda.

La decisión del Departamento de Estado en febrero de permitir que la Gulf reanudase sus operaciones señaló la primera apertura significativa por parte de Washington hacia el régimen del MPLA.

A pesar de este giro táctico, su finalidad continúa siendo la misma. La estrategia básica del imperialismo norteamericano hacia Angola —como para el resto del África negra independiente— es asegurar que siga formando parte del mundo capitalista y que las compañías norteamericanas tengan el mayor acceso posible a sus recursos naturales. Simplemente, el resultado de la guerra civil ha forzado a Washington a intentar su estrategia neocolonialista en Angola a través del régimen actual.

Los amplios pagos de derechos e impuestos por parte de la Gulf al régimen del MPLA le dan a Washington una potente palanca para negociar con Luanda. Indudablemente la Casa Blanca desea utilizar esta palanca para obtener mayores concesiones de parte del MPLA.

Por su parte, el MPLA ha dejado claro que sus puertas diplomáticas están abiertas para Washington. El 25 de mayo devolvió la residencia oficial del consulado norteamericano en Luanda, junto con una nota de excusa por la toma temporal del edificio por tropas cubanas y angolesas.

Al mismo tiempo la Casa Blanca continúa presionando al MPLA para que retire las tropas cubanas. El 23 de junio, el representante de Estados Unidos en las Naciones Unidas, vetó la petición de Luanda de formar parte del organismo internacional. “La continua presencia y aparente influencia de las tropas cubanas, masivas en número en el contexto angolés, es la base de nuestro punto de vista”, explicó el delegado de los Estados Unidos, Albert W. Sherer, hijo.

También puede ser que Washington esté intentando presionar al MPLA desde otra dirección. Durante la guerra civil, proporcionó armas y dinero al FNLA y a la UNITA a través de estados vecinos como Zaire, Zambia y Sudáfrica. Es probable que los suministros y el dinero norteamericanos continúen encontrando un camino hasta las guerrillas de la UNITA, que han aumentado sus actividades en los dos últimos meses.

Como parte de sus esfuerzos para reforzar a los regímenes neocoloniales negros aliados con Washington, la Casa Blanca ha pedido al congreso la aprobación de un paquete de ayuda económica de 27. 5 millones de dólares para el régimen de Kenneth Kaunda en Zambia. También ha indicado que pedirá un aumento en la ayuda militar de Estados Unidos al régimen de Mobutu Sese Seko en Zaire. Durante la guerra civil, algunos de los fondos destinados al FNLA y a la UNITA estaban escondidos en paquetes de ayuda similares, particularmente para el régimen de Mobutu.

Ya que es una práctica corriente de los imperialistas norteamericanos el conservar el máximo de posibles opciones, puede que Washington fije también su atención sobre figuras del MPLA que sean aun más favorables hacia Occidente que la dirección actual.

La carrera por las ganancias

En la competencia entre imperialistas para explotar los valiosos recursos minerales de Angola, los intereses norteamericanos en el petróleo están a la cabeza. Pero las otras firmas imperialistas no están muy retrasadas.

Angola produjo más de dos millones de quilates en diamantes, valorados en alrededor de 110 millones de dólares en 1972. La compañía que explota los campos de diamantes en el nordeste de Angola es la Companhia de Diamantes de Angola (Diamang), controlada por capitales portugués, sudafricano, norteamericano, francés y belga.

Desde el golpe de abril de 1974 en Lisboa, la producción de las minas de Diamang ha caído hasta el 15 por ciento más o menos de su nivel anterior. Esto se debió a la salida de más de dos tercios de los 20. 000 obreros negros de la compañía y por un brusco incremento del contrabando.

Diamang ha comenzado negociaciones con el régimen del MPLA con el fin de renunciar a sus derechos de concesión. Quizás la compañía espera que el MPLA tome la responsabilidad de detener el contrabando y de hacer que la productividad vuelva a sus niveles “normales”. (Las tropas del MPLA se han convertido en la policía de la zona después de la disolución de las fuerzas de seguridad privadas de 500 hombres de la Diamang.)

Sin embargo, Diamang todavía planea permanecer en Angola como el principal explotador de diamantes. El régimen del MPLA, que en la actualidad posee el 11. 6 por ciento de las acciones de Diamang parece estar de acuerdo en ello. Según la revista francesa Marches Tropicaux (5/3/76), “las negociaciones con el gobierno angoleño comenzaron en Luanda a finales de enero. El MPLA parece extremadamente interesado en no dar la impresión de que quiere nacionalizar la empresa, según el presidente de Diamang”.

Los diamantes de Angola, además, todavía son comercializados a través de la Organización Central de Ventas de la De Beers Consolidated Mines Ltd., controlada por el conglomerado sudafricano, la Anglo American Corporation.

El principal interés sudafricano en Angola es el gigantesco proyecto hidroeléctrico del río Cunene en el sur de Angola, en el cual Pretoria ha invertido más de 200 millones de dólares. Según el ministro sudafricano para asuntos económicos, J. C. Heunis, las obras en la presa del Cunene se reanudaron a principios de abril después de que el MPLA garantizó la protección de los obreros y el equipo.

Se prevé que el proyecto del Cunene, localizado cerca de la frontera con Namibia, suministre agua a Ovamboland, en el norte de Namibia, y la mayor parte de la electricidad para las minas de propiedad sudafricana, norteamericana e inglesa en el territorio. El proyecto es la piedra de toque del plan de Pretoria para aumentar su explotación económica sobre Namibia, a la que domina como una colonia directa.

La South West África People’s Organization (SWAPO-Organización del Pueblo del Suroeste de África), que está luchando por la independencia de Namibia, había declarado anteriormente que el proyecto del Cunene sería un blanco para sus guerrillas. Pero todavía está por ver si llevará a cabo acciones contra la presa, dada la “garantía” del MPLA.

En el número de junio de la revista mensual británica African Development, el corresponsal Roger Murray comentaba que el “MPLA ha llegado al acuerdo de dar asistencia material y facilidades para el uso de los campos de entrenamiento en Angola meridional al SWAPO, y en compensación, el SWAPO puede estar dispuesto a renunciar a los ataques en el mismo Cunene”.

Sin embargo, el MPLA manifestó que no ha hecho ninguna negociación con Pretoria respecto del proyecto de la presa.

Entre las otras empresas con gran interés en “embarcarse” está Grängestate National Mining, una empresa sueca. Según un informe de Bernard D. Nossiter en el Washington Post del 3 de junio, los empresarios suecos fueron invitados por el MPLA a estudiar la reapertura de las minas de hierro de Cassinga, que se cerraron cuando el propietario anterior fue a la quiebra.

Nossiter informaba, “la invitación a estos empresarios, aseguran las fuentes aquí [Estocolmo], refleja una política deliberada del [presidente] Neto para favorecer los lazos con occidente”.

Cambian las reglas del juego

Como muchos regímenes nacionalistas parecidos, la capitulación del MPLA al imperialismo no es completamente abyecta. Ni tampoco su postura antiimperialista es exclusivamente para mostrar. En el marco de la subordinación neocolonial, los nuevos gobernantes de Angola están interesados en fortalecer lo más posible su posición en las negociaciones con los imperialistas.

Con el fin de ganar un cierto control sobre las posesiones imperialistas en Angola, y forzar a las empresas extranjeras a realizar tratos económicos más favorables, el régimen de Luanda aprobó una ley el 28 de febrero que regula los términos de la intervención del estado en la economía.

Esta ley capacita al Consejo Revolucionario para nacionalizar cualquier empresa extranjera o angolesa, tanto parcial como totalmente. Bajo las cláusulas de la ley, el régimen indicó su intención de tomar el control de industrias “estratégicas”. También puede confiscar empresas y propiedades abandonadas por sus dueños.

A principios de mayo, el régimen del MPLA comenzó a nacionalizar gran número de industrias y plantaciones portuguesas que habían sido abandonadas, incluyendo las obras de acero de Champalimand, una fábrica de cemento, empresas textiles y del azúcar, y doce complejos agrícolas. El hecho de que todas las firmas nacionalizadas fueron abandonadas por sus propietarios reveló “la cauta aplicación del esquema de nacionalizaciones por parte del régimen del MPLA”, comentaba un corresponsal en West África (17/5/76).

La nacionalización de las empresas portuguesas se produjo durante una desavenencia diplomática entre Luanda y Lisboa. El régimen de Luanda ordenó el 18 de mayo que Lisboa retirase todos sus representantes diplomáticos de Angola. El MPLA culpó a Lisboa de ser un “centro de fuerzas reaccionarias” porque la prensa portuguesa publicó una gira de un representante del FNLA y porque refugiados portugueses procedentes de Angola habían bombardeado una oficina del MPLA en Lisboa.

Otro factor en la disputa fue la resistencia de Lisboa para entregar depósitos bancarios angoleses en Portugal o para respaldar al escudo angolés. Algunos de los dirigentes actuales de la junta militar en el gobierno de Lisboa han expresado públicamente su hostilidad hacia el MPLA en los últimos meses.

Como parte de su programa de reforma agraria, el MPLA nacionalizó un gran número de plantaciones, también mayoritariamente de propiedad portuguesa. Las que habían sido abandonadas fueron confiscadas inmediatamente. Según una emisión radiada el 29 de abril por la agencia de noticias yugoslava Tanjug, “el puñado de propietarios de plantaciones privadas que no había huido del país cuando Angola fue liberada [serán] indemnizados por sus propiedades y autorizados a permanecer y trabajar en las plantaciones como expertos”.

Hasta ahora, el MPLA ha tenido cuidado de no tocar ningún interés no portugués.[17] El corresponsal del Financial Times de Londres, Jane Bergerol informaba en un comunicado del 6 de mayo desde Luanda que en las últimas nacionalizaciones, “las acciones de propiedad extranjera no portuguesa están exentas del control estatal o confiscación, como quedó ejemplificado en el caso de una de las empresas textiles confiscadas, de la que los propietarios de acciones holandeses han sido declarados específicamente fuera del campo de la acción gubernamental”.

A la vez que el régimen del MPLA se ha reservado un papel en la economía angolesa, también ha dejado claro que habrá amplias posibilidades para la inversión privada, tanto nacional como extranjera. De hecho, la misma ley que daba al régimen el poder de nacionalizar las empresas estipulaba también que el sector privado “debe ser impulsado y apoyado por el estado en tanto que respete la política general económica y obrera definida por el MPLA”.

Según el número de julio-agosto de la revista bimensual África Report de Nueva York, “los funcionarios angoleses reconocen que grandes sumas de ayuda financiera e inversiones son necesarias para continuar el desarrollo de los principales bienes de comercio exterior —petróleo, café y diamantes—”.

¿Un “estado socialista modelo”?

En el discurso de cierre de la Feria Internacional de Comercio de mayo en Luanda, el primer ministro Nascimento dijo que el régimen emprendería un plan de desarrollo en tres años, al que seguiría un plan quinquenal en 1980. Declaró que el MPLA estaba totalmente comprometido con el “socialismo” y que aspiraba a construir “un estado socialista modelo en el continente africano”.

A la luz de la política real del MPLA, especialmente durante los últimos meses, el “socialismo” que profesan los altos funcionarios como Nascimento no es más que una máscara demagógica para los esfuerzos del régimen de Luanda por construir una Angola formalmente independiente, que continuará basándose en las relaciones de propiedad capitalistas y en la subordinación al imperialismo mundial.

A este respecto, el régimen neocolonial del MPLA muestra rasgos similares a los de otros estados “socialistas africanos”, como los de Tanzania, la República del Congo y Guinea, donde el movimiento obrero está también atado directamente al estado, y las masas están controladas por organismos “populares” burocráticos de un tipo u otro. Estos tres países “socialistas” que se liberaron de la dominación colonial directa hace quince años o más, en la actualidad, continúan sometidos a la dominación económica imperialista.

Aunque en la actualidad no se puede hablar de una burguesía angolesa, hay capas pequeñoburguesas que están peleando por tomar las posiciones previamente ocupadas por lo portugueses, y que aspiran a transformarse con el tiempo en capitalistas principiantes. Ya tuvo lugar un proceso parecido en muchos otros países africanos, donde débiles sectores de una burguesía nacional pudieron surgir en los sectores de la economía neocolonial que el imperialismo no controlaba directamente.

Hay algunas señales de que este proceso está comenzando en Angola. En un informe en el Le Monde (28/2/76), el corresponsal Rene Lefort resumía la descripción de un comandante del MPLA sobre la formación de “un nuevo grupo de mercaderes, transportistas y funcionarios que siempre han pensado que sus carnets de afiliación al MPLA les daban el derecho de ocupar los puestos dejados por los portugueses”.

En el número del 12 de marzo, Lefort señalaba: “El nacimiento de una casta de nouveaux riches es por completo evidente […]

“Durante varios meses, decenas de miles de angoleses que eran empleados de oficinas o cargos menores, se han convertido en mercaderes con casa propia o en cabezas de departamento.”

Como parte de su retórica “socialista” general, el MPLA ha proclamado que se opone a la “transformación de la pequeña burguesía colonial angolesa en una burguesía nacional”. Pero al mismo tiempo, la dirección del MPLA ha mantenido sus brazos abiertos hacia la “burguesía patriótica” a la que proclama cálidamente como “parte de nuestra nación angolesa”.

Sin embargo, el peligro principal para las masas angolesas continúa viniendo de las potencias imperialistas. Bajo el imperio portugués, Angola estaba sujeta a la dominación colonial directa; durante la guerra civil su libertad estaba amenazada por la intervención militar de Pretoria, Washington y las demás potencias imperialistas. Pero en la actualidad, el peligro de la dominación imperialista toma una nueva forma, más indirecta.

En un país de la riqueza de Angola, los capitalistas de los Estados Unidos, Europa y Sudáfrica utilizarán toda grieta posible para continuar y extender su saqueo de esta riqueza. Mientras el capitalismo sobreviva en Angola, la fuerza política y económica de los inversores extranjeros y las fuertes presiones del mercado mundial capitalista asegurarán que el país permanezca subdesarrollado, o que sólo se desarrolle en los sectores útiles a las necesidades del imperialismo.

No importa cuántos planes trienales o quinquenales instituya el MPLA, no será capaz de aliviar apreciablemente la pobreza de las masas angolesas en tales condiciones. Aun más, también existe el peligro de que la amplia presa que los imperialistas tienen en la actualidad les dé más tarde la oportunidad de anular incluso las medidas económicas parciales que el régimen de Luanda ha tomado contra ellos.

Solamente la movilización de las masas de los obreros y campesinos angoleses bajo una dirección socialista revolucionaria puede derribar el capitalismo, alcanzar la verdadera independencia nacional y comenzar la construcción de un futuro socialista. El MPLA está en completa oposición a este proceso.

La lucha por la liberación en ascenso

Informe de Tony Thomas a la convención del SWP[18]

Dos acontecimientos ocurridos en el mes de junio simbolizan la agudización de las contradicciones en África del sur.

Uno de ellos fue la rebelión masiva de los distritos negros de Sudáfrica, que se extendió a las universidades negras y a otros sectores de la población.

El otro, fue la reunión de Kissinger con el primer ministro sudafricano John Vorster. Mientras la policía de Sudáfrica perseguía intensamente a los militantes africanos, Kissinger y Vorster trataban de aparentar que tenían una nueva solución para los problemas del sur del continente.

En realidad, no pueden ofrecer más que retórica. Y no pueden ofrecer otra cosa, porque no tienen concesiones que, al mismo tiempo, puedan contener la lucha de masas en el sur de África y mantener los regímenes blancos de Sudáfrica y Rhodesia (denominado Zimbabwe por su pueblo africano).

Estos dos acontecimientos nos proporcionan una imagen de la creciente crisis que vive el sur de África, crisis que va en aumento por la nueva insurgencia de las masas africanas. Con el tiempo, las nuevas y favorables condiciones de sus luchas podrán desafiar los cimientos mismos de la dominación imperialista y la opresión nacional en el sur de África.

Quiero referirme aquí a tres de los factores más importantes que condujeron a esta nueva situación en el África del sur.

La independencia de las colonias portuguesas

La victoria de las luchas por la independencia de Mozambique y Angola ha sido uno de los acontecimientos más notables de los dos últimos años. Económicamente, ambos países se encontraban ligados a Sudáfrica. El imperialismo norteamericano también tenia grandes inversiones, en Angola especialmente. Pero el hecho más importante es que tanto Estados Unidos como Sudáfrica apoyaban al colonialismo portugués en Angola y Mozambique, porque los veían como estados tapones que protegían del África independiente a los regímenes blancos de Sudáfrica y Zimbabwe.

La independencia de las colonias de Portugal fue conquistada gracias a una serie de factores de carácter mundial. El más importante de ellos fue el vigor de las luchas nacionalistas en Mozambique, Angola y otras colonias portuguesas desde principios de 1960. Estas luchas triunfaron porque representaban la determinación política de las masas africanas de no aceptar sino la independencia.

El segundo factor fue la intensa presión que la guerra colonial ejerció sobre la débil economía portuguesa. Esto facilitó la iniciación de grandes luchas de los obreros y la juventud portuguesa contra la guerra y el régimen. Las presiones internas políticas y sociales que emanaban de la guerra colonial limitaron los intentos del régimen de Caetano, primero, y del MFA, después de imponer en Angola y Mozambique soluciones distintas a la independencia.. .

Un tercer factor, de gran importancia, es que ni el imperialismo norteamericano ni las otras potencias imperialistas fueron capaces de intervenir directamente en Angola o Mozambique para respaldar a Portugal. Esto, en parte, es mérito nuestro. La conciencia creada en nuestro país por el movimiento contra la guerra del Vietnam y el avance de las ideas panafricanas en la comunidad negra detuvieron la mano de Washington.

Angola

Luego del golpe de 1974 en Portugal, se realizaron en Angola demostraciones de masas, huelgas y otras acciones. En 1974 y principios de 1975, las masas angoleñas demostraron que tenían la fuerza necesaria para completar su lucha por la liberación nacional por medio de la lucha de clases por el socialismo.

Sólo la clase obrera puede dirigir victoriosamente la lucha por la completa liberación nacional de la opresión imperialista, aboliendo el capitalismo y realizando la revolución socialista. Pese a sus pretensiones nacionalistas, las direcciones burguesas o de clase media que defienden las relaciones capitalistas están objetivamente defendiendo al mismo tiempo el dominio imperialista de sus países. Su defensa del capitalismo las coloca del lado de los imperialistas extranjeros en el enfrentamiento entre la clase obrera y el imperialismo.

El hecho de que los tres grupos nacionalistas de clase media que dirigieron la lucha de liberación de Angola mantuvieran una estrategia procapitalista, ayudó a desviar la insurgencia de las masas.

Estos tres grupos fueron: la UNITA (Uniao Nacional para Independencia Total de Angola); el MPLA (Movimentó Popular de Libertação de Angola); y el FNLA (Frente Nacional de Libertação de Angola).

El imperialismo utilizó el fraccionalismo desarrollado entre estos grupos para desviar a las masas angolesas de su lucha antiimperialista y por sus reivindicaciones sociales.

Las divisiones que se dieron entre ellos reflejaron las distintas presiones ejercidas por los estados obreros, por los estados africanos neocoloniales y por las fuerzas imperialistas que los apoyaron; y también por el hecho de que tales organizaciones se hallaban enraizadas en cada uno de los principales grupos nacionales y regionales de Angola.

Sin embargo, lo que estos grupos no representaban eran los intereses de las masas angolesas. Los tres han mantenido una posición similar al defender al capitalismo y al imperialismo contra las masas. Cada uno de ellos ha estado dispuesto a subordinar la lucha por la liberación nacional de Angola, a sus propias necesidades en la lucha fraccional. Esto abrió las puertas a la intervención imperialista.

La intervención sudafricana

Esta situación pudo ser aprovechada por Sudáfrica para intervenir militarmente. Su objetivo era controlar la zona fronteriza entre Namibia y Angola, lo que les permitiría golpear las bases de los combatientes por la liberación de Namibia.

A pesar de que en un principio la UNITA resistió al imperialismo sudafricano, éste logró hacer un pacto con dicho movimiento. A cambio de ayuda y provisiones, la UNITA y el FNLA acordaron permitirle a Sudáfrica mantener su base militar en el sur de Angola. Ambos movimientos colocaron sus propias ventajas en la lucha fraccional por encima de la necesidad de unificar y defender a Angola contra el ataque imperialista.

Durante el verano y el otoño de 1975, el imperialismo norteamericano comenzó a brindar su apoyo a la UNITA y al FNLA contra el MPLA. Veía esto como una forma de contrarrestar la influencia de la Unión Soviética y Cuba, que habían dado apoyo al MPLA. Así mismo, el imperialismo norteamericano quería respaldar a Sudáfrica.

Mientras tanto, el MPLA seguía recibiendo apoyo de sectores dirigentes del gobierno imperialista portugués.

Los socialistas revolucionarios no estuvimos a favor de ninguna de las organizaciones. Nos opusimos rotundamente a la intervención del imperialismo sudafricano, portugués, norteamericano, o de cualquier otro país.

Nos situamos junto a la lucha por la liberación de Angola. Esto significa que apoyamos las acciones militares del MPLA contra Sudáfrica y los mercenarios controlados por el imperialismo. De la misma forma, en una etapa anterior, apoyamos las acciones de la UNITA contra Sudáfrica, e igualmente respaldamos al FNLA en sus confrontaciones con los militares portugueses.

El revés sufrido por Sudáfrica en Angola jugó un papel positivo en la lucha de todo el sur del continente. La demostración de que el imperialismo sudafricano podría ser derrotado alentó a las masas del sur de África, particularmente las de Namibia y Sudáfrica.

El régimen del MPLA, que resultó de esa victoria, sigue siendo un estado capitalista que ha lanzado fuertes ataques contra los obreros, la izquierda y las minorías nacionales. El movimiento UNITA aún conserva un significativo respaldo en el sur de Angola, donde sigue sosteniendo la lucha armada.

A pesar de sus pretensiones socialistas, el régimen del MPLA continúa defendiendo los intereses de la economía imperialista contra las masas trabajadoras” Para salir adelante, las masas tendrán que ir más allá de la política pro capitalista del MPLA y de las otras fracciones nacionalistas. Tendrán que construir un partido obrero socialista revolucionario que corone su lucha a través de la revolución socialista.

Pero, a pesar del carácter neocolonial de los regímenes de Mozambique y Angola, la conquista de la independencia de estos países y el retroceso del imperialismo sudafricano, constituyen un significativo avance para la lucha de todo el sur del continente.

Zimbabwe

Zimbabwe, llamada Rhodesia por su gobierno de colonos blancos, es el segundo frente de la creciente confrontación en el África del sur. El gobierno de Rhodesia representa a 250.000 blancos que dominan una población de más de 6 millones de africanos.

Los negros están privados de poseer propiedades, a excepción de las tierras más pobres; en las zonas urbanas son segregados y sometidos a condiciones similares a las existentes bajo el sistema apartheid en Sudáfrica.

En 1965, el régimen de la minoría blanca rompió formalmente con la dominación colonial británica. Temían que la independencia bajo el control de una mayoría negra fuera una amenaza para los privilegios que les otorga su calidad de negociantes, granjeros, empleados y obreros calificados.

Desde entonces, se ha desarrollado una importante lucha de las fuerzas nacionalistas contra los colonos blancos. Han surgido cuatro organizaciones: el ZAPU (Zimbabwe African People’s Union — Unión Popular de Africanos de Zimbabwe); el ZANU (Zimbabwe African National Union — Unión Nacional de Africanos de Zimbabwe); el Frolizi (Front for the Liberation of Zimbabwe — Frente por la Liberación de Zimbabwe) y el ANC (African National Council — Consejo Nacional Africano).

La estrategia de la “distensión”

En los últimos meses, se ha dado gran publicidad a los llamados de Kissinger en los que trata de persuadir a Sudáfrica para que se “separe” del régimen de colonos de Rhodesia. Washington intenta pregonar que está actuando para negociar un acuerdo en Zimbabwe, que establecería un régimen de mayoría negra.

Esto ha sido descrito como un gran cambio del imperialismo, hacia una nueva política en África. Sin embargo, esta “nueva” política no es más que una nueva versión de una vieja política. Durante años, tanto Sudáfrica como los estados capitalistas africanos vecinos de Rhodesia (Zambia, Tanzania, Mozambique y Botswana) han estado aplicando la misma estrategia.

Esta política —llamada de “distensión” o estrategia de Lusaka— es un intento de los regímenes negros de Zambia, Tanzania, Mozambique y Botswana de “normalizar” las relaciones con Sudáfrica.

Se pretende lograr esto a través de la cooperación de Sudáfrica con los estados neocoloniales para imponer un acuerdo negociado al pueblo de Zimbabwe.

El gobierno sudafricano quería utilizar este tipo de negociaciones para abrir las puertas de los estados negros de África del sur a su comercio e inversiones y lograr, además, una mayor cooperación de las neocolonias negras para reprimir la lucha de masas en la propia Sudáfrica.

Los regímenes capitalistas africanos temían que un gran ascenso de la lucha por la liberación de Zimbabwe inspirara movilizaciones de masas en sus propios países. Este es un gran problema, ya que las débiles economías de estos países están siendo sacudidos por el impacto de la crisis económica mundial.

Por su parte, el gobierno de Sudáfrica presionó al de Rhodesia para que liberara algunos presos políticos africanos y sostuviese negociaciones. También, a fines de 1974, Sudáfrica retiró sus tropas del frente de Zimbabwe. Sin embargo, a pesar de las conversaciones para lograr un acuerdo, los imperialistas sudafricanos continuaron enviando armas y brindando su respaldo financiero económico al régimen de Rhodesia.

A su turno, los regímenes capitalistas africanos intentaron reprimir a los grupos de liberación de Zimbabwe. Por un tiempo pareció que tenían éxito en su propósito de suspender o liquidar la lucha armada contra el gobierno de los colonos blancos.

Se rompen las negociaciones

Los gobiernos de Zambia, Mozambique, Botswana y Tanzania forzaron a los cuatro grupos de liberación de Zimbabwe a unificarse en una sola organización bajo el nombre de African National Council [ANC-Consejo Nacional Africano]. También fueron obligados a abrir negociaciones con el régimen blanco.

Desde el principio, las masas negras y también los dirigentes de algunos de estos grupos nacionalistas se mostraron escépticos sobre las posibilidades de éxito de las negociaciones. Tenían razón, pues las negociaciones no llevaron a ninguna parte.

En agosto de 1975, la fracción del ANC dirigida por el reverendo Ndabanigi Sithole y el obispo Abel Muzorewa rompió las conversaciones. Otro sector del ANC, dirigido por Joshua Nkomo, abandonó las discusiones en marzo de este año, después que las mismas no progresaron.

Las razones de esta crisis son muy sencillas: el régimen rascista de Rhodesia sabe que un gobierno de la mayoría negra, aun sobre bases capitalistas, significaría el fin de sus privilegios. Comprende que el imperialismo teme a la insurrección revolucionaria de masas necesaria para derrocar su régimen. Se siente alentado por el apoyo político y material que reciben de Sudáfrica. Por último, también lo favorecen las restricciones aplicadas por los estados neocoloniales a los movimientos de liberación de Zimbabwe.

Como resultado de la nueva estrategia de distensión y negociaciones, los movimientos de liberación han sufrido restricciones por parte de los gobiernos africanos, mientras el régimen blanco mantiene el control sobre Zimbabwe y su población de seis millones de negros.

La estrategia que Kissinger trata de apoyar no ha sido más que un obstáculo para la lucha por la liberación.

Lucha renovada

Desde el otoño de 1975, en Zimbabwe ha tenido lugar una importante insurrección. Miles de jóvenes, y quizás decenas de miles, han marchado a Mozambique y Zambia, a los campamentos de los combatientes nacionalistas de Zimbabwe.

A comienzos de este año, las acciones armadas de los luchadores por la liberación fueron utilizadas por el régimen de Rhodesia como pretexto para atacar militarmente a Mozambique. En marzo, luego de uno de estos incidentes, Mozambique se puso en pie de guerra contra el régimen racista y cerró sus fronteras con Rhodesia.

Dentro de Rhodesia, los blancos han movilizado a decenas de miles de policías y soldados, y han redoblado esfuerzos para aterrorizar a la mayoría africana.

La lucha por la liberación ha afectado enormemente a la economía del régimen de los colonos blancos, algunos de los cuales comienzan a dejar el país. Como señalaba un periodista británico, la población blanca comienza a “pensar dos veces su papel en la versión rhodesiana del cerco al general Custer”.

Pareciera que los gobiernos capitalistas africanos tratan ahora de limitar las luchas guerrilleras y de presionar al régimen de Rhodesia para que continúe las negociaciones. Temen una movilización de las masas de Zimbabwe para liberarse por si mismas.

Dado el grado de radicalización de las masas de Zimbabwe, existe la posibilidad de que una movilización no sólo amenace al régimen racista, sino que también lleve a una salida socialista para los problemas de las masas. Aquí, el problema del tipo de dirección que necesitan las masas es nuevamente de crucial importancia.

La agudización de los conflictos en todo el sur del continente también repercute en Zambia y los demás estados africanos donde la traición de los dirigentes capitalistas negros se hace cada vez más clara.

Por ejemplo, en Zambia, el 28 de enero [de 1976], el régimen de Kaunda impuso el estado de emergencia para intensificar la represión contra los estudiantes y otros sectores que protestaban por la colaboración del gobierno con Sudáfrica en Angola y Zimbabwe.

La participación del imperialismo norteamericano en esta situación podría llevar a EE.UU. a intervenir directa o indirectamente contra la lucha de liberación en el sur de África. Por un lado, Washington trata de presionar para llegar a un acuerdo negociado que prevenga una explosión mayor. Por el otro, trata de asegurar que tal cambio no amenace los intereses imperialistas ni se extienda a otros países.

Por ambos lados, la supuesta “nueva” estrategia de Kissinger muestra que Washington está cada vez más comprometido en tratar de mantener la ley y el orden imperialistas en el sur de África.

Sudáfrica

El levantamiento en Sudáfrica, detonado por la rebelión de Sowetto, es el elemento más importante —y potencialmente más explosivo— de la crisis en África del sur.

Debemos recordar qué es el régimen apartheid en Sudáfrica, y cuál es su papel dentro del imperialismo mundial. Sudáfrica cuenta con una población de casi 25 millones de habitantes. Tiene una moderna e industrializada economía imperialista. El país juega un importante papel en la economía imperialista mundial debido a la producción de diamantes, oro y otros minerales, y a la creciente industria manufacturera.

Por su carácter racista y blanco, el imperialismo sudafricano se ve forzado a atacar militar, económica y políticamente los avances de la lucha de liberación.

De hecho, no es sorprendente que el estado racista de Israel tenga buenas relaciones con Sudáfrica.

Ambos regímenes son excrecencias extrañas, creadas y defendidas por el imperialismo. Así como Israel debe dirigir todos sus esfuerzos tanto contra la lucha palestina como contra la revolución árabe en su conjunto, del mismo modo el imperialismo sudafricano debe utilizar su poder contra toda la revolución africana.

A diferencia de Israel, Sudáfrica es un importante centro de inversión capitalista. En 1975, las compañías norteamericanas tenían invertidos allí cerca de 1. 200 millones de dólares. El año anterior, el valor de las exportaciones de EE.UU. a Sudáfrica ascendió a 1. 200 millones de dólares, mientras que las importaciones llegaron a 650 millones.

Gran Bretaña, tiene aun mayores intereses en Sudáfrica que el imperialismo norteamericano. Alemania occidental y Francia también poseen importantes inversiones.

La base de existencia del imperialismo sudafricano es la disponibilidad masiva de mano de obra negra barata. Este es el objetivo del sistema apartheid de segregación absoluta.

He aquí algunos de sus rasgos esenciales:

1. Eliminación de los derechos democráticos de los negros. Sus organizaciones políticas están proscriptas por el gobierno, y son también ilegales los sindicatos de africanos. Las condiciones son tales que en cualquier momento puede realizarse el terrorismo policial contra la población negra.

2. Se utiliza un amplio sistema de pasaportes para poner a los negros a merced de la policía, los patronos o cualquier blanco.

3. Al ser forzados a tomar cualquier empleo que les ofrezca el gobierno, los negros son privados, de hecho, de toda opinión sobre las condiciones de su trabajo.

4. Para prevenir la concentración de un proletariado negro estable, se hacen intentos para limitar el derecho de los africanos a vivir permanentemente en zonas urbanas, a través de leyes de residencia y del llamado sistema de los bantustanes.

5. Para mantener el respaldo de las masas blancas, los empleos calificados, los cargos profesionales, las buenas casas y la tierra le están exclusivamente reservados.

Es por eso que cuando analizamos las inversiones del imperialismo norteamericano en Sudáfrica, lo que realmente estamos viendo son los resultados del sistema apartheid. Por ejemplo, un estudio realizado en 1972 demostró que sólo tres de las 350 corporaciones norteamericanas existentes en Sudáfrica pagaban a sus trabajadores africanos por encima del nivel de pobreza instituido por el régimen racista.

Esto significa que sólo tres de las empresas estadounidenses abonaban más de 170 dólares de salario mensual Algunas compañías sólo pagaban 40 dólares.

En 1974 el salario medio de un africano era de 93 dólares por mes. En cambio, el blanco recibía un promedio ocho veces mayor.

Si no fuera por este sistema de apartheid, la economía imperialista sudafricana se derrumbaría en pedazos. Ni el imperialismo norteamericano ni el de ninguna otra gran potencia imperialista —para no hablar del propio imperialismo sudafricano— permitirá nunca que los rasgos fundamentales del apartheid sean abolidos. Esa tarea está reservada al proletariado sudafricano.

El crecimiento de la clase obrera

Con todas sus restricciones, represión y medidas para contener a la clase trabajadora negra, el sistema apartheid comienza a resquebrajarse por el proceso mismo que le dio origen: el crecimiento de la clase obrera africana.

Estamos ante una de las contradicciones básicas del capitalismo: a medida que el sistema capitalista se expande, hace crecer también a la clase trabajadora. La dinámica interna del sistema capitalista desarrolla a la clase obrera, le da mayor concentración, confianza y fuerza social.

Desde la Segunda Guerra Mundial se ha producido una tremenda expansión de la industria sudafricana, y con ella, de la clase obrera negra.

En 1972 la producción industrial doblaba la de 1960 y era casi cuatro veces mayor que la de 1950. Y lo que es más significativo aun, el valor de la inversión en la industria era en 1973 once veces mayor que en 1950, y siete veces más que en 1960.

Esta expansión ha puesto en escena a un proletariado de 6 millones de obreros. El 90% de los trabajadores en agricultura, silvicultura, pesca y minerías son africanos; también son negros el 65% de los trabajadores de obras públicas, el 67% de los trabajadores de servicios y el 60% de los obreros de la construcción.

Estas cifras no incluyen al creciente número de asiáticos y mestizos (mezcla de africanos, asiáticos y blancos), que juegan un papel cada vez mayor en la producción industrial. Así, en la industria manufacturera, más del 72% de la fuerza de trabajo es de raza diferente a la blanca.

A consecuencia de la escasez cada vez mayor de trabajadores blancos, el imperialismo sudafricano se ha visto forzado a colocar a los trabajadores negros en numerosos empleos calificados y semicalificados. Este hecho eleva su importancia estratégica así como su fuerza numérica.

Desde la huelga general en Namibia a fines de 1971 y comienzos de 1972, los obreros negros de Sudáfrica y Namibia han venido fortaleciéndose a través de una larga serie de paros y otras movilizaciones. Se han realizado centenares de huelgas.

Cada una de ellas ha sido implícitamente una protesta política contra el apartheid y casi todas fueron ilegales. En algunas, particularmente en las huelgas mineras, los obreros fueron baleados por la policía y los guardias de la compañía.

Sin embargo, hay una diferencia importante entre la actual insurrección y la de 1960, cuando la masacre de Sharpesville.

El imperialismo sudafricano ya no puede desatar la misma represión que a principios de la década del 60 contuvo la insurrección.

Esto no se debe a que haya variado la brutalidad del sistema apartheid, sino a que la relación de fuerza entre las clases favorece ahora considerablemente al proletariado africano.

El régimen apartheid teme profundamente provocar una explosión en el proletariado negro. Necesita de los obreros negros para hacer funcionar la compleja economía industrial. Sencillamente ya no puede darse el lujo de deportar, encarcelar o despedir a miles de obreros, como lo hacía en el pasado.

De igual forma, se ve enfrentado a una población negra que ha asimilado muchas de las lecciones positivas de la liberación del África portuguesa del revés sufrido por el imperialismo sudafricano en Angola y de la derrota imperialista en Indochina.

La revolución permanente

Debido a que el apartheid es un sistema general que afecta a todos y cada uno de los aspectos de la vida de los veinte millones de negros, la lucha por cualquier cuestión específica nacional, democrática o económica puede fácil y rápidamente provocar una explosión dirigida contra el apartheid en su conjunto.

Esas luchas pueden plantear el problema del poder político nacional y de clase, y la necesidad de derrocar al propio sistema capitalista.

La lógica de la revolución permanente —la dinámica de las luchas nacionales y democráticas que se convierten en luchas por la revolución socialista— es probablemente más clara en Sudáfrica que en cualquier otro lugar del mundo.

Podemos ver esta explosiva dinámica al observar la insurrección de Soweto. La misma se inició en torno a un problema particular, que sólo afectaba a algunos estudiantes de secundaria: la imposición de la lengua afrikaan.

Así, en los colegios se inició una huelga. Más tarde una demostración de apoyo a la huelga reunió diez mil personas. Esta concentración fue atacada por la policía.

Miles de trabajadores y jóvenes se lanzaron a las calles en protesta contra el régimen racista. Trataron de tomar el control de las calles en una semana de combates contra las fuerzas armadas sudafricanas y la policía.

La rebelión se extendió a las comunidades africanas de todo el país y a las universidades negras. En Johannesburg, estudiantes blancos marcharon junto a los obreros negros en defensa de Soweto. La consigna que sintetizó el significado de la lucha fue “Poder a Soweto”, que fue entonada por las masas negras y sus adherentes.

Así expresaban la idea de dar el poder a quien le corresponde: a las masas trabajadoras negras, como las que se rebelaban en Soweto.

La insurrección se convirtió en una lucha generalizada contra la totalidad del régimen apartheid. Incluso a los dirigentes negros aceptados por el gobierno y que se reunieron con funcionarios del mismo, no los satisfizo la concesión ofrecida (que los estudiantes negros no tuvieran que aprender y utilizar la lengua afrikaan en el colegio), sino que plantearon reivindicaciones que llevan a la supresión del sistema apartheid.

Estos dirigentes señalaron que, a menos que se eliminaran las causas fundamentales del levantamiento de Soweto, la próxima oleada de rebeliones negras lo haría aparecer como un “picnic escolar”. Y tenían razón.

Desde Soweto, y a pesar de la creciente represión, las masas negras han seguido luchando, reuniéndose y expresando su protesta.

Estamos ante una nueva generación juvenil que entra en escena, representada por organizaciones como la Black People’s Convention [BPC –Convención de Pueblos Negros], la South African Students Organization [SASO —Organización de estudiantes Sudafricanos] y su rama de estudiantes de secundaria, el South African Students Movement [SASM —Movimiento de Estudiantes Sudafricanos].

Estos son sólo tres de los grupos que se identifican con la nueva conciencia negra que se ha formado en Sudáfrica. Desde la insurrección de Soweto, esta nueva generación ha sido el blanco de la represión del régimen. Su conciencia y nacionalismo negros son expresión de la combinación de las luchas nacionales y obreras, esencia de la revolución sudafricana.

Como lo señalaba León Trotsky en los años 30, una revolución victoriosa en Sudáfrica será tanto una revolución social como una revolución nacional. Será una rebelión del proletariado negro para erradicar el privilegio blanco y el apartheid, así como la explotación imperialista que condujo a esta opresión.

Programa y partido

Las grandes posibilidades de lucha en el sur de África no pueden ser subestimadas. El colapso del colonialismo portugués, la derrota de la estrategia de distensión, el revés sudafricano en Angola y el levantamiento de su proletariado son un índice del futuro del sur del continente.

Pero tan importantes acontecimientos en sí y por sí mismos no son suficientes para alcanzar la liberación. Hemos visto cómo la lucha por la liberación nacional de Angola y el gran ascenso obrero posterior al golpe en Portugal fueron desviados hacia una lucha fraccional y, en última instancia, a un estado neocolonial.

Ya se ha visto cómo en todo el continente el gobierno de la mayoría negra y la independencia bajo el auspicio del capitalismo han llevado a mantener la dominación imperialista, la pobreza y la ausencia de derechos democráticos para las masas trabajadoras.

El problema planteado por el avance de la lucha es qué liberación, qué programa de liberación y qué organización se requieren para obtener el triunfo.

En otras palabras, para los revolucionarios el problema de la revolución permanente y del partido leninista son cruciales para las masas africanas, si las nuevas oportunidades de avanzar han de originarse en el crecimiento de las luchas.

Creo que esto puede verse en Angola y Mozambique, donde han asumido gobiernos basados en luchas de liberación de muchos años. Sin embargo, a pesar de su indudable dedicación a esas luchas, estos regímenes han terminado defendiendo la propiedad imperialista y aplastando los intentos de las masas trabajadoras de sus países de luchar contra formas de explotación instauradas bajo el colonialismo.

A pesar de las teorías sobre el socialismo africano, los antagonismos de clase entre las masas trabajadoras, los capitalistas y las clases medias son en estos países mayores y no menores que los existentes en las sociedades capitalistas avanzadas.

Para conservar algún poder, la marginal burguesía nacionalista deberá en última instancia apoyarse en el imperialismo. Para lo cual inevitablemente habrá de reprimir tanto la lucha por la liberación nacional como la lucha de clases.

Esto lo vemos hoy en los intentos de los gobiernos de Zambia, Tanzania y Mozambique de frenar y contener la lucha de Zimbabwe, así como en su política represiva contra la clase trabajadora y otros militantes en sus propios países.

Considerando el gran peso de la clase obrera y su posición estratégica en la economía imperialista dial sería una ilusión creer que en Sudáfrica una dirección capitalista podría conducir la lucha de liberación hacia el poder.

Para alcanzar una auténtica liberación nacional, necesaria en el sur de África una estrategia de revolución socialista. Al decir esto, no me refiero ni a la retórica socialista y las escasas nacionalizaciones de Angola, Mozambique o Tanzania, ni a la expansión del control del estado burgués sobre las masas, como en los llamados órganos de poder popular en Angola.

La lucha en el sur de África necesita urgentemente de la estrategia de la revolución socialista, tal como la aplicó con éxito el Partido Bolchevique en la Revolución Rusa de 1917: un socialismo basado en la movilización, el poder y el dominio de la clase obrera, con el apoyo de las masas campesinas y las distintas nacionalidades. Tal socialismo no puede comprometerse con el imperialismo. El poder imperialista sobre la economía debe ser eliminado mediante el establecimiento de un estado obrero y la nacionalización de las empresas capitalistas nacionales e imperialistas.

En África del sur, esta estrategia incluye la urgente necesidad de independizarse de los regímenes africanos neocoloniales. A pesar de que ocasionalmente la lucha por la liberación puede presionar a estos regímenes, no debemos tener confianza alguna en ellos. Los luchadores por la independencia de Namibia y por el gobierno de las mayorías negras en Sudáfrica y Zimbabwe deberían ver como a sus únicos y verdaderos aliados en Angola, Mozambique, Zambia, Tanzania y Botswana, no a los gobiernos de las camarillas pequeñoburguesas dominantes, sino a las masas obreras, estudiantiles y campesinas que pueden ser movilizadas contra esos gobiernos por sus reivindicaciones nacionales y sociales.

Para lograr esto, es indispensable construir partidos marxistas revolucionarios en todo el sur del continente Esta es la dirección que se requiere para librar las titánicas luchas por la victoria. Y tales partidos sólo pueden construirse dentro de la línea leninista, basándose en el poder del proletariado.

Este es un importante problema. Muchos creyeron que el carácter guerrillero del FRELIMO en Mozambique y del MPLA, la UNITA y el FNLA en Angola llevarían naturalmente a un régimen revolucionario e incluso socialista. A fines de la década del 50 y comienzos de 1960 muchas personas vieron en la guerra de guerrillas y en el terrorismo la salida a las restricciones impuestas por el régimen apartheid.

En realidad, no importa el sitio que otras formas de lucha ocupan, el arma fundamental que tiene la lucha liberacionista en Sudáfrica —así como la de cualquier otro lugar del mundo— es la movilización de las masas obreras y de campesinos pobres por reivindicaciones inmediatas, democráticas y transicionales, lo que resulta más poderoso que cualquier ametralladora o tanque de guerra. Esta línea, que Lenin y Trotsky siguieron en la Revolución Rusa, puede jugar el papel decisivo en el triunfo de la liberación negra.

Nuestras tareas

Tenemos que desarrollar una labor importante aquí. Comprender que somos parte de la revolución en el sur de África. Porque el imperialismo norteamericano juega un papel poderoso a través de sus inversiones en el sur del continente, de su apoyo militar, económico y político a los regímenes colonialistas blancos, y como principal protector internacional del orden imperialista.

Podemos estar seguros de que cualquier movilización seria de las masas africanas será amenazada por el imperialismo norteamericano. Ya hemos visto la mano dura de Washington en Angola, en una situación en la que ni sus intereses económicos ni políticos corrían verdadero peligro. Esto nos ilustra sobre lo que esperar cuando el imperialismo sudafricano de oro para los inversionistas de nuestro país sea amenazado por la furiosa revolución africana.

Nuestra tarea, que puede ser crucial para la revolución africana, consiste en movilizarnos para apoyar la lucha en el sur de África. Lo más importante que podemos hacer es denunciar la complicidad del imperialismo norteamericano con los regímenes racistas y coloniales en Sudáfrica. Más concretamente, debemos luchar por la libertad de miles de presos políticos que permanecen en sus cárceles. Algunos de ellos son niños de sólo nueve años. Otros son estudiantes de secundaria, universitarios y trabajadores jóvenes.

Esta es una nueva generación a la cual le debemos mucho. Por cuanto nació bajo la confianza y el poder de un proletariado negro sudafricano en constante ascenso, es una fuerza que —junto con sus hermanos de todo el continente— podrá liberar a la humanidad del yugo del régimen apartheid y del rascismo de los colonos blancos.

Salgamos pues de esta convención a movilizar negros, blancos, obreros, estudiantes, jóvenes, sindicatos, grupos comunitarios, organizaciones por los derechos civiles y organizaciones nacionalistas para impulsar una campaña por la libertad de los prisioneros políticos de Sudáfrica y para acabar con la complicidad de los Estados Unidos con el imperialismo sudafricano.

Proyecto de resolución sobre Angola de la Fracción Leninista Trotskista[19]

1. La intervención imperialista en la guerra civil angolesa llegó a un punto álgido a finales de 1975 y principios de 1976, con la intervención de Sudáfrica y la utilización de mercenarios pagados principalmente por la CIA. Los marxistas revolucionarios y los defensores de los derechos democráticos tenían el deber elemental de dar apoyo material a la lucha militar contra la intervención imperialista y de organizar una campaña internacional con las consignas generales “¡Fuera las manos de Angola!” “¡Fuera Sudáfrica de Angola!” y, en vista de la amenaza del imperialismo norteamericano contra Cuba por la ayuda que ésta dio al MPLA, “¡Hay que defender a Cuba!”

2. Las tres principales organizaciones involucradas en la guerra civil angolesa (el FNLA — Frente Nacional de Liberación de Angola, el MPLA — Movimiento Popular por la Liberación de Angola, y la UNITA — Unión Nacional por la Independencia Total de Angola) tienen un carácter nacionalista.

Era incorrecto caracterizar que el MPLA era más progresivo que la UNITA o el FNLA, y decir que era una “corriente revolucionaria nacionalista pequeñoburguesa” a la que se debía apoyar no sólo en su lucha militar contra la intervención imperialista sino también en su batalla política contra el FLNA y la UNITA por la dirección de Angola.

La guerra civil no era un enfrentamiento decisivo entre fuerzas de clases antagónicas en Angola. Cada grupo tenía sus raíces en diferentes nacionalidades que se encuentran en distintas regiones de Angola.

La base del MPLA estaba en las áreas mbundu de la parte central del norte de Angola y entre los mestizos (de origen africano y portugués) de todo el país.

La base del FNLA estaba entre el pueblo bakongo, en la zona noroeste de Angola.

La base de la UNITA estaba entre los ovimbundu, en las regiones del centro y sur de Angola.

Los tres grupos ganaron estas posiciones a través de su participación en la lucha de independencia contra Portugal, que comenzó en 1961. Cada grupo contribuyó significativamente a la lucha que forzó finalmente a Portugal a salir de Angola.

El apoyo que dieron la clase obrera, la clase media urbana, los trabajadores agrícolas y el campesinado pobre, incluso los sectores más combativos, a uno u otro de los tres grupos nacionalistas en la guerra civil de 1975-76 tendía a seguir diferencias nacionales, no de clase.

Un elemento clave de la guerra en Angola era la lucha por el poder entre las direcciones pequeñoburguesas del MPLA, FNLA y UNITA. Los imperialistas trataron de utilizar esta lucha por el poder para avanzar en sus propios objetivos. En este sentido, dieron aprovechar las fricciones, los temores y el antagonismo que había entre las nacionalidades, y la manera en que explotaban estas divisiones las direcciones del FNLA, UNITA y MPLA.

La aguda lucha que se dio entre el MPLA y sus rivales no sirvió para hacer avanzar la causa de la clase obrera o la lucha por la liberación nacional contra el imperialismo portugués.

a. Esta rivalidad tendió a exacerbar la animosidad entre los diferentes grupos nacionales de Angola. La manera en que estas tres organizaciones explotaron esa animosidad, representó la continuación de la política de divide y vencerás que desde hace tanto tiempo habían utilizado los amos portugueses. Para unificar a las masas angolesas en la lucha contra el imperialismo se necesitaba la política contraria: la defensa de sus derechos nacionales, incluido el derecho de autodeterminación.

Se ha argumentado que las nacionalidades de Angola no son más que agrupamientos étnicos y regionales, que no son nacionalidades plenamente desarrolladas, y que por eso no tienen derecho a la autodeterminación. Sin embargo, bajo la dirección de Lenin y Trotsky el gobierno soviético garantizó los derechos nacionales de pueblos que apenas habían surgido de culturas históricamente primitivas y que carecían de muchos de los atributos nacionales que se han desarrollado entre los pueblos angoleses.

b. La rivalidad fraccional facilitó la intervención permanente de los imperialistas. Esto fue exacerbado todavía más por la competencia entre las tres organizaciones por conseguir el apoyo de las diferentes compañías imperialistas que operan en Angola y de otros intereses imperialistas que estaban ansiosos por penetrar en el país.

c. Los dirigentes nacionalistas pequeñoburgueses y las potencias imperialistas utilizaron la lucha fraccional para desviar a las masas trabajadoras angolesas de la lucha por sus propios intereses de clase. Con la excusa de la lucha fraccional, todos los grupos lanzaron ataques contra sectores de los trabajadores y campesinos de Angola.

3. Por los intereses a largo plazo del movimiento socialista internacional, los marxistas revolucionarios tenían que mantenerse politicamente independientes de los tres grupos. Su deber era ayudar a unificar a la clase obrera angolesa en su conjunto y tratar de desarrollar su conciencia de clase como la única fuerza social capaz de dirigir la revolución angolesa a la victoria. El objetivo era avanzar las luchas concretas contra el imperialismo, contra la explotación capitalista, y por los derechos democráticos y la independencia política.

Durante la guerra civil, la tarea central en Angola seguía siendo la construcción de un partido obrero marxista revolucionario, que contara con el apoyo del campesinado y las masas populares para ser la dirección de la lucha nacional y social. Ninguno de los tres grupos nacionalistas podía convertirse en un partido de ese tipo. Como tarea aún por realizar, la construcción del partido tiene que hacerse en la lucha política consciente contra estas direcciones y programas, puesto que los tres —o cualquier posible combinación de ellos— están a favor de mantener las relaciones de propiedad capitalistas, y se han comprometido a defender los intereses de la naciente burguesía angolesa.

En la lucha contra la intervención imperialista, la política basada en avanzar los intereses de la clase obrera puede colocar a los marxistas revolucionarios en un bloque coyuntural con uno u otro grupo nacionalista de Angola, según sea la situación. Pero en todo momento los marxistas revolucionarios deben mantener su independencia política de los planteamientos procapitalistas y neocolonialistas de este tipo de formaciones, al mismo tiempo que los combaten.

4. Solamente la clase obrera puede dirigir la lucha por la liberación nacional contra la opresión imperialista a una conclusión exitosa, en tanto que para lograrlo se necesita abolir el capitalismo y realizar la revolución socialista. Las direcciones nacionalistas burguesas y pequeñoburguesas que defienden las relaciones de propiedad capitalistas, defienden objetivamente la dominación imperialista, a pesar de sus pretensiones nacionalistas. Esto las coloca contra los intereses de la clase obrera y las masas trabajadoras, y las obliga a profundizar sus vínculos con el imperialismo internacional.

La defensa de las relaciones de propiedad capitalistas por parte del MPLA, el FNLA y la UNITA, así como sus intentos por conseguir el apoyo de aliados imperialistas, los pone, a pesar de las intenciones y los deseos de cualquier individuo, en la posición de opositores neocolonialistas a la culminación de la lucha de liberación nacional.

Esto se mostró claramente cuando los tres grupos participaron en el gobierno de transición, de enero a julio de 1975. El MPLA, junto con el FNLA y la UNITA, aprobó decretos gubernamentales que imponían una legislación antihuelgas, la militarización de las capas combativas de la clase obrera y el aplastamiento de los derechos democráticos de las masas trabajadoras.

Los tres grupos demostraron en la práctica que tenían un mismo programa neocolonialista cuando aceptaron los acuerdos de Alvor en enero de 1975, en los que se establecía el gobierno provisional bajo la tutela del imperialismo portugués, y que incluían disposiciones formales para proteger la propiedad y los intereses imperialistas. Los tres grupos reafirmaron esta posición cuando apoyaron los acuerdos de Nakuru en junio de 1975, que trataban de poner fin a la guerra civil reiterando el acuerdo de Alvor y limitando aun más los derechos de las masas.

Esto no quiere decir que el FNLA, el MPLA y la UNITA estuvieran lanzando continuamente ataques frontales contra las movilizaciones populares. En algunas ocasiones, las direcciones de estos grupos, particularmente del MPLA y de la UNITA —que tenían una base más urbana que el FNLA— trataron de utilizar las movilizaciones para su propio beneficio fraccional en la lucha contra sus oponentes. Sin embargo, los tres grupos temían a las movilizaciones independientes, estaban de acuerdo en la necesidad de ponerlas bajo control, y estaban dispuestos a recurrir a las formas represivas más brutales si se hacía necesario. Un ejemplo de esto fue la represión que llevó a cabo el MPLA contra los obreros y jóvenes que se habían organizado en comités de barrio después de la expulsión de UNITA y el FNLA de Luanda en julio de 1975.

Los vínculos del MPLA con el imperialismo portugués se mostraron de manera particularmente clara durante el período en que el MFA designó al almirante Rosa Coutinho como gobernador de Angola a fines de 1974.

Tanto durante el quinto gobierno provisional como durante el sexto, las fuerzas armadas portuguesas brindaron ayuda militar y de otro tipo al MPLA. Cuando el MPLA expulsó por la fuerza al FNLA y a la UNITA de Luanda en junio de 1975, el mando portugués amenazó con utilizar sus tropas para impedir que esos grupos volvieran a entrar a la ciudad.

De hecho, en una declaración dada a conocer en marzo de 1975, el MPLA atacaba la “pasividad de las Fuerzas Armadas portuguesas en Angola”, llamando implícitamente a que el régimen portugués jugara un papel más activo. A principios de mayo, el Presidente del MPLA, Agostinho Neto, dijo que el pueblo angolés “continúa esperando que el alto comisionado y el ejército portugueses asuman sus responsabilidades”.

Cuando el gobierno transicional de coalición se derrumbó en el verano de 1975, el régimen portugués transfirió el control administrativo del país a ministerios controlados por el MPLA. Y cuando se declaró la independencia formal en noviembre de 1975, el sexto gobierno provisional dio equipo militar al régimen del MPLA.

5. Los dirigentes del imperialismo norteamericano no vieron ninguna diferencia apreciable entre las tres fracciones nacionalistas, ya fuera en su naturaleza de clase, su actitud hacia la penetración económica imperialista o en su programa político y social. Incluso en el cénit de la agresión sudafricana patrocinada por los Estados Unidos durante el otoño e invierno de 1975, los dirigentes del MPLA se jactaban de sus “excelentes” relaciones con la Gulf Oil (de propiedad estadounidense) y la Diamang (de propiedad sudafricana y británica), que son las dos concesiones imperialistas más grandes de Angola.

Durante los primeros meses del régimen de transición, Washington tendió a dar casi todo su apoyo al FNLA. Parece ser que Kissinger pensaba que este grupo iba a ganar, porque supuestamente tenía una organización militar superior. El apoyo que dieron el Departamento de Estado norteamericano y la CIA al FNLA se basaba también en la apreciación de que esa organización seria más amistosa hacia los intereses norteamericanos por los estrechos vínculos que tiene con Pekín y con el régimen de Mobutu en Zaire.

El gobierno de los Estados Unidos dio relativamente poca ayuda a la UNITA a principios de 1975. Esta ayuda aumentó en el verano de ese año, cuando parecía que la UNITA podría resultar la vencedora en la lucha porque aparentemente tenía un apoyo más amplio.

Uno de los objetivos iniciales de Washington era lograr una relación de fuerzas entre los grupos que le permitiera balancear entre ellos, lanzado a uno contra otro. El gobierno de Ford trató de hacer que siguiera la lucha fraccional, que es lo que más le convenía para obligar a todos los bandos a hacerle concesiones y para debilitar a cualquier régimen angolés que surgiera finalmente de la lucha.

Después de la intervención militar de Sudáfrica, que llevó al MPLA a pedir más ayuda a la Unión Soviética y Cuba, el Departamento de Estado norteamericano aumentó sus acciones agresivas, incrementando la ayuda militar que daba al FNLA, a la UNITA y a Sudáfrica. Se reclutaron mercenarios, en gran medida bajo los auspicios de la CIA. Los aviones militares estadounidenses llevaban abastecimientos; unidades navales y aéreas de los Estados Unidos se desplegaron amenazadoramente.

El gobierno de Ford inició una belicosa campaña diplomática contra la Unión Soviética, el MPLA y especialmente contra Cuba. Los imperialistas norteamericanos temían el impacto que pudiera tener la participación soviética y cubana en el resto de África del sur, aérea que según Washington forma parte del “mundo libre”. La derrota de Sudáfrica, especialmente después de la retirada del aparato gobernante del imperialismo portugués, podría inspirar a las masas africanas oprimidas de Namibia, Zimbabwe (Rhodesia) y de la misma Sudáfrica. Washington también temía que aumentara la influencia de Moscú en África si se daba la impresión de que la ayuda soviética había sido el factor decisivo en el desenlace de la lucha.

6 Al principio, las direcciones de la UNITA y el FNLA se opusieron a la intervención militar sudafricana en Angola. De hecho, los dos grupos trataron de combatir la incursión militar en el verano de 1975, igual que hizo el MPLA. La UNITA, que es el grupo que contaba con más apoyo popular en la zona donde ocurrió el ataque inicial de Sudáfrica, así como el que tiene vínculos más estrechos con el movimiento de liberación de Namibia, resistió militarmente a las fuerzas sudafricanas en julio y agosto de 1975.

En setiembre de 1975, en un esfuerzo por avanzar su posición en la lucha fraccional por el poder, los dirigentes del FNLA y la UNITA cambiaron su posición anterior y se aliaron con la intervención militar sudafricana patrocinada por los Estados Unidos. Esto constituyó una gran traición a las luchas de liberación de Angola y de Africa.

La traición fue facilitada por el curso que siguió el MPLA, que impulsó la aguda lucha fraccional y se negó a movilizar a las masas angolesas en base a un llamado a la acción unificada contra los invasores. Ese llamado hubiera sido muy efectivo, puesto que muchos angoleses consideraban al FNLA y a la UNITA como su dirección.

7. La decisión del Kremlin de dar apoyo político y ayuda militar al MPLA durante la guerra civil angolesa surgía de la posibilidad de ganar prestigio político y diplomático en África e internacionalmente. El Kremlin también quería fortalecer su posición de negociación dentro del contexto de la distensión con el imperialismo norteamericano.

Además, Moscú vio la posibilidad de ganar prestigio a expensas de Pekín (que apoyó al FNLA y a la UNITA en el conflicto), garantizando la victoria del MPLA.

Castro vio la posibilidad de apuntalar la posición de Cuba en el terreno internacional brindando ayuda material al MPLA. La acción de Castro, que fue un audaz reto contra el gigante imperialista norteamericano, animó a las fuerzas de África y de otras partes del mundo a profundizar su lucha por la liberación nacional.

Tanto Moscú como La Habana dieron apoyo político a la dirección nacionalista pequeñoburguesa del MPLA. De hecho, mucho antes de la guerra civil, Cuba, el Kremlin y los partidos stalinistas que lo siguen difundieron calumnias contra la UNITA y el FNLA que obstaculizaron, debilitaron y dividieron la lucha de liberación de Angola y a quienes la apoyaban internacionalmente.

Ni Moscú ni La Habana han criticado los ataques del MPLA contra la clase obrera, la juventud, conocidos maoístas, trotskistas y otras tendencias políticas. No han dicho nada sobre la política neocolonialista de la dirección del MPLA, que es contraria al curso que hizo triunfar a la revolución cubana.

A pesar de estos aspectos negativos, la ayuda material que dieron la URSS y Cuba al MPLA fue decisiva para derrotar la agresión sudafricana y superar la presión de Washington. Si el MPLA no hubiera recibido esta ayuda, los imperialistas se hubieran vuelto más audaces para intensificar sus ataques contra la lucha de liberación de Angola.

8. Desde la victoria militar del MPLA, el curso de los acontecimientos en Angola ha confirmado lo correcto de este análisis general de la situación.

El retroceso que sufrió el imperialismo sudafricano demuestra lo correcto que era apoyar la lucha militar contra la intervención militar de Sudáfrica. El que Washington no pudiera intervenir más directamente a de la oposición interna que aumentó rápidamente en los Estados Unidos, fue un factor importante en el fracaso de Pretoria.

Este retroceso y la incapacidad de Washington para intervenir directamente en Angola han dado nuevos ánimos a la lucha contra el imperialismo sudafricano en Namibia y en la misma Sudáfrica. En Zimbabwe, el estado de ánimo de las masas se ha vuelto más combativo contra el régimen de lan Smith.

9. Por otro lado, el régimen del MPLA no ha superado al antagonismo que existe entre las diferentes nacionalidades y no ha establecido un régimen que tenga una verdadera base de apoyo entre los pueblos ovimbundu y bakongo.

Parece ser que la UNITA sigue teniendo apoyo entre los 2, 5 millones de ovimbundus del sur y centro de Angola. La UNITA sigue realizando operaciones de guerrilla rural contra el ferrocarril de Benguela y contra otros blancos. Los funcionarios del MPLA han reconocido que esto ha sido posible gracias a la importante base de apoyo que tiene la UNITA en esa región. Este apoyo sigue existiendo a pesar de la ocupación militar del MPLA y las fuerzas cubanas en la zona, a pesar de que el MPLA ha enviado cuadros que hablan lenguas ovimbundus, a pesar de que el MPLA ha hecho llamados a los jefes tradicionales ovimbundus, y a pesar de que se ha incluido a algunos ex dirigentes menores de la UNITA en organismos administrativos locales.

La base de apoyo del FNLA entre el pueblo bakongo, del norte de Angola, fue erosionada por los ataques contra la población civil que realizaron los mercenarios, las tropas de Zaire y algunas fuerzas del FNLA. Pero miles de bakongos huyeron con el FNLA hacia Zaire ante el avance de las fuerzas armadas cubanas y del MPLA.

10. La política del MPLA hacia los inversionistas imperialistas en Angola consiste en colaborar con ellos y animarlos a invertir en Angola —de la misma manera que hacen otros regímenes neocoloniales seudosocialistas de África— aunque ha realizado algunas nacionalizaciones dentro del marco del programa económico común del gobierno de transición que fue elaborado por las autoridades portuguesas y aceptado por la UNITA el FNLA y el MPLA en junio de 1975.

El MPLA ha animado a la Gulf Oil a reanudar sus operaciones. Este gigantesco monopolio imperialista estadounidense puede presionar al gobierno del MPLA, puesto que los ingresos que representa la operación de la Gulf constituyen por sí solos el 80% de las divisas del régimen de Luanda.

En las negociaciones para la reapertura de las minas de diamantes, el MPLA ha dejado el control de las operaciones en manos de Diamang, que es un consorcio de capitales británicos, sudafricanos, belgas y estadounidenses. La venta de los diamantes angoleses sigue a cargo de la Central Selling Organization [Organización Central de Ventas-CSO], que es parte del trust sudafricano De Beers.

El MPLA también aceptó proteger el proyecto hidroeléctrico del río Cunene (de propiedad sudafricana) que se encuentra en el sur de Angola, en la frontera con Namibia. En el pasado, los combatientes por la liberación de Namibia habían amenazado con atacar ese proyecto.

11. Dentro del marco de la subordinación neocolonial hacia el imperialismo, el régimen del MPLA está tratando de fortalecer su posición de negociación con el imperialismo. Con ese fin, el régimen ha planeado más nacionalizaciones, según la línea del plan económico de 1975.

Sin embargo, hasta ahora las nacionalizaciones se han limitado básicamente a empresas de propiedad portuguesa que fueron abandonadas. Han abarcado las fábricas de acero Champalimaud, una fábrica de cemento, compañías textiles y azucareras, y doce complejos agrícolas. El gobierno del MPLA ha protegido la propiedad de inversionistas no portugueses en los negocios y granjas abandonados.

La única nacionalización de una empresa importante que no es de propiedad portuguesa que ha discutido el régimen de Luanda es la del ferrocarril de Benguela, de propiedad sudafricana, británica y norteamericana, así como del estado angolés. Esta nacionalización está planeada para cuando el ferrocarril termine de pagar su deuda de 40 millones de dólares. Actualmente, el régimen del MPLA está subsidiando los salarios de los empleados del ferrocarril con una cantidad superior a un millón de dólares mensuales.

La política agraria del MPLA incluye la promesa de indemnizar a los dueños de las plantaciones, portugueses o de cualquier otra nacionalidad, que no hayan huido del país. Esto forma parte del plan para nacionalizar la mayoría de las plantaciones. Esta política tiene el objetivo de animar a los antiguos dueños de plantaciones a quedarse como administradores y “expertos”.

Salvo en estos casos, el régimen ha realizado una campaña para impulsar la inversión imperialista.

12. De acuerdo con su política neocolonialista hacia el imperialismo y con su defensa de las relaciones de propiedad capitalistas, el régimen de Luanda ha seguido tratando de suprimir las luchas de las masas angolesas por reivindicaciones económicas y por derechos democráticos y políticos elementales.

El régimen ha tratado de encadenar al movimiento obrero por medio de organismos sindicales y de “poder popular”, que están controlados directamente por el MPLA, y exhortando a las masas a “sacrificarse por la revolución”. Al mismo tiempo, el MPLA ha reprimido a quienes siguen tratando de organizarse independientemente o de plantear demandas que responden a las necesidades de las masas trabajadoras.

En la primavera de 1976 se dio una importante serie de huelgas, que fueron condenadas por el gobierno del MPLA y por la UNTA (Unión Nacional de los Trabajadores de Angola), que es el sindicato controlado por el MPLA. El régimen arrestó a varios huelguistas y continuó su campaña para aumentar la productividad y las horas de trabajo.

El régimen del MPLA también ha arrestado a muchas personas que están a su izquierda o que son politicamente independientes de él.

El régimen ha utilizado contra esas personas el mismo tipo de calumnias y juicios preparados que caracterizaron su lucha fraccional contra la UNITA y el FNLA. Disidentes políticos y dirigentes obreros han sido acusados de ser “reaccionarios”, “ultraizquierdistas”, “traidores”, “saboteadores”, “racistas”, “divisionistas”, o “agentes del imperialismo”. Han sido arrestados o destituidos de sus trabajos o de las posiciones que ocupaban en organizaciones de masas.

Entre las víctimas de la represión se encuentran varios miembros del grupo de oposición dentro del MPLA llamado Revolta Activa, miembros de distintos grupos maoístas y de izquierda, así como activistas del MPLA asociados con organizaciones dentro de las masas trabajadoras.

Dirigentes del MPLA, como Nito Alves, ministro del interior del régimen de Luanda, han amenazado con ejecutar a algunos disidentes. Se han creado campos de detención.

De acuerdo con su política neocolonialista, el MPLA ha venido consolidando su aparato represivo. Ha reorganizado y expandido la policía, la milicia y las fuerzas armadas, estableciendo la conscripción permanente.

También ha organizado el DISA (Directorio de Información y Seguridad de Angola), una fuerza de policía secreta que ha jugado un papel importante en la represión contra los disidentes obreros y de izquierda.

13. De la misma manera que los regímenes neocoloniales similares de Tanzania y de la República Popular del Congo (Brazzaville), el régimen del MPLA mantiene una serie de comités y estructuras controlados burocráticamente, que le sirven para contener a las masas, aunque los presenta como órganos de “poder popular”. Con esa máscara de participación de las masas, comités que casi no tienen ningún poder y que son organizados de arriba hacia abajo, son utilizados para movilizar y disciplinar a los angoleses de acuerdo a las necesidades de la producción capitalista y para salvaguardar el monopolio político del MPLA.

Aunque algunos de estos comités surgieron como instrumentos de la lucha de las masas durante el período que siguió al golpe de abril de 1974 en Portugal, ahora han perdido toda independencia, después de haber sido aplastados y puestos bajo control burocrático.

Los comités sólo tienen poder para realizar algunas tareas cívicas, como enseñar a leer y escribir, introducir controles de higiene y establecer mercados para distribuir comida. Solamente existen a nivel local y regional. Todas las decisiones políticas las toman dirigentes del MPLA, pues el régimen de Luanda no ha planeado establecer ningún organismo de “poder popular” electo nacionalmente.

El MPLA investiga cuidadosamente a los candidatos a los comités locales. Solamente el MPLA y las organizaciones de masas que él controla pueden presentar nominaciones. No se permite votar a quienes la dirección del MPLA califica de antiguos miembros o simpatizantes del FNLA o la UNITA. De manera similar, el “poder popular” tampoco permite votar a quienes el MPLA acusa de ser “racistas”, “tribalistas”, o “regionalistas”, como se llama a quienes plantean reivindicaciones en interés de alguno de los pueblos de Angola Finalmente, tampoco pueden votar quienes se cree que son culpables de “sabotaje económico” y “pereza”, que son los términos favoritos del MPLA para referirse a la militancia obrera. Quienes pudieran tener una posición mínimamente independiente o crítica de la dirección del MPLA no pueden participar en el “poder popular”.

14. El régimen del MPLA es un régimen neocolonialista basado en relaciones de propiedad capitalistas, que incluyen una importante inversión imperialista. Subordina las necesidades de las masas trabajadoras al mantenimiento de la propiedad privada. Ataca cualquier actividad política que no esté bajo su control. El régimen del MPLA impulsa la inversión extranjera y el desarrollo de lo que llama “la burguesía patriótica” de Angola.

La única manera de hacer avanzar la liberación de Angola es realizando las demandas democráticas y sociales de la clase obrera, el campesinado pobre y los pobres de las ciudades por medio de una revolución socialista. Este es el único camino hacia el desarrollo económico y la independencia respecto al imperialismo.

La necesidad más importante es la construcción de un partido marxista revolucionario, un partido que se adhiera al programa de la Cuarta Internacional, el único tipo de partido que puede dirigir esta lucha. Ese partido sólo se puede construir sobre la base de una intransigente oposición política al MPLA y a sus fuerzas hermanas nacionalistas pequeñoburguesas de Angola.

La tarea más importante de la Cuarta Internacional en relación a Angola es ayudar a los militantes angoleses a construir ese partido. Y el primer requisito para lograrlo es tener una línea política correcta hacia la revolución angolesa.

Anexos

por Nahuel Moreno febrero 1977

1: Dos resoluciones y una sola política

El SWP, en su convención de agosto de 1976, escuchó y aprobó un nuevo informe de Tony Thomas sobre la revolución negra en el sur de África, en evidente contradicción con puntos fundamentales que el mismo informante y la resolución tomada por el Comité Nacional del Socialist Workers Party habían adoptado en enero del mismo año; sin embargo, su línea sectaria-oportunista no tuvo ningún cambio.

Desgraciadamente, la nueva dirección del SWP ha resuelto —así lo indican las apariencias— poner su prestancia por encima de toda consideración seria y objetiva de su política. Entre el mezquino prestigio estudiantil y los hechos revolucionarios han optado, desafortunadamente, por el primero. A nosotros nos ha sorprendido cómo el informe aprobado por el SWP en enero de este año sobre la guerra civil angoleña y los análisis sobre el mismo tema, hayan sido materia de un libro considerado ejemplar por la dirección del mismo partido.[20] También nos desconcierta la justificación de su línea política sobre Angola asumida por la Convención del SWP. No se trata de un acierto mayor o menor sino de algo demasiado categórico: la realidad ha destrozado la política del SWP para Angola y el sur de África. Si la dirección del SWP ha pretendido poner en funcionamiento una campaña publicitaria, cuyo objetivo principal sea la protección de su prestigio, e impedir el repudio de la base de su organización, fundamentalmente negra, los hechos mismos se han convertido en su peor enemigo, puesto que le han propinado una dura y terrible paliza, una de las más dolorosas que tenga memoria la historia del movimiento trotskista y revolucionario mundial. Cuanto más la realidad la sacude, la dirección del SWP no cesa en autoelogiarse y tiene el desparpajo de no asumir una autocrítica. Es lastimoso pero es así. Veamos de cerca las inocultables contradicciones entre los dos informes.

I

La dirección del SWP afirmaba en enero de este año: “no creo que ninguno de los grupos pueda ‘ganar’ la guerra.”

Todos sabemos que, unas pocas semanas después, el MPLA ganó en forma total la guerra. En agosto, el SWP reconoce esa victoria sin autocriticar su vaticinio.

II

Actualmente, Tony Thomas y la dirección del SWP sostienen que el triunfo del MPLA significó una derrota para el imperialismo, el sudafricano en particular. En el informe oficial de agosto del corriente año sobre la situación sudafricana (incluido en pp. 205-25 de este volumen) el SWP insiste: “El revés sufrido por Sudáfrica en Angola jugó un papel positivo en la lucha de todo el sur del continente. La demostración de que el imperialismo sudafricano podría ser derrotado alentó a las masas del sur de África, particularmente las de Namibia y Sudáfrica.”

Pero en enero de este año, dijo exactamente lo contrario: “Si alguno [de los grupos nacionalistas] lograra una victoria decisiva sobre los otros… el verdadero ganador sería el imperialismo.”

III

El 8 de diciembre de 1975, IP publicó el siguiente plano (según el New York Times) de las áreas controladas por los distintos bandos en la guerra civil angoleña.

Este plano mostraba, de manera evidente, la inevitable caída del MPLA en la guerra civil. En agosto de 1976, el SWP interpreta el triunfo del MPLA como una derrota del imperialismo y del racismo. Pero si en lugar de obtener la victoria el MPLA lo hubiera hecho el FNLA-UNITA, tal como se preveía en diciembre de 1975 ¿considera el SWP qué habría representado un triunfo o una derrota de Sudáfrica y el imperialismo? La respuesta es obvia: habría sido una victoria espectacular de la contrarrevolución imperialista y racista. ¿En dónde dice el SWP esa evidente verdad “a finales de 1975 el triunfo del FNLA-UNITA en la guerra civil habría significado una impresionante victoria imperialista, mientras que el del MPLA representaría un colosal triunfo antiimperialista y antirracista?” En ningún lugar, porque aseguraron lo contrario. Si en este momento aceptan esa incontrovertible verdad están en la obligación de proclamarlo categóricamente y deducir la única conclusión política que surge de ella: era ineludible apoyar militarmente al bando que en la guerra civil, si triunfaba, le ocasionaría una derrota histórica al racismo y al imperialismo. Es decir, apoyar al MPLA.

IV

La nueva dirección del SWP, en su reciente informe-resolución de agosto de este año sobre la revolución negra en el sur de África, no ha dicho una sola palabra en defensa del pueblo Bakongo que según ella, estaba condenado al exterminio después de la victoria del MPLA. En enero de 1976, el Comité Nacional del SWP aseguró: “Tenemos que vaticinar que la victoria de cualquier bando en esta guerra civil podría significar pogroms con decenas de miles de víctimas. Ya los dirigentes del MPLA han discutido convertir en ‘otra Biafra’ a las zonas bakongo en manos del FNLA. En África, la palabra ‘Biafra’ es sinónimo de la guerra civil de Nigeria y de la tremenda matanza realizada en torno al llamado problema tribal. Una perspectiva similar se da en Angola.”

V

En enero de 1976, el SWP había levantado como línea programática fundamental para Angola el “derecho a la autodeterminación”, en el cual se incluye el “derecho a la autonomía y aun a la secesión” por parte de las tres grandes tribus que forman la población angoleña.

Después del triunfo del MPLA, más concretamente en su resolución de agosto de este año, el SWP abandona este eje programático, no le menciona ni una sola vez en su nueva resolución, pero no sólo nos sorprende el silencio sino también la falta de una explicación sobre el abandono de una posición fundamental de su programa para Angola.

VI

En agosto, el SWP nos asegura haber dado su apoyo a “las acciones militares tomadas por el MPLA contra Sudáfrica y los mercenarios controlados por el imperialismo”.

Esto es una mentira fantástica. La nueva dirección estudiantil del SWP ha resuelto tirar a los perros la magnífica tradición de seriedad, responsabilidad, honestidad intelectual y moral trotskista de su partido; es decir, revelar y asumir la verdad, por dura que sea, frente a los trabajadores.

A pesar de la profunda y exhaustiva información, jamás el SWP, IP, The Militant o la dirección nacional del Socialist Workers Party hicieron un llamamiento obligatorio para que los revolucionarios angoleños y todos los movimientos negros del mundo, de África como de la clase obrera mundial y de los estados obreros, formaran un frente para defender militarmente al MPLA del ataque sudafricano, proporcionándole toda la ayuda militar posible. Para quien tenga poco tiempo y no pueda recorrer todas las publicaciones, recomendamos buscar en el libro “ejemplar” de Thomas y Harsch. Y si no es así, si estamos en un error, esperamos pacientemente que la dirección nacional del SWP extraiga una sola cita de su periódico, de sus documentos nacionales, de su libro, de sus volantes publicados entre la invasión sudafricana de agosto de 1975 y el comienzo de su total derrota en enero de 1976. ¿En qué recóndito lugar se afirma lo dicho ahora: había que “apoyar las acciones militares tomadas por el MPLA contra Sudáfrica”? En el informe oficial de enero de 1976 no se dice una sola palabra de ese apoyo a las “acciones militares” del MPLA contra Sudáfrica. Y si no lo dijeron entonces, en medio de la invasión imperialista, ¿cúando lo dijeron? ¿Dónde está?

VII

Supongamos que la dirección del SWP no fabricó para salvar su prestigio maltrecho, una burda mentira, “apoyamos las acciones militares tomadas por el MPLA contra Sudáfrica”. Aceptemos su aseveración. ¿Significa, entonces, que era necesario asumir el apoyo militar al MPLA cuando enfrentaron el “5 de noviembre”, en “Benguela y Lobito”, a “una columna conjunta de tropas sudafricanas, del FNLA y de UNITA”, y combatir al lado del MPLA contra la “columna sudafricana-FNLA-UNITA que se apoderó… de Novo Redondo”? Sin embargo, eso significa intervenir militarmente en la guerra civil en favor del MPLA contra el FNLA y UNITA, puesto que era imposible luchar con el MPLA contra los sudafricanos sin atacar a los otros miembros de la “columna sudafricana-FNLA-UNITA”. Todavía no se han inventado balas para sudafricanos blancos que esquiven a los soldados negros del FNLA-UNITA que avanzan en la misma “columna”.

Si el SWP apoyó militarmente al MPLA, como dicen ahora, contra los sudafricanos, debió estar entonces militarmente al lado del primero, contra el FNLA-UNITA, quienes formaban parte de la columna invasora. Es decir, debieron apoyar al MPLA en la “guerra fratricida” a partir de la invasión sudafricana. Pero el SWP estuvo, hasta el final de la apoyar al MPLA frente a los dos movimientos nacionalistas que formaban “una sola columna con el ejército sudafricano”.

VIII

Un factor de decisiva importancia en la derrota de Sudáfrica-FNLA-UNITA fue la ayuda cubana y soviética al MPLA. El SWP, en agosto de 1974 no le otorgaba ninguna importancia a esta ayuda militar y no se pronuncia en ningún sentido. Como un eco de la campaña imperialista, explican la intervención del imperialismo en Angola, en el “verano y otoño de 1975”, “como una forma de contrarrestar la influencia de la Unión Soviética y Cuba, que habían dado su apoyo al MPLA”. Ni una sola palabra más sobre la colaboración cubana.

Esta extraña actitud, de guardarse su opinión sobre un hecho político de enorme trascendencia, el cual había conmovido a la prensa mundial, es todo un síntoma: la dirección del SWP aborrece el triunfo del MPLA y continúa estando en contra de la ayuda que posibilitó esa victoria. Con una diferencia: antes lo decían, ahora tienen vergüenza de decirlo.

Casi en el final de la guerra civil, en febrero 27 de 1976, The Militant citaba a un dirigente con el objetivo de apoyarse en su posición. Su declaración aseveraba: “La Unión Soviética y Cuba han estado equivocadas en apoyar a un lado contra el otro en la guerra civil angoleña. “ Miremos de nuevo el mapa publicado por IP, releamos los informes que insisten en la invasión sudafricana a Angola, y no tengamos miedo de llegar a una conclusión aterradora. Objetivamente el SWP favorecía el triunfo sudafricano-FNLA-UNITA en la guerra civil angoleña al cuestionar la ayuda cubana y soviética al MPLA, que combatía a los racistas.

Una misma política que ignora las luchas del pueblo negro del mundo entero

El triunfo del MPLA obligó al SWP a admitir ciertos hechos y a limar algunos de los aspectos más proimperialistas de sus análisis, vaticinios y política para Angola y el sur de África, para continuar mejor con su estrategia de sumar políticas nacionales en lugar de tener una política mundial revolucionaria. Todavía en julio de este año se pretende negar al movimiento negro mundial como un todo, como un proceso de conjunto, del cual hace parte el sector negro de los Estados Unidos. El SWP no unifica a los negros del mundo en una lucha común contra el racismo y el imperialismo, por el contrario, los separa, toma en cuenta sus reivindicaciones “tribales-nacionales” limitándolas a compartimentos especiales.

Por consiguiente, no es sorprendente que la Convención del SWP, en relación al rol de los negros de Estados Unidos en La revolución negra de la República de Sudáfrica, apenas dijera unas cuantas palabras: “Salgamos pues de esta convención a movilizar negros, blancos, obreros, estudiantes, jóvenes, sindicatos, grupos comunitarios, organizaciones por los derechos civiles y organizaciones nacionalistas para impulsar una campaña por la libertad de los prisioneros políticos de Sudáfrica y para acabar con la complicidad de Estados Unidos con el imperialismo sudafricano. “ A nuestra manera de ver no es mucho. Ni una sola palabra de la necesaria unidad revolucionaria que debía establecer entre los negros de Estados Unidos con los de Sudáfrica para combatir a un enemigo común, el racismo sudafricano-yanqui. Ni una mezquina frase para sostener esta simple y cristalina verdad: “La minoría negra de Estados Unidos tiene más que nadie en este país la obligación de apoyar a sus hermanos de raza sudafricanos, porque son parte de la misma raza explotada por una misma conjunción racista.

Es tan fantástico el olvido de la minoría negra de Estados Unidos como factor decisivo y fundamental, que en el mismo documento se dice: “Tenemos que desarrollar una labor importante aquí. Comprender que somos parte de la revolución en el sur de África. Porque el imperialismo norteamericano juega un papel poderoso a través de sus inversiones en el sur del continente, de su apoyo militar, económico y político a los regímenes colonialistas blancos y como principal protector internacional del orden imperialista. “

Al informante negro del SWP se le quedó en el tintero o en la garganta este grito de odio a su propio imperialismo: “tenemos que comprender que somos parte del movimiento negro en el sur de África, ante todo y principalmente porque la minoría racial más numerosa y explotada por el imperialismo yanqui y el racismo dentro de Estados Unidos somos nosotros, los negros, justamente la misma raza que es brutalmente oprimida por Vorster. Por eso nuestra principal tarea es empezar por movilizar a nuestros hermanos de raza negros dentro de Estados Unidos para conseguir de ellos el apoyo indispensable que necesitan nuestros hermanos de raza de Sudáfrica contra la canalla racista imperialista sudafricana-yanqui que los oprime, degrada y explota al igual que a nosotros. La movilización de los obreros blancos, estudiantes, jóvenes, sindicatos, grupos comunitarios, organizaciones por los derechos civiles, etcétera, es muy importante y decisiva, lógicamente, pero no debemos ignorar que ellos no soportan, como nosotros los negros, la misma humillación y persecución racista. A los negros de Sudáfrica y a los de Estados Unidos todo los une, nada debe separarlos en esta lucha común contra el racismo y el imperialismo.”

El SWP se niega a levantar la consigna “Federación de Repúblicas negras del sur de África” o “Federación de Repúblicas soviéticas socialistas negras de Africa”.

En su resolución de enero de 1976, el SWP levantaba, como ya hemos visto, el programa del derecho a la autodeterminación y separación de las tribus-nacionalidades, bakongo, mbundus, ovibumdus. Nosotros criticamos esa posición, entre otras razones, por unilateral: si sólo luchamos por el derecho a la autodeterminación y a la separación, le hacemos el juego a la política imperialista de división de África en multitud de estados, fáciles juguetes del imperialismo y una barrera colosal e insuperable al desarrollo de las fuerzas productivas y de la cultura africana. Por esto es fundamental combinar en nuestro programa ambas tendencias contradictorias; el justo e inapelable derecho de toda tribu-nacionalidad africana a la autodeterminación con la necesidad histórica de lograr una gran nación negra unificada. La consigna programática que unifica esas dos tendencias contradictorias es la federación de repúblicas sudafricanas y africanas negras. Con ese planteamiento equilibramos las dos tendencias: toda tribu o nación africana tiene derecho a tener su propio estado dentro de un estado único federativo que respete sus características nacionales y, al mismo tiempo, lo mantenga férreamente unido para defenderse del imperialismo y para lograr un poderoso desarrollo económico y cultural.

La consigna de ¡Federación Angoleña! es una aplicación táctica, coyuntural, de esta línea. Es sorprendente que un partido trotskista como el de los Estados Unidos no comprenda y defienda esta consigna, además porque llegó a ser la nación más poderosa de la tierra, precisamente, entre otras razones, por el carácter federativo de su estructuración como país.

Es discutible si la formulación correcta de esta consigna es la expresada en ¡Federación de Repúblicas negras!, o por el contrario, si ¡Federación de Repúblicas negras socialistas soviéticas! sea más apropiada. Sin embargo, la discusión sobre la bondad de cualquiera de estas dos consignas es preciso hacerla a partir de una común formulación de principios: el acuerdo sobre la importancia programática y agitacional fundamental de la consigna de la Federación de Repúblicas negras con o sin el carácter del estado.

Las tareas democráticas y la república negra de Sudáfrica

El SWP en su único y superficial comentario sobre el objetivo principal de la lucha de los negros de Rhodesia y Sudáfrica, habla de “gobierno de las mayorías negras en Sudáfrica, Zimbabwe [denominación nativa de Rhodesia]”. Es muy poco, casi nada, como programa de lucha de los negros de estos países. Esta tarea política central entra en contradicción con posiciones tradicionales del trotskismo, por un lado, y con algunos de los planteamientos hechos por el propio SWP en relación a Angola, por otro. Ellos habían reivindicado el derecho a la autodeterminación y separación de las distintas tribus-nacionalidades. Sin embargo, para Sudáfrica, el SWP no levanta este mismo derecho, es decir, el derecho a hacer una república negra independiente. Por el contrario, al levantar la línea de gobierno de mayoría negra en Sudáfrica y Zimbabwe se está pronunciando a favor de un estado multirracial, es decir, negro-blanco y, obviamente, de hecho toma posición en contra del derecho a la autodeterminación negra. No entendemos este súbito cambio, abandonando la posición tradicional de Trotsky y de aquella que el mismo Socialist Workers Party defendió para Angola. Verdaderamente nos encontramos ante una situación paradójica: el SWP luchaba por la autodeterminación en Angola, señalaba que no era ningún mérito ser patriota panangoleño y no planteaba un estado federativo multitribal. En cambio, en Sudáfrica, donde se trataba de negros y blancos (de una ínfima minoría blanca en relación a los negros), se le despierta —para emplear la terminología del Socialist Workers Party— un fantástico patriotismo pansudafricano y panrhodesiano. Es decir, considera que se debe mantener un estado interracial, mientras en Angola no valía la pena defender la unidad de un estado intertribal. Es una contradicción sorprendente. Nosotros pensamos que los negros sudafricanos, como los de Rhodesia, tienen tanto derecho o más a la autodeterminación nacional, porque no es una minoría explotada sino una mayoría racial explotada por la minoría. Tienen derecho a hacer su propia República negra, con un agregado de fundamental importancia: el proceso en toda el África negra indica no sólo la obligatoriedad de ese derecho, sino que todos los negros de África ya han desarrollado ese derecho transformando las colonias dominadas por los blancos o por colectividades blancas en Repúblicas negras. Creemos que el proceso del movimiento nacionalista negro en Sudáfrica o Rhodesia apunta con toda claridad a la formación de Repúblicas negras. A este proceso, el cual es sumamente progresivo, tenemos que darle una consigna positiva, aceptando el planteamiento hecho por Trotsky y por nosotros.

Si Trotsky aceptaba como positiva la consigna para la República de Sudáfrica de “República negra”, nosotros hoy día no sólo tenemos que aceptarla como una expresión de la autodeterminación nacional negra, sino como una consigna positiva que nosotros extraemos de la experiencia del propio proceso de la lucha del movimiento negro africano, porque, hasta el momento, no ha habido una sola colonia africana que se transformara en un estado multirracial. En este sentido, la defensa de la autodeterminación nacional pasa, hoy día, por esa consigna concreta de “República negra sudafricana y de Zimbabwe”.

Supongamos que algún revolucionario consecuente no concuerde con la consigna de República negra sudafricana. Es algo que se puede discutir. Pero lo que no se puede poner ni siquiera en duda u olvidar es “el derecho a la autodeterminación nacional” de la mayoría negra de la República sudafricana o de Rhodesia. Justamente es lo que el SWP puso en duda al levantar la consigna de “gobierno de mayoría negra”.

2: Una resolución vergonzante, la de la FLT sobre Angola

Más de ocho meses, después de concluir la guerra, esperamos pacientemente para conocer, ¡por fin!, todo lo que el movimiento revolucionario y todo el trotskismo esperaba del SWP: “1. La intervención imperialista en la guerra civil angolesa llegó a un punto álgido a finales de 1975 y principios de 1976, con la intervención de Sudáfrica y la utilización de mercenarios pagados principalmente por la CIA. Los marxistas revolucionarios y los defensores de los derechos democráticos tenían el deber elemental de dar apoyo material a la lucha militar contra la intervención imperialista y de organizar una campaña internacional con las consignas generales ‘¡Fuera las manos de Angola!’ ‘¡Fuera Sudáfrica de Angola!’ y, en vista de la amenaza del imperialismo norteamericano contra Cuba por la ayuda que ésta dio al MPLA, ‘¡Hay que defender a Cuba!’” (Proyecto de resolución incluida en pp. 227-43 de este volumen).

Es cierto que, como un ventrílocuo, el SWP no habló directamente, se escondió entre bambalinas y utilizó a su muñeco, la FLT. Todos conocemos ese juego “el tablado de la antigua farsa”, que no deja de ser simpático: un muñeco en primer plano habla en lugar de uno.

Este magnifico primer punto de la resolución del SWP-FLT, concluida en su ordenativo número 14, no menos magnifico y acertado, en el cual define con absoluta corrección marxista al régimen del MPLA, no pueden ocultar las tremendas lagunas y errores del SWP, tanto en su actuación como en sus diferentes documentos oficiales, incluido el objeto de nuestro comentario.

El SWP tiene una manía: el comentario y la política etérea.

En agosto de 1976, el SWP realizó su Convención y allí se votó el informe oficial de Tony Thomas que ya hemos criticado. Ese informe no trae ni un solo hecho, ni una sola cita, para analizar los documentos y los resultados de la política elaborados en relación a la guerra civil angoleña y la revolución negra en el sur de África. Convertidos en simples periodistas, hicieron comentarios presentes y algunos vaticinios; jamás efectuaron un balance exhaustivo de sus afirmaciones y su participación, así como de sus resultados objetivos. No se plantearon si el SWP había ganado negros, obreros blancos y estudiantes debido a su campaña sobre la guerra civil angoleña. Tampoco se preguntaron cómo había sido recibida su posición de no apoyar materialmente, ni de ninguna forma, al MPLA, en el momento coyuntural de la guerra civil cuando “la intervención imperialista… adquirió su punto más alto”. Silencio absoluto, nada de nada. El Socialist Workers Party no da su línea para intervenir en el proceso de la lucha de clases y ver los resultados concretos y objetivos de aplicación, sino que se contenta exclusivamente con darla, no más, y meses después —cuando deberían estar evaluando seriamente lo realizado— señala nuevas líneas, muchas veces contradictorias y antagónicas con las que dio antes. Las propuestas pueden cambiar y contradecirse; la constante es el desprecio por analizar su aplicación.

Esta deficiencia se agrava en la última resolución de la FLT. No explican por qué tardaron ocho meses después de concluida la guerra civil para hacer conocer una resolución sobre Angola que, obviamente, ya no sirve para nada. Pero más grave es el silencio total sobre la actividad de la IV Internacional durante la guerra civil, tomando en cuenta sus distintas tendencias y principalmente el Socialist Workers Party. No puede haber un análisis de la guerra civil angoleña sin precisar, con hechos y citas, cuál fue la política de cada tendencia o partido durante aquella, así como de la IV Internacional en su conjunto, especialmente a partir de la intervención directa de Sudáfrica y el imperialismo yanqui.

Tres líneas frente a la guerra civil

El SWP se esfuerza por ocultarle a sus militantes y simpatizantes las tres líneas surgidas al final de la guerra civil dentro de la IV Internacional, cuando Sudáfrica y Estados Unidos intervinieron en ella. Esto nos llena de sorpresa, porque la resolución oficial del Socialist Workers Party, a principios de enero de 1976, se detenía correctamente en tratar de precisar las profundas diferencias que dividían a nuestro movimiento con referencia a la guerra civil angoleña y establecía dos posiciones. En su documento, ellos mismos señalan que “esta cuestión se está debatiendo en el movimiento trotskista mundial. Los camaradas de la Tendencia Mayoritaria Internacional están a favor de apoyar al MPLA… La dirección del Partido Socialista de los Trabajadores de Argentina concuerda en esto con la TMI”. La de la TMI, que según ellos era apoyada por el PST argentino, de defensa del MPLA, y la de ellos, en oposición a su defensa. Nosotros creemos que no es asi. Al final de la guerra civil se habían delimitado con toda claridad tres líneas fundamentales dentro de la IV Internacional: la de la TMI, la del Socíalist Workers Party y la del PST. Veámoslas y observemos si es correcta nuestra afirmación de la existencia de tres líneas y no de dos.

La posición de la mayoría del SU

La mayoría del SU (Secretariado Unificado) dio sistemáticamente, durante toda la guerra civil, su apoyo al MPLA y consideró que éste debía hacerse mucho más intenso a partir de la invasión sudafricana-yanqui.

El 25 de noviembre de 1975, la mayoría del SU aprueba una declaración (incluida en pp. 107-09 de este volumen) en donde se hace el siguiente llamado: “Contra la santa alianza de imperialistas, racistas sudafricanos, neocolonialistas de Zaire y de Zambia y los líderes reaccionarios del FNLA y UNITA ¡Por la defensa de la independencia total de Angola! ¡Por la defensa de la República Popular proclamada por el MPLA! ¡Repudio a todo intento de balcanización! ¡Por el retiro inmediato de todas las fuerzas del imperialismo europeo y yanqui, los racistas sudafricanos y todos los gobiernos neocoloniales!

“Organicemos una campaña internacional de solidaridad. ¡Todos los estados obreros y todas las organizaciones sindicales y políticas del proletariado deben movilizarse en el bando de los combatientes angoleños para asegurarles su solidaridad política y apoyo material! ¡Boicot al envío de armas al bloque reaccionario del FNLA y UNITA!”

Al mismo tiempo, en la misma declaración, se aclaraba: “Semejante actitud no significa que la IV Internacional y los marxistas revolucionarios africanos abandonen sus críticas a la dirección del MPLA, a la que caracterizan como pequeñoburguesa nacionalista, y no como proletaria y comunista. La alineación en el mismo bando y la dedicación a la lucha común no se contradicen con la batalla por la clarificación política, que es necesaria para salir victoriosos de la guerra y construir una dirección proletaria marxista revolucionaria.”

Dicho en otros temamos, para la mayoría del SU en ese momento la ayuda material al MPLA, la solidaridad en el sentido de proporcionarle apoyo en su lucha contra el bloque reaccionario, no significaba apoyo político, sino todo lo contrario, crítica política a la dirección del MPLA; ninguna unidad política con él.

El SWP vota en contra de una campaña internacional de apoyo material al MPLA

La segunda línea existente es la del SWP y la del sector de la FLT que lo respaldó dentro de esta fracción. El SWP estuvo en contra de la política y de la resolución propuesta por la mayoría del SU al Comité Ejecutivo Internacional (incluido en pp. 159-180 de este volumen) de febrero de este año, donde se presentaba su línea de apoyo material al MPLA.

En su resolución de enero de 1976, el SWP opinaba lo siguiente: “Otro elemento mas en la situación es el apoyo imperialista que reciben el FNLA y la UNITA, que incluye el uso de tropas sudafricanas. ¿Implica esto que debemos automáticamente apoyar al MPLA?” Esta pregunta la hacía la dirección del Socialist Workers Party para responder mejor y explicar en forma más contundente por qué no hay que dar ningún tipo de apoyo, ni material, ni moral, ni político, al MPLA, a pesar de la invasión sudafricana para apoyar al FNLA y UNITA.

Más adelante agregaban: “Opinamos que no hay que dar apoyo político a ninguno de estos tres grupos.” E insisten: “Nuestra actitud es de oposición a la guerra fracciona!… Nos oponemos al programa y la práctica de cada uno de los grupos nacionalistas”; es decir, en el momento en que el MPLA resistía con las armas en la mano la invasión sudafricana, el SWP estaba categóricamente en contra de la práctica del MPLA que era “uno de los grupos” nacionalistas.

Para no dejar duda de que el SWP jamás apoyó al MPLA en su resolución, recordemos que en ésta decían: “Si, como parece muy probable, se incrementa la intervención imperialista, es posible que decidamos apoyar, por razones tácticas, la victoria de alguno de los grupos, pero, desde luego, sin darle apoyo político. “ Es decir, en enero de este año, el SWP todavía no sabía a qué grupo iba a apoyar si se incrementaba la intervención imperialista; y esto lo decía después de estar más de la mitad de Angola ocupada por el ejército sudafricano, que había formado un “bloque” militar con el FNLA y UNITA, según los propios informes de IP.

El resumen de la discusión, elaborado por el compañero Tony Thomas, dice: “aunque en algún momento llegáramos a apoyar al MPLA… “ Es decir, no estaban decididos a apoyar en ese momento al MPLA; era algo hipotético, indefinido, inseguro. Y cuando llaman a las tres organizaciones nacionalistas a luchar contra “Sudáfrica o cualquier otra potencia imperialista que trate de intervenir”, en el resumen no dicen una sola palabra referida a apoyar a la única organización nacionalista que estaba luchando con las armas en la mano contra Sudáfrica en ese momento, o sea, el MPLA.

Por otra parte, ni en la resolución oficial, ni en IP, ni en The Militant, jamás se planteó dar apoyo material al MPLA para resistir la invasión sudafricana; no hubo, pues, ningún llamado para “¡Organizar una campaña internacional de solidaridad!”, ni una sola consigna a “Todos los estados obreros y organizaciones sindicales y políticas del proletariado” para respaldar a los combatientes del MPLA que resistían la invasión sudafricana tal como lo hizo la mayoría del SU. En lugar de ello insistieron, en medio de la invasión, en el derecho a la autonomía de las tribus-nacionalidades de Angola, en vez de señalar que la separación en ese momento significaba romper la unidad frente al enemigo imperialista. Nunca afirmaron: primero, ayudar militarmente al MPLA y expulsar a los sudafricanos. Segundo, el derecho a la separación.

Una tercera posición: la del PST

Es sorprendente el silencio de la FLT en torno de la posición sostenida por el Partido Socialista de los Trabajadores de la Argentina, quien fue el principal núcleo de esa fracción. Este silencio es mucho más extraño porque el PST mantuvo una clara posición durante toda la guerra civil que lo distingue tanto del Socialist Workers Party como de la TMI. El PST, es cierto, apoya al SWP mientras el peligro más inminente de Angola es la ocupación portuguesa y acepta la caracterización de la guerra como fratricida. Al respecto, se dijo: “El primer objetivo de una política revolucionaria debe ser el fin de la guerra civil y la inmediata convocatoria por las tres organizaciones guerrilleras a elecciones de Asamblea Constituyente, de modo que en esa asamblea los obreros y campesinos angoleños puedan resolver democráticamente cómo afianzar la independencia y organizar el país” (este artículo de Avanzada Socialista está incluido en pp. de este volumen).

Pero a partir del momento que la actual resolución de la FLT señala como “el punto más álgido” de la intervención imperialista, a “finales de 1975 y comienzos de 1976”, el PST cambia su posición para dar apoyo crítico a la posición de la mayoría de la Internacional, indicando que esa actitud había sido completamente incorrecta antes de la invasión sudafricana, convirtiéndose en correcta toda la línea de la mayoría, salvo algunas exageraciones pro-MPLA, a partir del enfrentamiento con el nuevo enemigo principal, Sudáfrica, y que la FNLA y UNITA, abandonando su condición de movimientos nacionalistas progresivos, se habían convertido en movimientos traidores, aliados a la invasión imperialista y racista sudafricana. De esta manera, la posición del PST es perfectamente clara: antes había insistido en declararse partidario del fin de la guerra fratricida con el propósito de expulsar al imperialismo portugués; a partir de la invasión sudafricana e imperialista la línea semioficial del PST, tal cual leemos en su periódico Avanzada Socialista, (artículo incluido en pp. 111-116 de este volumen) es la siguiente: “El MPLA no merece la menor confianza de los revolucionarios. Ha dado sobradas muestras de que no aspira a ir más allá de un régimen neocolonial relativamente nacionalista: su acuerdo con la Gulf Oil (empresa yanqui que explora los campos de petróleo de Cabinda, en el norte de Angola) y los llamados de Agostinho Neto (presidente de la República Popular de Angola) a los inversores extranjeros son buenas muestras de ello. Indiscutiblemente, la URSS apoya esta política nefasta.

“Pero eso no justifica la indefinición. Frente a la guerra civil española, Trotsky sostuvo que ‘sólo los cobardes, los traidores o los agentes del fascismo pueden renunciar a ayudar a los ejércitos republicanos españoles’ (Escritos sobre España, Ruedo Ibérico, p. 144). Esto no implicaba sostener la desastrosa política patronal y proimperialista del gobierno republicano. Por el contrario, Trotsky llegaba a admitir la hipótesis de que este último, en el caso de vencer militarmente a Franco, pudiera transformarse en un ‘régimen fascista’.

“Hasta el 11 de noviembre el principal enemigo de las masas de Angola eran las tropas coloniales portuguesas, y la tarea más urgente era lograr su retiro.

Una vez concretado ese retiro, el principal enemigo son las fuerzas proimperialistas de Zaire, Sudáfrica y mercenarios blancos, y no hay tarea más decisiva y urgente que combatirlas y lograr que abandonen el territorio angoleño. La intervención activa de las masas en esa lucha le da una dinámica que puede ser impulsada por los revolucionarios más allá de las intenciones del MPLA.

“No depositar ninguna confianza en la dirección del MPLA significa que, junto con la lucha implacable contra el bloque FNLA-UNITA, la UNTA y las Comisiones de Poder Popular deben remplazar el gobierno impuesto por el MPLA por un gobierno obrero y campesino elegido por las masas. Las inmediatas elecciones de una Asamblea Constituyente, y una reforma agraria que entregue a los campesinos la tierra de los colonos blancos y de las empresas imperialistas, permitirán ganar a las masas rurales que siguen al FNLA y a la UNITA, garantizándoles sus derechos democráticos y el acceso a la tierra.

“Los socialistas revolucionarios de todo el mundo tienen un deber que cumplir en relación con la guerra civil angoleña: organizar una campaña mundial por el reconocimiento de la RPA, así como para exigir el retiro inmediato de todas las tropas mercenarias, zaireñas y sudafricanas de Angola, y el fin de la intervención de las potencias imperialistas y sus lacayos africanos” (incluido en pp. 116 de este volumen).

Una vez más: ¿Había que apoyar o no materialmente al MPLA contra el FNLA y UNITA al final de la guerra civil?

El lenguaje del SWP-FLT es un tanto impreciso: era un “deber elemental dar apoyo material a la lucha militar” contra la intervención sudafricana que se intensificó al final de 1975. En todo el documento no se aclara si el apoyo debía ser dado al MPLA, el único movimiento opuesto a la invasión. En julio de 1976, la convención del SWP había sido más categórica, asegurando, mentirosamente, que habían apoyado “las acciones militares del MPLA contra Sudáfrica y los mercenarios controlados por el imperialismo”. La resolución de la FLT dice: “En setiembre de 1975, en un esfuerzo por adelantar su posición en la lucha fraccional por el poder, los dirigentes del FNLA cambiaron su posición anterior y se aliaron con la intervención militar sudafricana patrocinada por Estados Unidos. Esto constituyó una gran traición a las luchas de liberación de Angola y de África. “

Pero si en setiembre de 1975 el FNLA y UNITA se transformaron en “aliados” de la “intervención militar sudafricana” y cometieron una “gran traición” de las luchas de liberación angoleña y africana, “cambiando (revirtiendo) su posición anterior”: ¿era progresiva o no, a partir de ese momento, la guerra del MPLA contra esos “grandes traidores”, “aliados de Sudáfrica”, y que habían “cambiado su posición anterior”? ¿era necesario, entonces, darle o no apoyo militar al MPLA para derrotar a esos “grandes traidores”? ¿Era correcta o no la posición del PST que, a partir de noviembre de 1975, levantó la nueva posición de apoyo militar total al MPLA en la guerra civil contra el FNLA y la UNITA “aliados” de la “intervención sudafricana”?

Una falsa caracterización de los movimientos nacionalistas

Al SWP-FLT se le plantea un problema: si en setiembre del 75 el FNLA y la UNITA se transformaron en “aliados” de Sudáfrica y el imperialismo, y si cometieron una “gran traición” y “cambiaron su posición anterior” ¿podían seguir siendo definidos como iguales, idénticos al MPLA, como lo definieron en la resolución de enero de 1976? ¿O era acaso una caracterización falsa?

Recordemos la caracterización final del ya famoso informe-resolución: “Nuestra posición respecto de la guerra civil entre los grupos nacionalistas angoleños puede resumirse de la siguiente manera” —e insisten en dar las características centrales de los tres grupos, en ese momento, por las cuales eran idénticas— “ 1) los tres grupos están a favor de colaborar con el imperialismo y se oponen a la movilización obrera… “; “2) los tres tratan de exacerbar la hostilidad entre las principales nacionalidades de Angola”; y “3) cada uno posee una verdadera base de masas…”. En enero de 1976, para el SWP eran iguales como dos gotas de agua. Pero en octubre, caracterizan al FNLA y UNITA como “aliados del imperialismo”, porque habían “cambiado su curso nacionalista anterior” y cometían “una gran traición”. Esto sólo puede significar dos hechos: o el MPLA participaba de la misma traición, cambiando su curso anterior, y era aliado del imperialismo en ese momento para que pudiera ser catalogado como idéntico a los movimientos nacionalistas traidores, o era radicalmente diferente a estos. Este dilema se responde por sí solo: cuando el SWP caracteriza como idénticos a los tres movimientos angoleses, en enero de 1976, el MPLA era ya distinto a los otros dos movimientos nacionalistas. No cometía una “gran traición”, no era “aliado militar del imperialismo” y “no había cambiado su curso nacionalista anterior”. Hasta un ciego lo hubiera visto, pero sólo la dirección del Socialist Workers Party no pudo ver y continúa sin ver ese monumental error.

Una vez más sobre la ayuda cubana

En enero de 1976, el SWP aseguraba que “la intención del Kremlin al otorgar ayuda militar y diplomática al MPLA no es la de ayudar a las masas angoleñas, sino la de comprometer al régimen del MPLA con Moscú… ¿Creemos, acaso, que Cuba y la URSS son más ‘progresivas’ porque ayudan a una fracción nacionalista pequeñoburguesa, mientras que Pekín y Pyongyang apoyan a otra fracción igualmente pequeñoburguesa?”

Para no dejar dudas sobre la posición del SWP, recordemos otra vez que al final de la guerra civil, el 27 de febrero de 1976, The Militant, sin ruborizarse, citaba a uno de sus dirigentes que manifestaba —insistimos, cuando ya la guerra concluía—: “la Unión Soviética y Cuba han estado equivocadas en apoyar a un lado contra el otro en la guerra civil angoleña”. Es verdad que fuera del informe, en el resumen de la discusión, Tony Thomas aceptó como mal menor la ayuda de la URSS al MPLA porque si no lo siguiera haciendo, esto “envalentonaría al imperialismo”, pero nada más. Jamás en el documento se señaló esta ayuda como positiva, sino todo lo contrario; identificaban —según lo hemos citado claramente— la colaboración dada por Pekín al FNLA y UNITA y la otorgada por la URSS y Cuba al MPLA.

Hoy día, sin embargo, nos encontramos al SWP-FLT reconociendo que “la acción de Castro, que fue un audaz reto contra el gigante imperialista norteamericano, animó a las fuerzas de África y de otras partes del mundo a profundizar su lucha por la liberación nacional” y que “la ayuda material dada por la URSS y Cuba al MPLA fue decisiva para derrotar la agresión sudafricana y superar la presión de Washington”.

¿Pero no se había dicho antes que esa ayuda militar no era progresiva y que, por el contrario, era tan negativa como la de Pekín y Pyongyang, y no se había afirmado también por parte de The Militant que la Unión Soviética y Cuba estaban equivocadas en apoyar al MPLA? ¿En qué quedamos? ¿Acaso no fue “decisiva para derrotar la agresión sudafricana”? ¿Por qué entonces no felicitar a Cuba y a la URSS? ¿Por qué no se señaló esto a su debido tiempo? Hay demasiadas contradicciones y sus errores han quedado al desnudo. La realidad ha sido demasiado brutal y han demorado ocho meses para poder digerir tales acontecimientos.

Para finalizar, hagamos un breve resumen: la dirección del SWP, en enero y febrero de 1976, cuando ya la guerra civil terminaba con el triunfo del MPLA contra la invasión sudafricana y sus aliados del FNLA-UNITA, criticó a Cuba por estar “equivocada” en tomar partido y, a su vez, como lo hemos dicho antes, identificaba la colaboración soviético-cubana con la China. Luego, en julio, silencio total. Tratan de lavarse las manos al hacerse a un lado, sin dar su opinión, sin caracterizar la ayuda. Pero, de pronto, afirman que esa ayuda se vuelve “decisiva para derrotar la agresión sudafricana” y para “animar a las fuerzas de África y de otras partes del mundo a profundizar su lucha por la liberación nacional”. Según esto, la colaboración de Pekín y el imperialismo era negativa y la de la URSS y Cuba muy positiva para el proceso de la revolución negra.

El Socialist Workers Party, es una verdad irrefutable, cometió un crimen político de enorme magnitud al no haberse puesto a la vanguardia en el apoyo incondicional al heroísmo de los combatientes del MPLA y a aceptar con beneplácito la colaboración soviética y cubana, ambos fenómenos con un objetivo común: la derrota de la invasión sudafricana y el triunfo del MPLA. Con un agravante, el SWP y la URSS reconocen hoy día que la ayuda cubana al MPLA se incentivó, fundamentalmente, a partir de la intervención racista, es decir, llegó en el momento preciso para evitar la derrota de Angola y del MPLA a manos del frente contrarrevolucionario sudafricano-FNLA-UNITA, que hubiera significado un colosal retroceso para toda la revolución negra en África.

3: El trotskismo y las posiciones del SWP sobre Angola

La dirección del SWP se considera heredera, por línea directa, del pensamiento de Trotsky. Casi podríamos decir que se ha contemplado a sí misma como su albacea testamentaria. Ante tal compromiso, es preciso que todo el movimiento trotskista y revolucionario mundial coteje las enseñanzas de Lenin y Trotsky con algunas de las posiciones del SWP sobre Angola y la revolución negra en el sur de África. Ese es el objetivo de este apéndice.

Sobre el rol de los negros norteamericanos y sobre la lucha del movimiento negro mundial.

El trotskismo, llevado de la mano por Trotsky, siempre consideró como una de sus bases programáticas fundamentales los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista. En el cuarto congreso se adoptó una resolución sobre el movimiento negro en el mundo; en ella se consideraba al sector negro de Estados Unidos como una parte fundamental de él. “La historia ha reservado a los negros de Estados Unidos un papel importante en la liberación de toda la raza africana” “gran participación de los negros en la industria posterior a la guerra, el espíritu de rebelión que despertaron las brutalidades de que son víctimas, coloca a los negros de América, y sobre todo a los de América del Norte, a la vanguardia de la lucha de África contra la opresión” (Los cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista, Cuadernos de Pasado y Presente, Buenos Aires, pp. 248-249).

A pesar de calificarlo como el sector de vanguardia, y precisamente hoy en día esto no sucede, puesto que la vanguardia está en manos de los africanos, nadie puede discutir la cita anotada en cuanto demuestra como la Internacional Comunista consideraba a los negros de América como parte del movimiento negro mundial. Tal vez, en este momento, sea la retaguardia, pero nuestro interés radica en demostrar que forma parte de ese movimiento, tal como se asevera en la concepción de la Internacional Comunista, considerándolo como un movimiento y una lucha mundial, ratificado luego en la Tesis 3. “La lucha internacional de la raza negra es una lucha contra el capitalismo y el imperialismo. En base a esta lucha debe organizarse el movimiento negro: en América, como centro de cultura negra y centro de cristalización de la protesta; en África, como reserva de mano de obra para el desarrollo del capitalismo… “ “La Internacional Comunista…, considera que su deber es alentar y ayudar a la organización internacional del pueblo negro en su lucha contra el enemigo común” (ídem, p. 249 y 250).

En la Tesis 6, dentro de las líneas políticas, se dice: “a) El IV Congreso reconoce la necesidad de mantener toda forma de movimiento negro que tenga por objetivo socavar y debilitar el capitalismo y el imperialismo, o detener su penetración” (ídem, p. 250). ¿En dónde está la similitud con la política del SWP? Absolutamente en nada. No hay un solo planteamiento en el cual el SWP considere al movimiento negro de Estados Unidos como parte de la “organización internacional del pueblo negro en su lucha contra el enemigo común”. ¿Tiene acaso relación la falta de apoyo y la falta de reivindicación del MPLA con la resolución en la cual se asevera la necesidad de respaldar y sostener toda forma de movimiento negro (el MPLA, por ejemplo) que tenga por objetivo “socavar o debilitar al capitalismo o al imperialismo, o detener su penetración”? En enero de 1976, el SWP publicó su famosa resolución, en la cual se niega el apoyo a cualquier movimiento negro angoleño con el objetivo de demostrar su correcta política de no prestarle colaboración al MPLA.

Sobre el derecho a la autodeterminación nacional y el peligro a la “balcanización”

Mientras el SWP-FLT levantó como programa el “derecho a la autodeterminación nacional”, incluido el “derecho a separarse” de Angola por parte de las tribus-nacionalidades, la TMI proclamó la consigna directamente opuesta, contra la “balcanización”; es decir, en buen romance, en contra del “derecho a separarse” de la nación angoleña unificada. La Tendencia Bolchevique ha propuesto una línea opuesta a las dos anteriores: Por una Federación de Angola y los otros estados negros que reconozcan el derecho a la autodeterminación nacional de las diferentes tribus.

Creemos que esta es la verdadera posición trotskista. La posición del SWP linda con el revisionismo y tiende a ser proimperialista. Los marxistas tenemos una política de principios en todas las regiones del mundo: borrar las fronteras como el principal obstáculo, junto a la propiedad privada capitalista, al desarrollo de las fuerzas productivas y de la cultura. Como toda posición de principios se aplica a la realidad a través de múltiples mediaciones y contradicciones. Una de ellas es la lucha de las nacionalidades, razas o tribus oprimidas por lograr su propio estado, su propia nación. Nosotros respaldamos esa lucha y tratamos de derrotar a los opresores de esas nacionalidades para que se les respete su “derecho a la autodeterminación nacional”. Pero no por ello renunciamos a nuestra posición de principios que tiene como objetivo la destrucción de los obstáculos y barreras de toda región del mundo.

Trotsky es muy claro al respecto:

“2. ¿Qué significa el programa del separatismo?: la desarticulación económica y política de España. En otras palabras, la transformación de la Península Ibérica en una especie de península balcánica, con estados independientes divididos por barreras culturales, y con ejércitos independientes que sostienen guerras hispánicas independientes. Naturalmente, el astuto Maurín dirá que eso no es lo que él quiere, pero los programas tienen su propia lógica, algo que a Maurín le falta.

“3. ¿Están los obreros y campesinos de los diversos partidos interesados en la desarticulación de España? De ninguna manera. Por eso, identificar la decisiva lucha por el derecho a la autodeterminación con propaganda separatista significa realizar una nefasta tarea. Nuestro programa es por la federación hispánica, por el indispensable mantenimiento de la unidad económica. No tenemos intención alguna de imponer este programa a las nacionalidades oprimidas de España, con la ayuda de las armas de la burguesía. En este sentido estamos abiertamente por el derecho a la autodeterminación. Si Cataluña se separa, su minoría comunista, así como la de España, tendrá que luchar por la federación.

“4. En los Balcanes, la vieja socialdemocracia de preguerra, levantó la consigna de federación democrática balcánica como respuesta para el manicomio creado por la separación de los estados. Hoy la consigna comunista en los Balcanes es la de la federación soviética balcánica (a propósito, la Internacional Comunista adoptó esta consigna, pero, ¡al mismo tiempo la rechazó para Europa!). Bajo estas circunstancias, ¿cómo podemos adoptar la consigna de balcanización de la península española? ¿No es eso monstruoso?

“5. Los sindicalistas, o por lo menos muchos de sus dirigentes, han declarado la guerra al separatismo y han anunciado que lo combatirán aun con las armas en la mano. En este caso, los comunistas y los sindicalistas se encontrarían en lados opuestos de las barricadas, y puesto que los comunistas no comparten ilusiones separatistas, sino que las critican, tienen que levantarse enérgicamente contra los verdugos imperialistas y sus lacayos sindicalistas.

“6. Si la pequeña burguesía —contra las recomendaciones y críticas de los comunistas— lograra desarticular a España, no tardarán en manifestarse los efectos negativos de dicho régimen. Los obreros y campesinos de las diversas regiones de España llegarán rápidamente a la conclusión de que los comunistas tenían razón. Y esto significa, precisamente, que no debemos asumir responsabilidad alguna por el programa de Maurín” (The Spanish Revolution, Pathfinder Press, New York, 1973, pp. 155-156).

Esta extensa pero indispensable cita de Trotsky no sólo va contra el Socialist Workers Party cuando afirma categóricamente “nuestro programa es por la federación hispánica, por el imprescindible mantenimiento de la unidad económica” y estamos “contra” “las ilusiones separatistas”. La relación con Angola es clara; tanto es que podríamos transformar la frase de esta manera: “nuestro programa es por la federación angoleña, por el imprescindible mantenimiento de la unidad económica” y “contra” “las ilusiones separatistas”. Pero también esta línea va contra la TMI y su consigna contra la balcanización, puesto que al no señalar nuestro respaldo al derecho a la autodeterminación de las tribus, cometemos un grave error, ya que se favorecería, llegado el momento, a las tribus más fuertes o a las más ligadas al capitalismo y al imperialismo. Es decir, estamos contra la balcanización y por mantener la unidad angoleña, pero al mismo tiempo luchamos por el derecho a la autodeterminación tribal. El Socialist Workers Party da un solo polo de la posición trotskista, aquella que no es esencialmente socialista: el derecho a la autodeterminación nacional, mientras la TMI recoge el otro polo de nuestra concepción, o sea, nuestro programa de lucha por la unidad de Angola, y no sólo de este país, sino de todas las repúblicas negras, agregamos nosotros. Cualquier posición que se dé en forma unilateral, sin cobijar las dos alternativas, cae en actitudes pequeñoburguesas, burguesas o pro-imperialistas; sin embargo, es preciso anotar que la más grave de todas estas posiciones es la de la balcanización. En eso reconocemos que los compañeros de la mayoría tienen toda la razón, porque esta consigna es la más pérfida arma del imperialismo no sólo en Europa, sino que la utilizó en América Latina y ahora la pone en práctica en África.

Sobre la consigna de “república negra”

El SWP, como ya hemos visto, mata con el silencio la consigna de República negra en Sudáfrica. Y de manera más peligrosa aún, al respaldar el planteamiento de un gobierno de mayoría negra en Sudáfrica, está levantando la consigna de estado multirracial, oponiéndose también, aunque con un silencio total, al llamado hecho por ellos mismos para las tribus de Angola en defensa de la autodeterminación nacional. ¿Los negros de la República de Sudáfrica o de Rhodesia, que son mayoritarios, tienen derecho a hacer su república independiente como los bakongos? ¿por qué el SWP lucha por ese derecho para los bakongos y no para los negros sudafricanos?

El Socialist Workers Party ni se plantea esta pregunta, ni la responde afirmativamente, cumpliendo así un deber primario de un trotskista consecuente. Pero lo más grave es la no aceptación directa de la consigna por una “república negra”, una urgente necesidad impuesta por la lucha negra en África. Así mismo, sin ninguna razón, dejan de lado el planteamiento hecho por Trotsky años atrás.

“En tales condiciones, la república sudafricana surgirá, en primer lugar, como una república ‘negra’. Claro está que esto no excluye la total igualdad para los blancos o relaciones fraternales entre ambas razas. Eso depende fundamentalmente de la conducta de los blancos. Pero es absolutamente obvio que la amplia mayoría de la población, una vez liberada de la independencia esclava, otorgará al Estado características especificas. […] No estamos de acuerdo con la formulación de las tesis, cuando plantean que la consigna de una república negra es tan nefasta para la causa revolucionaria como la de Sudáfrica para los blancos. Mientras que en este caso se trata de un apoyo a la total opresión, en el primero se trata de los primeros pasos hacia la liberación. Debemos aceptar decididamente y sin reservas el derecho absoluto e incondicional de los negros a la independencia. La solidaridad entre los obreros negros y los blancos sólo puede cultivarse y fortalecerse sobre la base de la lucha común contra la dominación de los explotadores blancos. Es posible que después de la victoria (subrayado L. T.) a los negros les parezca innecesario formar un estado negro independiente en Sudáfrica. Por supuesto que no los obligaremos (sub. L. T.) a establecer un estado separado. Pero dejemos que tomen libremente su decisión, sobre la base de su propia experiencia, y no los forcemos con el sjambok [látigo] de los opresores blancos. Los revolucionarios proletarios no deben olvidar nunca el derecho de las nacionalidades oprimidas a la autodeterminación, incluida la separación total, y el deber del proletariado de la nación opresora de defender ese derecho con las armas en la mano si es necesario” (Sobre la liberación nacional, Editorial Pluma, Bogotá, 1976, pp. 29 y 31).

Como albacea testamentario no es el SWP muy honesto que digamos.



[1] Salvo indicación en contrarío, todos los subrayados son nuestros. N. M.

[2] La FLT, en su resolución sobre Angola, trae un resumen sintético de las estrechas relaciones existentes entre el MPLA y el imperialismo portugués durante todo el año 1976: “Los vínculos del MPLA con el imperialismo portugués se mostraron de manera particularmente clara durante el periodo en que el MFA designó al almirante Rosa Coutinho como gobernador de Angola a fines de 1974.

“Tanto durante el quinto gobierno provisional como durante el sexto, las fuerzas armadas portuguesas brindaron ayuda militar y de otro tipo al MPLA. Cuando el MPLA expulsó por la fuerza al FNLA y a la UNITA de Luanda en junio de 1975, el mando portugués amenazó con utilizar sus tropas para impedir que esos grupos volvieran a entrar a la ciudad.

“De hecho, en una declaración dada a conocer en marzo de 1975, el MPLA atacaba la “pasividad de las Fuerzas Armadas portuguesas en Angola”, llamando implícitamente a que el régimen portugués jugara un papel más activo. A principios de mayo, el presidente del MPLA, Agostinho Neto, dijo que el pueblo angolés “continúa esperando que el alto comisionado y el ejército portugués asuman sus responsabilidades”.

“Cuando el gobierno transicional de coalición se derrumbó en el verano de 1975, el régimen portugués transfirió el control administrativo del país a ministerios controlados por el MPLA. Y cuando se declaró la independencia formal en noviembre de 1975, el sexto gobierno provisional dio equipo militar al régimen del MPLA.” (pp. 232—33 de este volumen.)

[3] Publicado en Rouge, París, N° 311, 29/8/76. Traducción Luis Sandoval.

[4] Publicado en Avanzada Socialista, órgano del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de Argentina, Año IV, N° 171, 14 de Noviembre de 1975

[5] Publicada en Intercontinental Press, 15/1/76. Traducción de Daniel Acosta.

[6] En el texto publicado por Intercontinental Press se desliza un error, ya que se habla de la “República Democrática de Angola proclamada por el MPLA”. En verdad, la del MPLA es la “República Popular”, mientras que la “República Democrática” es la de FNLA-UNITA. Nos hemos permitido rectificar este error en la presente traducción. (Nota del traductor.)

[7] Publicado en Avanzada Socialista, órgano del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de Argentina, Año IV, 174, 5 de diciembre de 1976.

[8] Publicado en Intercontinental Press, 22/12/75. Traducido por Daniel Acosta.

[9] Publicado en Intercontinental Press (26/1/76). Traducción de Roberto Ramírez.

[10] Publicada en Intercontinental Press el 19/1/76. Traducción de Intercontinental Press.

[11] Este resumen fue publicado junto con el informe en Intercontinental Press (26/1/76). Traducción de Roberto Ramírez.

[12] La presente resolución fue presentada por la TMI (Tendencia Mayoritaria Internacional) y aprobada en la reunión del CEI (Comité Ejecutivo Internacional) de febrero de 1976. Publicada en Intercontinental Press, del 19 de abril de 1976. Traducción de Intercontinental Press.

[13] Publicado en Intercontinental Press del 19 de julio de 1976 con el titulo Betuna the MPLA’s “Socialist” Mask, y con el de The New Danger of Imperialist Domination, el 26 de julio del mismo año. Traducido por Intercontinental Press, revisado por el editor.

[14] Para una descripción de las acciones antiobreras del MPLA y sus colaboradores en el régimen de coalición, ver Angola: The Hidden History of Washington’s War por Ernest Harsch y Tony Thomas, Pathfinder Press, Nueva York, 1976

[15] Revolta Activa: tendencia disidente dentro del MPLA, actualmente disuelta

[16] Texaco, que tiene el 25% de las acciones en otra operación petrolífera angoleña que se cerró en enero, también ha reanudado sus pagos de impuestos y derechos, dando al MPLA cerca de un millón de dólares.

[17] La única excepción son los Tanganika Concessions, una firma anglosudafricana propietaria del ferrocarril de Benguela. Se planea que sea nacionalizada después de que pague su deuda de 40 millones de dólares. Mientras tanto, se dice que el régimen de Luanda está pagando los salarios de los empleados del ferrocarril, con gastos superiores a un millón de dólares al mes.

[18] Informe de Tony Thomas a la Convención del Socialist Workers Party, que sesionó del 7 al 13 de agosto de 1976. Publicado en The Militant, del 17 de setiembre de 1976 con el título Freedom Struggle on the ríse.

[19] Resolución basada en la linea general del informe presentado a la reunión del CEI de febrero de 1976 por Tony Thomas de la FLT (Fracción Leninista Trotskista), que fue rechazado por el CEI. Publicado en Intercontinental Press, del 25 de octubre de 1976. Traducción de Intercontinental Press.

[20] Angola: The Hidden History of Washington’s War, por Ernest Harsch y Tony Thomas, con una introducción de Malik Miah, Pathfinder Press, New York, 1976.

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